|
Revista
No. 279 / Enero
- Marzo de 2005
Wislawa
Szymborska. Poemas
Fotografía del 11 de septiembre
Saltaron hacia
abajo desde los pisos en llamas:
uno, dos, todavía unos cuantos
más arriba, más abajo.
La fotografía
los mantuvo con vida,
y ahora los conserva
sobre la tierra, hacia la tierra.
Todos siguen
siendo un todo
con un rostro individual
y con la sangre escondida.
Hay suficiente
tiempo
para que revolotee el cabello
y de los bolsillos caigan
llaves, algunas monedas.
Siguen ahí
al alcance del aire,
en el marco de espacios
que justo se acaban de abrir.
Sólo
dos cosas puedo hacer por ellos:
describir ese vuelo
y no decir la última palabra.
Traducción
del polaco: Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano
Algo sobre
el alma
Alma se tiene
a veces.
Nadie la posee sin pausa
y para siempre.
Día tras
día,
año tras año
pueden transcurrir sin ella.
A veces sólo
en el arrobo
y los miedos de la infancia
anida por más tiempo.
A veces nada más en el asombro
de haber envejecido.
Rara vez nos
asiste
en las tareas pesadas,
como mover los muebles,
cargar las maletas
o recorrer caminos con zapatos apretados.
Cuando hay que
cortar carne
o llenar solicitudes,
generalmente está de asueto.
De mil conversaciones
toma parte sólo en una,
y no necesariamente,
pues prefiere el silencio.
Cuando el cuerpo
nos empieza a doler y doler,
escapa sigilosamente de su hora de consulta.
Es algo quisquillosa:
con disgusto nos ve en la muchedumbre,
le repugna nuestra lucha por supuestas ventajas
y el rumor de los negocios.
La alegría
y la tristeza
no son para ella sentimientos distintos.
Sólo cuando se unen
está presente en nosotros.
Podemos contar
con ella
cuando no estamos seguros de nada
y tenemos curiosidad por todo.
De los objetos
materiales
le gustan los relojes con péndulo
y los espejos que trabajan afanosos
aunque no mire nadie.
No dice de dónde
viene
ni cuándo se irá de nuevo,
pero evidentemente espera esa pregunta.
Según
parece,
así como ella a nosotros,
nosotros a ella
también le servimos de algo.
Traducción
del polaco: Gerardo Beltrán
CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA
De cada cien
personas,
las que todo
lo saben mejor:
cincuenta y dos,
las inseguras
de cada paso:
casi todo el resto,
las prontas
a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve,
las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco,
las dispuestas
a admirar sin envidia:
dieciocho,
las que viven
continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,
las capaces
de ser felices:
como mucho, veintitantas,
las inofensivas
de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,
las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,
las sabias a
posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori,
las que de la
vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta,
aunque quisiera equivocarme,
las encorvadas,
doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres,
tarde o temprano,
las dignas de
compasión:
noventa y nueve,
las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.
Traducción del polaco: Gerardo Beltrán
Del libro Instante, cortesía de Ediciones Igitur, España,
(colección Igitur-Poesía N.º 25).
Wislawa Szymborska
(Polonia)
|