|
|
La
geografía de los tiempos difíciles: escritura de viajes
a Sur América durante los procesos de independencia 1780-1849
Ángela
Pérez Mejía
Coedición con la Facultad de Ciencias
Humanas y Económicas
de
la Universidad Nacional de Colombia,
Sede
Medellín
Graham:
La blanca hija de oriente o una extranjera en tierras
indomables
Marco
Polo imaginaba que respondía (o Kubla imaginaba su respuesta)
que cuanto más se perdía en barrios desconocidos
de ciudades lejanas, más entendía las otras ciudades
que había atravesado para llegar hasta allí, y recorría
las etapas de sus viajes y aprendía a conocer el puerto
del cual había zarpado y los sitios familiares de su juventud,
y los alrededores de su casa, y una placita de Venecia donde corría
de pequeño
Italo Calvino (1993)
En
la primera edición del libro de María Graham, Joumal
of my Residence en Chile during the Year 1822 (1824) (Diario de
mi residencia en Chile durante el año 1822)1
se incluye un dibujo hecho por la autora, y grabado después
en Londres, que ha desaparecido de todas las ediciones posteriores,
quizás por su pobre factura (véase figura 3.1). Este
abrebocas tiene un valor especial porque presenta la particularidad
de que la viajera se incluye como personaje del grabado. Es decir,
es una mirada a sí misma durante el acto de viajar. El grabado
lleva un simple pie de foto: Viajando por Hispanoamérica
(Traveling in Spanish América) y muestra a la viajera tímidamente
mirando desde la ventana de una carroza tirada por mulas. A su lado
aparece un desconocido y un indígena dirige las muías.
Cabe pensar que la imagen corresponde a Chile, porque el paisaje
andino con sus montañas nevadas es similar a otros grabados
que Graham realizó sobre esta parte de su viaje a Sur América,
que también incluyó a Brasil. El ángulo desde
el que se ha determinado el punto de vista de esta imagen, no es
la mirada totalizante del paisaje que determina otros grabados incluidos
en el libro (véase figura 3.2). El grabado es un retrato
cercano donde se alcanza a ver la expresión de un rostro,
el de la viajera, como lo podría ver alguien parado a la
vera del camino. No es una imagen del país visitado, sino
de la viajera observada, lo que podríamos llamar una pose
autorreflexiva.
La
presente lectura pretende indagar sobre las circunstancias que propiciaron
la autorreflexión en el viaje de Graham, es decir, la manera
como la narradora descubre su alteridad frente a los ojos que la
observan. Hay un nivel en esta narrativa en el que Graham, quizás
como todos los viajeros, abandona sus ojos abarcadores, que todo
lo ven y todo lo describen, para tomar conciencia de que ella también
es vista y es percibida como extranjera, con todo lo que eso podía
significar en el Chile de 1822, donde se vivía la conmoción
política post-independentista.2
María
Graham, quien más tarde sería conocida como Lady Callcott,
llegó a Chile en 1822 proveniente de Inglaterra. Inicialmente
llevaba el propósito de acompañar a su esposo, quien
venía en misión diplomática. No obstante, la
travesía por Tierra de Fuego fue demasiado para el capitán
inglés y María llegó con su cadáver
a Chile. Graham enfrentó esta situación armada con
su pluma de historiadora, pero finalmente cayó enferma y
en medio de la confusión causada por un terremoto decidió
dejar el sur con la certeza de que se hallaba en tierras de naturaleza
y gentes ingobernables a la que no pertenecía. El relato
de viaje y las ilustraciones que lo acompañan son un testimonio
sobre la época y sobre las transformaciones vividas por Graham,
y cómo estas afectaron la subjetividad de su narradora. Además
de encontrar una gran riqueza en las observaciones etnológicas
de Graham, que entregan datos no sólo sobre Chile, sino sobre
su sociedad victoriana y sobre las relaciones entre Chile e Inglaterra,
el lector encuentra también una suerte de culpa
postcolonial con que la emisaria de la civilización europea
confronta el pasado chileno y el legado colonialista. No es gratuito
recordar que Inglaterra se encontraba en el momento cumbre de su
expansión imperial en Oriente y los libros de viaje de la
época nos permiten observar cómo el europeo construye
su identidad de extranjero en momentos de transiciones coloniales.
En
este caso particular era de esperar que una inglesa, paseándose
sola por las calles de Valparaíso, tenía que ser mirada
por los locales y esa mirada, presente en el grabado que nos ocupa,
tenía que provocar una reacción en su diario de viaje.
La crítica contemporánea a la literatura de viajes
producida durante la expansión europea ha explorado en detalle
la creación de un otro por el sujeto europeo
y las implicaciones ideológicas y económicas de este
tipo de formación discursiva. Pero mirando el fenómeno
desde este lado del Atlántico, lo que resulta interesante
es pensar cómo influyó la geografía y la experiencia
local en la formación de la subjetividad extranjera. Graham
construye una imagen de Chile marcada por su procedencia y su situación
personal, pero a la vez ella transforma su propia imagen y se concibe
a sí misma como extranjera, es decir, reflexiona sobre cómo
es vista desde los ojos de los locales, tal como lo representa su
ilustración en pose autorreflexiva. ¿Qué pasa
cuando el europeo se siente extranjero? ¿Cómo se ve
a sí mismo en esa otra realidad? ¿Qué imagen
de sí misma le devuelve a María Graham la mirada de
los nativos chilenos?
Abordar
el texto de esta manera no es gratuito. Dentro del diario mismo
hay episodios en los que Graham reflexiona sobre su imagen y la
narradora se pregunta por su propia autoridad, lo que nos hace pensar
no sólo en los rasgos modernos de la prosa, sino en el viaje
de transformación interior que el sujeto narrativo experimenta
durante el viaje. No obstante, lejos está el texto de ser
ensimismado. Aquí se trata de una viajera inglesa en Chile.
Es decir, una hija del imperio más ambicioso de principios
del siglo XIX, quien ya había viajado por la India, esposa
de un capitán de la marina inglesa, ella misma de familia
noble y militar, con un ojo comercial que anticipa la retórica
de los cientos de viajeros ingleses al cono sur, en busca de mercado
y expansiones comerciales.3
Es
importante recordar también lo que representaba la relación
Inglaterra/Chile en el momento del viaje de Graham. Por un lado,
toda Sur América era una promesa para el desarrollo industrial
de la nueva capital mercantil del mundo.4
Por otro, Inglaterra había apoyado con capital, armas e influencias
políticas los movimientos emancipadores de toda Sur América
y, en especial, había ayudado a Chile con su fuerza naval
a vencer a los españoles en el Pacífico. No es de
extrañar que uno de los primeros signos que le impresionaron
a Graham en Chile fuera:
En
todas las calles se ven carteles de sastres, zapateros, talabarteros
y posaderos ingleses y la preponderancia del idioma inglés,
sobre todas las demás lenguas que se hablan en la calle,
lo harían a uno creerse en una ciudad de la costa inglesa
(1956: 41).
Las
condiciones personales de María Graham, conjugadas con este
momento histórico, ayudan en la lectura de los momentos del
diario en que la extranjera se ve a sí misma y se narra dentro
del paisaje que visita. Hay un momento particularmente elocuente
en el que Maria va viajando sola a caballo. Ha estado en el país
por varios meses y se encuentra haciendo un paseo al Salto de Agua,
obra de los araucanos, que subsistía en los alrededores de
Santiago. De repente tiene una especie de alucinación discursiva
que, para efectos de este análisis, podría funcionar
como una alegoría de su situación de viajera inglesa
en tierras chilenas:
Permanecí
algunos minutos separada de mis compañeros y mientras una
densa nube desprendida de los Andes avanzaba lentamente por el
cielo, podría haber imaginado, imitando las fantasías
de Ossian, que esa nube era el alma de algún antiguo cacique,
que, a la par que lamentaba el olvido de su nombre y las desventuras
de su pueblo, soberano en un tiempo de estas tierras, se deleitaba
contemplando los risueños campos cultivados que él
contribuyó a hacer fructíferos con su trabajo, mas
no quizá, en verme a mí, a una blanca hija del Oriente,
de donde recibirían una vez más la libertad los
descen dientes de los primeros dueños de este suelo. Sea
como fuere, ello es que la nube pasó, y mi animoso caballo
empezó a trepar [...] (1956: 117).
Me
propongo analizar los elementos de esta alegoría teniendo
presente el grabado autorreflexivo del comienzo, y tratando de ver
cómo María Graham construye su imagen de extranjera
observada, cómo genera su autoridad discursiva y qué
implicaciones tiene el establecimiento de relaciones de poder en
su texto. Como se verá más adelante, Graham se dibuja
a sí misma como extranjera dentro de la geografía
chilena, a la par que se reafirma como inglesa civilizada
y construye su cultura como la esperanza de progreso para los chilenos.
Esta retórica de Europa como la esperanza económica
de Latinoamérica constituye un eslabón más
en la cadena de discursos determinados por las dependencias económicas
coloniales y presentes en la literatura de viajes. [...]
NOTAS:
1. Una versión
previa de este capítulo apareció en Revista Mapocho,
Santiago de Chile, (12), segundo semestre de 1997, pp. 89-113.
La primera edición de este libro fue publicada en Londres
en 1824. Las notas del presente trabajo se toman de la traducción
de José Valenzuela, Diario de mi residencia en Chile en
1822, reeditada en Chile en 1956. Las citas de la introducción,
que faltan en la edición de 1956, se tomaron de la edición
española hecha en 1916. Ambos fueron cotejados con el original
en inglés.
2.
Desde 1780, después del levantamiento de Túpac Amaru
II en Perú, el poder colonial en todo el territorio de
los Andes se había venido resquebrajando inconteniblemente.
En abril de 1818 los patriotas chilenos vencieron a los Royalistas
en la Batalla de Maypo y en noviembre la armada chilena salió
hacia Perú a apoyar la campaña libertadora de San
Martín. En 1820 se les unió la fuerza naval. En
1822, cuando Graham llega a Chile, se viven toda clase de rivalidades
entre 0Higgins, director de Chile y San Martín, quien
acababa de triunfar en Perú. En 1823 cuando sale del país,
se firma la primera constitución en la que se establecía
en Chile un gobierno representativo (Hancock, 1971).
3.
La afluencia de viajeros ingleses al cono sur durante el siglo
XIX, producto de los intereses comerciales británicos en
el establecimiento de los mercados y de las rutas comerciales
que finalmente abriera el Pacífico al comercio internacional,
es un hecho bastante estudiado. Véase Noejitrik (1969),
Estuardo Núñez (1989), José Toribio Medina
(1962) y Adolfo Prieto (1996).
4.
Latinoamérica representaba para los ojos británicos
uno de los grandes mercados disponibles. Para 1840 absorbía
el 35% de las exportaciones inglesas de textiles. A este incremento
lo acompaña la expansión del comercio inglés
en Latinoamerica. Para la segunda década del siglo, más
de 150 casas comerciales operaban en Latinoamérica (Wolf,
1982: 278)
|