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Revista
No. 280
/ Abril
- Junio de 2005
1955
Anno Mirabilis. Alonso Sepúlveda
S.
Einstein
y Besso están en una pequeña barca de pesca
anclada en el río. Besso come un sándwich de queso,
mientras Einstein chupa su pipa y ensarta lentamente el
cebo en el anzuelo.
-¿Has cogido algún pez aquí, en el centro del
Aar?
-pregunta Besso, que nunca ha salido a pescar con
Einstein.
-Jamás -responde Einstein mientras arroja de nuevo el
anzuelo.
-Tal vez deberíamos acercamos a la orilla, entre los
juncos.
-Podría ser-dice Eínstein-. Pero tampoco he pescado
nada allí. ¿Tienes otro sándwich en tu bolso?
Besso da a Einstein un sándwich y una cerveza.
Se siente un poco culpable por haberle pedido a su
amigo que lo llevara en su barca ese domingo por la
tarde. Einstein planeaba salir solo a pescar, para
reflexionar.
-Come -dice Besso-. Necesitas un descanso después
de coger tantos peces.
Einstein deja caer el señuelo en el regazo de Besso y
empieza a comer. Durante un rato los dos amigos callan.
Una barca roja pasa y hace olas, y el bote bailotea.
Después de comer, Einstein y Besso quitan los asientos
del bote, se echan en el fondo y miran el cielo. Por hoy,
Einstein ha abandonado la pesca.
-¿Qué formas ves en las nubes, Michele? -pregunta
Einstein.
-Veo una cabra persiguiendo a un hombre que tiene el
ceño fruncido.
-Eres un hombre práctico, Michele.-Einstein mira las
nubes pero piensa en su proyecto. Quisiera hablarle a
Besso de sus sueños pero no se decide a hacerlo.
-Creo que resolverás bien tu teoría del tiempo -dice
Besso-. Y entonces saldremos a pescar y me la
explicarás. Y cuando seas famoso, recordarás que me
la
contaste primero a mí, en este bote.
Einstein ríe, y las nubes se mecen de lado a lado con su
risa.
Alan Lighman
Sueños de Einstein
Los motivos
En celebración
de los cuatro artículos publicados por Einstein en 1905,
la Unión Internacional de Física Pura y Aplicada escogió
el 2005 como el año mundial de la física.
Los historiadores
de la ciencia han concluido que 1905 fue un año admirable
para el pensamiento científico; anno mirabilis: año
milagro, porque en él una sola mente en ejercicio cambió
nuestra idea sobre el mundo natural. Cuatro escritos que versaron
sobre una nueva idea corpuscular de la luz, sobre la naturaleza
discreta de la materia, sobre el espacio y el tiempo, y sobre la
masa y la energía.
Estos artículos son la primera muestra en el siglo XX de
un pensamiento transformador y unificador. Proyecto de abstracción
que introdujo al quehacer teórico en lo que Bachelard llamó
"el nuevo espíritu científico".
Los artículos
en mención fueron escritos por un joven empleado de una oficina
de patentes en Berna, lejos de las academias y del ambiente ceremonial
de los centros de investigación. Fueron publicados en marzo,
mayo, junio y septiembre, en el número 17 de la revista alemana
Annalen der Physik, el mismo año en que su autor terminó
los estudios doctorales en la Universidad de Zurich. En esta época
la revista era dirigida por Max Planck, el iniciador de la teoría
cuántica de la radiación, quien más tarde se
encargaría del ingreso de Einstein al Instituto de Física
de Berlín. A continuación nos referiremos, en su orden,
a estos trabajos. Es notable que dos de ellos, los más novedosos,
tuviesen que ver con el mismo tema: la luz. Uno sobre su movimiento,
el otro sobre su "naturaleza".
El 2005 es una
celebración de la imaginación, de la capacidad transformadora
del pensamiento. Einstein lo dijo en el título de uno de
sus libros: La física, aventura del pensamiento, el cual
asegura que pensar sobre el mundo debe ser una acción permanente,
ejercicio incompleto, testimonio de la pasión humana por
el conocimiento.
Marzo
"Sobre
un punto de vista heurístico respecto a la producción
y transformación de la luz"
La luz es tema
insistente de la cultura. De su presencia y significado se han nutrido
los días del hombre; tema de filósofos y poetas, razón
de ser del arte y de la belleza, ha acompañado nuestra vida
en la tierra.
Como tema permanente,
su naturaleza y su movimiento han sido preguntas de las que se tienen
registros desde Grecia. Mucho antes de saber sobre su naturaleza
supimos de los diversos fenómenos que nos la revelan: reflexión
en los espejos de agua y de bronce, refracción en el agua,
arco iris, halos solares y lunares, espejismos, fuegos fatuos, rayos
y relámpagos... Indicios, como su marcha rectilínea
entre los árboles del bosque y las manchas de aceite irisadas
en una calle mojada, insinuaron que tenía la doble cara de
Jano. Por ello en la mente de Newton fue partícula con insinuaciones
de periodicidad, aunque en Huygens fue sólo onda, y en los
siglos siguientes nos propusieron que era ondulación de un
medio extraño que llenaba el espacio. Hasta que a mediados
del siglo XIX Maxwell nos sedujo con la idea de que era un ondular
de campos electromagnéticos en el éter, que de manera
continua se extendía en el espacio y el tiempo. Resultó
entonces la luz de la familia de los rayos y los imanes.
De otro lado,
hubo momentos, con Parménides, en que se pensó que
la materia era continua y divisible sin límite; hubo otros,
con Demócrito, en que se supuso que era granular y discreta.
La Edad Media y el Renacimiento creyeron, con Aristóteles,
lo primero. Al abandonarse esta idea en manos de los nuevos atomistas
floreció con Newton la idea corpuscular de la luz, abandonada
a su vez por Huygens.
Estas oscilaciones de las teorías son siempre testimonio
de un pensamiento que, asido a la realidad, tiene su mayor soporte
en las imágenes que nos hacemos del mundo.
Un día, algunos fenómenos inexplicados sugirieron
al joven de veintiséis años regresar, desde las limpias
imágenes ondulatorias, a las antiguas imágenes de
corpúsculo con visos de onda que habían anidado en
el pensamiento de Newton. Propuso entonces pensar la luz como un
disparo de partículas enriquecidas con facetas ondulatorias.
De ahí nació en 1905 la idea de los quanta de luz
y la dualidad onda-partícula.
En su hermoso
artículo de marzo, Einstein describió con simplicidad
el fenómeno de emisión de electrones que ocurre cuando
ciertas superficies sólidas son iluminadas con luz ultravioleta,
al que se conoce como efecto fotoeléctrico y que es el fundamento
de las fotoceldas. Por este trabajo -y no por sus teorías
especial y general de relatividad, que le brindaron un reconocimiento
público- se le daría en 1921 el premio Nobel de Física.
Curiosamente, el fenómeno fotoeléctrico fue descubierto
por Hertz en una serie de experimentos que querían verificar
la naturaleza ondulatoria de la luz, como lo pretendía la
teoría de Maxwell.
Este artículo
incluye un estudio sobre la ionización de gases por luz ultravioleta
y una explicación de por qué la frecuencia de la luz
que un gas emite en el fenómeno de fotoluminiscencia es siempre
menor, o al menos igual, que la que absorbe, lo que se conoce como
la regla de Stokes. Estos hechos se describen con una sola propuesta
que ciertamente no es una teoría completa, sino una sugerencia,
como se deduce del título de su artículo: "Sobre
un modelo heurístico acerca de la creación y conversión
de la luz", en el que Einstein escribe: "De acuerdo con
la suposición considerada aquí, cuando un rayo de
luz se propaga, la energía no es continuamente distribuida
sobre un volumen creciente, sino que consiste en un número
finito de quanta de luz, localizados en el espacio, los cuales se
mueven sin dividirse y pueden ser absorbidos o emitidos como un
todo." Este paquete es el quantum de luz que permitió
fundar la fotoquímica, aquella ciencia que nos permite entender
ese matrimonio entre las plantas y la luz del sol que produce la
fotosíntesis.
Esta propuesta
fue un paso aventurado desde una idea de Planck de 1900 que proponía
que la luz, absorbida o emitida por las superficies internas de
las cavidades, se comporta como partícula, como paquete de
energía, mientras que al viajar parecía hacerlo como
onda.
En su trabajo
Einstein sugirió que la luz se absorbe, se emite y viaja
en paquetes dotados de carácter puntual y propiedades ondulatorias.
Cómo es esta síntesis de onda y partícula no
lo dice el artículo. De hecho, esta síntesis de onda
y partícula fue el germen de otra idea posterior de Louis
de Broglie, quien propone un comportamiento dual para los electrones.
La dualidad onda-partícula para la luz y los corpúsculos
es una herencia de la estética de este artículo. El
comportamiento dual sugerido por Einstein hizo necesaria una interpretación
probabilista de la teoría de Maxwell. Los nítidos
anillos de difracción de la luz resultaron ahora ser patrones
estadísticos; dos décadas después surgiría
lo que ahora es la interpretación ortodoxa, estadística,
de la mecánica cuántica, cuyas raíces, según
Max Born, su fundador, se encuentran en el trabajo de marzo de 1905,
desde el cual la física hubo de acceder a nuevas imágenes
y, más que eso, a nuevas conceptualizaciones.
Algunos historiadores de la ciencia, Kuhn entre ellos, aseguran
que este artículo es, más que el de Planck de 1900,
el verdadero origen de la teoría cuántica de la luz.
Mayo
"Sobre
el movimiento de partículas pequeñas suspendidas en
un líquido estacionario, requerido por la teoría cinética
molecular del calor".
¿Es acaso
posible dividir sin límite cada cosa material? ¿O
está hecho el mundo de unidades discretas? Es este un dilema
en la historia que enfrentó siempre a Parménides y
Demócrito. Pero la razón por sus propios medios no
es capaz de decidirse por lo uno o lo otro, si no se alía
con un método que nos acerque al mundo. Teoría y experimento
es el camino que propone Galileo. De ahí viene el nuevo espíritu
científico, que es negación del discurso peripatético
de la física pregalileana.
En un segundo artículo, en mayo, Einstein estudia un fenómeno
inexplicado: el movimiento browniano. Observando al microscopio
una suspensión de granos de polen de la planta Clarkia pulchella,
el botánico Robert Brown descubrió, a comienzos del
siglo XIX, que estos se movían al azar, cambiando frecuentemente
de dirección.
Einstein supuso
en general, tratando de acercarse a la esencia del fenómeno,
que el movimiento caótico de las partículas ínfimas
de la materia, los átomos de un líquido por ejemplo,
podría revelarse indirectamente ante la observación
microscópica de pequeñas partículas en suspensión,
a pesar de que los átomos mismos permaneciesen invisibles.
No era aún
claro que la materia debiese ser una aglomeración de pequeñas
unidades, pues a pesar de la idea atómica de Dalton, heredera
de Demócrito, y de la química que nació de
ella, no había la constancia empírica de que la materia
fuese en verdad discreta, atómica, discontinua.
Este trabajo
de 1905 fue una especie de muestra de que las teorías atomistas
podrían constatarse indirectamente a través de observaciones
microscópicas, guiadas por los argumentos estadísticos
puestos en consideración.
Gran alivio
pudo haber sido este trabajo para la mente de Boltzmann, de haberlo
conocido, pues enraizaba en la observación sus elucubraciones
estadístico-atomísticas.
Bien puede decirse que este artículo sentó las bases
de nuestra actual creencia en la existencia de los átomos.
El movimiento browniano parece ser nuestra más elemental
conexión experimental con el micromundo.
Junio
"Sobre
la electrodinámica de los cuerpos en movimiento"
El espacio,
el tiempo, la materia y el movimiento fueron temas predilectos de
la metafísica. Los primeros griegos hicieron con ellos su
paraíso; Aristóteles erigió con ellos un sistema,
y cuando la física newtoniana los retomó, inventó
hipótesis, los incluyó en sus escolios, los anudó
a sus definiciones y nos regaló como herencia una sutil metafísica
criticada por Berkeley, Leibniz y Mach que, sin variantes de importancia,
llegó hasta el siglo XX. Estos temas, tocados desde Newton
pero no reformulados, debieron esperar hasta que, despertando del
letargo de la metafísica, tuvieran otro amanecer en 1905.
El artículo
de marzo sobre la luz es ejemplo claro de la forma de pensar de
Einstein: denunciar las asimetrías fenoménicas y buscar
síntesis. La materia discontinua y la luz continua es el
tema inicial de ese escrito, del que surge la idea de la discontinuidad
de la luz. El príncipe de Broglie completaría en 1924
esta simetría al proponer el carácter ondulatorio
de los electrones. Un espíritu similar está en el
fondo del tercer artículo publicado en junio, que sienta
los fundamentos de la relatividad especial.
Hay asimetrías aparentes en la formulación matemática
del campo electromagnético que no parecen estar en los fenómenos.
Una descripción parece necesitar de un medio ubicuo, el éter,
que es referencial privilegiado de los fenómenos electromagnéticos.
Pero hay otra que no.
Antiguas imágenes
de adolescente le sugieren a Einstein que las ecuaciones de Maxwell,
que con toda simplicidad describen los fenómenos del campo
electromagnético, no parecen referirse a un sistema de coordenadas
enraizado en el éter. La teoría que esta vez diseña
Einstein se expresa en una simple y hermosa elaboración matemática
que parece venir de sus ensoñaciones con la luz, de imágenes
en las que cabalga en un rayo de luz y lo ve por tanto detenido:
la luz quieta imposible de Maxwell; sueños con espejos en
rápido movimiento en los que tal vez sea imposible reflejarse,
soñares que al final confluyen en una nueva versión
del tiempo.
Tras años
de imágenes y sueños descubre que en las enigmáticas
asimetrías se esconde el secreto del tiempo. Habrá
entonces que trastornar las antiguas ideas con una propuesta ingeniosa:
el mundo electromagnético puede tornarse entendible con sólo
abandonar la simple, ingenua idea, de que el tiempo newtoniano es
el tiempo del mundo. Surgirá entonces la idea transgresora
de que el tiempo es hermano del espacio, de que no podemos creer
que al mundo sólo basta con verlo -en el espacio- y dejarlo
transcurrir, hemos de pensar en una unidad elemental del aquí-ahora.
Que cada observador con su propio movimiento ha de concebirse sumergido
en una red de cuatro coordenadas formada por el espacio y el tiempo,
o el espacio-tiempo como luego lo llamará Minkowski. Bastará
una sola frase, un solo enunciado para iniciar este cambio: la velocidad
de la luz es una constante universal. Este postulado, grotesco para
el sentido común y la experiencia habitual del mundo, habrá
de aliarse con una nueva versión del principio galileano
de relatividad. Diremos ahora: todas las leyes físicas tienen
la misma forma matemática para todo observador en movimiento
relativo uniforme y la velocidad de la luz es una constante universal.
Si se piensa un poco en ella se verá que estas dos propuestas
son irreconciliables. Sólo que Einstein descubre una salida:
son compatibles si revisamos nuestra noción de tiempo, si
la revestimos con una nueva cualidad que nos permita asegurar que
el tiempo no transcurre del mismo modo para diversos observadores
cada uno con su propio movimiento. No hay entonces un tiempo absoluto,
un escenario único del acontecer. Así como es posible
tener diferentes escenarios espaciales, también serán
posibles variados ritmos del tiempo. Ahora, como en el teatro de
Beckett, el escenario es también la acción.
Con ello termina
el misterio, se restablecen las simetrías perdidas y entramos
a un nuevo paraíso donde, a pesar de la absolutización
de la forma matemática de las leyes físicas, algunas
cantidades, antes absolutas, se relativizan: las distancias no miden
lo mismo en reposo que en movimiento, los relojes en movimiento
se atrasan, la masa cambia con la velocidad... Consecuencias que
han dado a pensar que ésta es una teoría de lo relativo,
lo que es cierto si nos restringimos a las medidas de algunas variables
básicas como longitudes, tiempos y masas; sólo que
aquí se olvida que lo esencial es la invarianza de las leyes.
No es sólo una teoría de la relatividad de las medidas,
sino de lo absoluto de las leyes físicas.
Este texto inaugura
una de las dos revoluciones científicas del siglo XX, la
que trajo una nueva concepción sobre el espacio y el tiempo.
Años más de trabajo trastornarían a su vez
el simple esquema relativista de 1905, pues la inclusión
de la gravitación daría lugar al espacio-tiempo curvo.
El artículo de junio carece de referencias bibliográficas;
hay sólo un agradecimiento al final a su amigo Michele Besso,
con quien discutió largamente en Berna sobre estos temas
y cuya amistad se extendería por años. En la carta
enviada a la esposa de Besso con ocasión de la muerte de
su amigo, Einstein escribe: "Ahora él ha partido de
este extraño mundo un poco antes que yo. La gente como nosotros,
que cree en la física, sabe que la distinción entre
pasado, presente y futuro es sólo una terca ilusión
persistente".
Septiembre
"¿Depende
la inercia de un cuerpo de su contenido de energía?"
Un cuarto artículo
de tres páginas extrae una curiosa consecuencia del artículo
de junio, una conclusión simple que en los años siguientes
sería pensada con intensidad. En una postal a un amigo escribió:
"El principio de relatividad en conexión con las ecuaciones
de Maxwell demanda que la masa sea una medida directa del contenido
de energía... la luz transfiere masa... Este pensamiento
es divertido y contagioso... tal vez no pueda saber si el buen Señor
no se ría de él y me haya puesto en el camino del
jardín". Tenía la apariencia de una gran idea
nueva, pero en septiembre de 1905 era sólo una de las consecuencias
matemáticas de la relatividad: parece que si un objeto emite
radiación, su masa disminuye, y el artículo dice en
qué proporción.
Es este el primer
anuncio de la equivalencia entre masa y energía que será
profundizada en trabajos que culminaron en 1907 con la amplia, general
y novedosa idea que parafraseamos así: sólo por existir,
por tener masa, un cuerpo tiene energía; o también:
toda adición de energía a un cuerpo incrementa su
masa. Un cuerpo caliente tiene más masa que el mismo cuerpo
frío, más masa en rotación que en reposo. Y
masa, ha de ser claro aquí, no quiere decir cantidad de materia.
No es que el calor que se adiciona le añada más materia
a los cuerpos, es decir más átomos o partículas
componentes, sólo más inercia.
Es este pensamiento
el que da lugar a la ecuación ícono del siglo XX:
eigualemecedos. Esta ecuación que se filtra en toda la física
actual, desde el estudio de las partículas elementales hasta
la comprensión de los trabajos del Sol.
Coda
"La cosa
más bella que podemos experimentar es el misterio. Es la
fuente de todo arte verdadero y de toda ciencia. Aquél para
el que esta emoción es extraña, que no puede hacer
una pausa para maravillarse y quedar absorto en el asombro, es como
si estuviera muerto: sus ojos están cerrados".
Alonso Sepúlveda S. (Colombia)
Profesor jubilado. Instituto de Física de la Universidad
de Antioquia.
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