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Revista Universidad de Antioquia

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Revista Número 278 / Octubre - Diciembre

Experiencias cercanas a la muerte
Tiberio Álvarez Echeverri

Anestesiólogo, tanatólogo, profesor titular de la Universidad de Antioquia.


Este artículo trata, merodeando a Sullivan, de viajes breves y exóticos. Cruzará puentes, dimensiones, laberintos y ríos del más allá. Vislumbrará edenes, infiernos, lugares de espera, terceros cielos, mundos intermedios, reinos interiores y experiencias extáticas. Habrá ruidos y músicas celestes y también olores en su gama. Es un viaje a través de la literatura, la filosofía, la religión, la tanatología y la escatología. Comprende las experiencias de quienes se acercan, en agonía, a los misterios de la muerte. Pues, como diría Berkeley: "Para la mente, algunas de estas verdades son tan cercanas y tan obvias que un hombre sólo necesita abrir los ojos para verlas". Acá lo que está en juego es la naturaleza de la imaginación, el carácter de las imágenes y la función de los símbolos en la formulación de la realidad (Sullivan).1

Desde que el hombre se dio cuenta que era un ser finito ha tenido experiencias cercanas a la muerte o, visiones espirituales, que le permiten descifrar, un poco, ese mysterium tremendans et fascinans. La descripción de esas visiones cambia poco con el correr de los tiempos. Diferentes relatos literarios lo atestiguan. De Sumeria provienen los primeros informes escritos sobre el temor a la muerte, los viajes a otros mundos y la búsqueda de la inmortalidad. Tal es el caso de Gilgamesh, rey histórico de Uruk hacia 2.600 a.C., cuyas hazañas están contenidas en doce tablillas, que cuentan la búsqueda religiosa, auténtica, y emprendida más allá de los límites y del alcance de un culto oficial. Gilgamesh tiene una experiencia cercana a la muerte al ser arrastrado, a través de un túnel, para entrar luego al maravilloso jardín de la otra vida, rodeado de una brillante luz.2

Platón, en La República, describe, de manera metafórica y poética, la historia de Er, un soldado que regresó a la vida cuando ya estaba en la pira fúnebre por creérsele muerto. Según su relato posterior, vio muchas cosas en el más allá pero debió regresar a la vida para decir cómo era la muerte. Relata el viaje que lo lleva de la oscuridad a la luz, acompañado de espíritus guías; también relata el juicio de su vida pasada para alcanzar luego una sensación de paz, acompañada de visiones de increíble felicidad. Antes de regresar, vio almas que se preparaban para nacer a la vida: "Viajaban todas a la Llanura del Olvido, con un calor terrible y sofocante, pues no había árboles ni plantas, y allá acamparon junto al Río del Olvido, cuyas aguas ningún vaso puede contener... Er dijo que no le permitieron beber el agua y que, sin embargo, ignoraba cómo y en qué forma regresó al cuerpo, pero que recuperó la vista repentinamente y se vio a sí mismo, al amanecer, en la pira fúnebre".3

En la versión cristiana, estos viajes al otro mundo, se inician con la visión que narra san Pablo, en Corintos 2; 12:2-4, "Pues vendré a las visiones y revelaciones del Señor. Se de un hombre en Cristo, el cual hace catorce años -si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado hasta el tercer cielo (es decir hasta lo más alto de los cielos) Y sé que este hombre -en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar". Pablo fue uno de los extáticos más famosos. Su Apocalipsis, escrito primero en griego en el siglo III, fue traducido a muchos idiomas. A través de copias sobreviven al menos dos traducciones primitivas del latín. En el Apocalipsis, Dios elige a Pablo, como portavoz, con el fin de recobrar a los humanos que viven en pecado, pues es sabido que el sol, la luna y el mar se quejan de la iniquidad humana. Un ángel se aparece a Pablo y le revela una visión del infierno. Luego lo conduce al primer cielo donde están situados unos ángeles, malvados y horrorosos, responsables del mal que sobreviene a la humanidad. También observa las torturas del infierno. "Estaba el olvido que engaña y atrae a los corazones humanos hacia sí y el espíritu de la calumnia, y el espíritu de la fornicación y el espíritu de la Ira, y el espíritu de la Insolencia y estaba el príncipe de la Maldad."

El Apocalipsis de Pablo, según Couliano,4 es más bien un Libro de los Muertos Cristiano, poco sofisticado. Su propósito no es descubrir el carácter ilusorio del "estado intermedio" sino crear la ilusión de la existencia de un justo castigo póstumo a las acciones cometidas durante la vida de cada uno. Cuando el alma del difunto atraviesa las regiones inferiores del cielo, los ángeles malvados comprueban si existe algún rastro de sus propios vicios. Si este no es el caso, el alma puede pasar y es recibida por los ángeles bondadosos y conducido a presencia del Señor. El guía angélico conduce a Pablo más allá, hasta el tercer cielo, a la Morada de los Justos, en donde se encuentra con Enoc y Elías, luego pasa a la Nueva Jerusalén donde ve al rey David tocando el arpa y cantando el aleluya, después visita el Gran Infierno, más allá del Gran Océano que rodea el mundo. Finalmente le revelan el paraíso, donde es recibido por la Virgen María. Junto con, la Ascensión de Isaías, el Apocalipsis de Pablo representa la más importante de las revelaciones cristianas primitivas que incluyen viajes ultramundanos. En los primeros siglos la noción cristiana del cielo oscilaba entre las ideas de san Ireneo, siglo II, obispo de Lyon, que imaginaba el cielo como una especie de mundo material glorificado y las ideas de san Agustín de Hipona (354-430), que describe el cielo como un reino platónico espiritualizado "carente de interacción humana y de preocupación por la familia". Más tarde esto se modificó convirtiéndose en un cielo semiespiritual en el que los santos mantienen relaciones sociales y en el que incluso hay un lugar para la admiración no lasciva de la belleza de los cuerpos femeninos.4 Las experiencias de Pablo introducen el concepto del juicio por la mala vida pasada, el arrepentimiento y el justo castigo.

Las experiencias en los primeros siglos
El papa Gregorio I, El grande (540-604) el mismo del canto gregoriano y de la nominación de las notas musicales, escribió un texto interesante para el estudio de la alta Edad Media, Diálogos sobre la vida y milagros de los padres italianos, donde menciona tres experiencias de cuasi-muerte, relatos que utiliza para revelar que, no todas la personas a las que les es revelado el más allá en una visión, toman con seriedad la amenaza del infierno, ni se arrepienten de la mala vida pasada, con el fin de mejorar su destino póstumo. En una esas experiencias un soldado informó que, en el infierno, vio un puente sobre "un río humeante...que despedía un olor sucio e insoportable". El puente llevaba a unos agradables "prados de color verde, llenos de dulces flores" que "despedían un aroma tan delicado que el fragante perfume otorgaba un maravilloso placer a todos los que habitaban y caminaban en aquel lugar".

Como en otros escasos textos, el antagonismo principal entre el bien y el mal, el Paraíso y el infierno, es marcadamente olfativo y se expresa mediante el contraste sensual entre lo oloroso y lo maloliente. El puente se ensancha para dejar pasar a los justos y se hace más angosto para arrojar a los malvados al río infernal. Esto del tema angosto aparece antes de 577, como se lee en la Historia de los francos escrito por Gregorio de Tours. El viaje de san Brendán -al igual que La odisea- puede interpretarse como un viaje ultramundano y probablemente se basa en una estructura narrativa celta de un viaje por mar (imrama), aunque en el siglo X, cuando se originó la leyenda, también eran posibles otros medios de navegación.4,5

Viraz es un hombre probo de Irán, que según la influyente escuela alemana de historia de las religiones -y lo sabemos por Couliano, que además no acepta este aserto- es la tierra natal de los viajes a otros mundos. Allí, los guerreros extáticos prezoroástricos, practicaban éxtasis chamánicos y viajes ultramundanos a un lugar celestial. Cantaban ritualmente bajo el influjo de drogas (tal vez un hongo, así como el beleño y la cannabis) que los tornaba en furiosos asesinos o los acercaba a la experiencia extática donde se unían de manera visionaria con los inmortales benéficos y podían vislumbrar la vida posterior mientras estuvieran vivos. La descripción de estas visiones es frecuente hasta el siglo X, entre ellas la del sacerdote Kirdir, quien, al considerarse justo, hace un viaje ultramundano por medio de su doble, o alma ósea, acompañado de una mujer muy hermosa, ya que puede proyectarse fuera de su cuerpo, para llegar al paraíso donde come pan y carne y se encuentra con un trono de oro, un infierno lleno de sabandijas, y un puente "más ancho que largo".

Pero volviendo a Viraz, mediante una poción de mang, beleño y vino, se prepara para partir durante siete días al más allá pero piensa que no regresará, como les dice a sus siete hermanas esposas. Hace testamento y ejecuta los ritos funerarios para sí mismo. Se perfuma, se viste con ropas nuevas, bebe tres copas de mang y duerme sobre un canapé donde es observado por los sacerdotes mazdeístas y las siete hermanas-esposas. Al séptimo día despierta feliz y jubiloso, lleva los saludos de Ormuz, de los arcángeles y de Zaratustra y luego dicta, a un escriba, el informe de su viaje ultramundano, conocido como El libro de Arda Viraz. Allí relata que Srosh y Adur reciben su alma apenas ha dejado el cuerpo y, juntos, suben tres escalones que corresponden al humat (buenos pensamientos), al huxt (buenas palabras) y al huwarsht (buenas acciones). Después recorren el purgatorio, el paraíso y el infierno. Según esta religión mazdeísta, no es bueno derramar lágrimas por los difuntos porque contribuyen a la creación de un gran río en la vida posterior que impiden que las almas de los muertos lo atraviesen (Couliano).4

Del medioevo al mundo moderno
Durante la Edad Media se recogieron numerosos testimonios de experiencias cercanas a la muerte que fueron luego estudiadas, analizadas y publicadas por varios autores, entre ellos Carol Zaleski, especialista en el tema de las religiones. El estudio comienza con una mirada al otro mundo, desde la tradición del cristianismo occidental entre los siglos VI al XIII, y cuyos frutos -los de la Edad Media- se vieron al final de ese período, cuando se presenció el auge del culto a la Virgen, la construcción de las catedrales góticas, la aparición de las universidades a partir de las escuelas catedralicias, el triunfo de la filosofía aristotélica, la fundación de las nuevas órdenes religiosas, el inicio de las herejías y del catarismo -herejía de la Edad Media cuya doctrina se fundaba en una pureza absoluta de las costumbres y el repudio a los sacramentos, al culto a las imágenes y a la jerarquía eclesiástica-, el amor en las cortes, el ciclo artúrico y el nacimiento del purgatorio. A estos hechos se sumó el renovado interés por las revelaciones y los viajes a otros mundos que culminó Dante, en La divina comedia.

Estas experiencias del medioevo fueron testimonios reales de primera mano, distintos a las visiones posteriores que tuvieron un toque de literaria construcción. El análisis de Zaleski no cae en el entusiasmo de la "Nueva era", ni tampoco en el campo reduccionista que sólo tiene en cuenta las condiciones fisiológicas, psicológicas y culturales tal como lo predica Susan Blackmore, al decir que son "artefactos de la imaginación". La doctora Zaleski demuestra que la estructura narrativa relacionada con la revisión de la vida y de la conversión, es básicamente la misma de las narraciones contemporáneas, con algunas diferencias en la manera de ver la muerte, teniendo en cuenta los procesos jerárquicos, feudales y cosmológicos -así como los elementos de un juicio y conversión posterior que llevan a una rehabilitación moral como lo dictaba el rigor monástico- propios del medioevo y el cambio, en los tiempos recientes, hacia un vocabulario de la civilización moderna con referentes a las teorías de la evolución, la relatividad y la mecánica cuántica.6

Según R. Sennet, en relación con los elementos de juicio y conversión, al iniciarse la Edad Media la confesión era relativamente rutinaria, pero a partir del siglo XII cobró el carácter de una relación más personal entre dos individuos, con una mayor carga emocional, a causa de la corriente de renovación religiosa. El sacerdote dialogaba con el penitente para determinar, mediante preguntas y respuestas, la gravedad relativa de la falta y el rigor apropiado de la penitencia. El sacerdote debía mostrar compasión hacia los pecados del feligrés en el momento en que el relato comenzara a cobrar sentido. "El acto de la confesión era melancólico, en el sentido medieval del término: exigía transparencia entre el confesor y el penitente, así como introspección, cuando el que se confesaba buscaba encontrar un sentido a sus pecados". La melancolía era el más introvertido de los cuatro temperamentos. Bajo su influjo la persona trataba de sondear un secreto del alma que parecía oculto en su interior y no tanto los problemas del mundo exterior, tal como lo hacía el temperamento flemático que era más científico. "La melancolía provocó la meditación sobre los males que hacían que la gente sufriera y sobre los secretos de la gracia de Dios". Y, ¿cuáles eran los espacios para la melancolía? Los claustros, las celdas, los jardines cercados y la habitación del moribundo, para quien estas líneas escribe, pues es cuando se encuentra sentido a toda la existencia, a veces con la ayuda de las experiencias cercanas a la muerte; el discurrir a través de las buenas acciones, las buenas palabras y las buenas acciones como enseña el Arda Viraz. O a través de la introspección y la visión panorámica de la existencia.7

La era moderna
En el siglo XVIII el ingeniero de minas, científico, filósofo místico y clarividente, Emanuel Swedenborg (1688-1732), coleccionó, escribió y popularizó numerosas experiencias cercanas a la muerte y la comunicación con los muertos. En uno de sus artículos, publicado años más tarde en Lancet -en 1866 para ser precisos-, describe el caso de una arzobispo, declarado erróneamente muerto, quien luego dio cuenta de las conversaciones tejidas a su alrededor.

El escalador y geólogo Albert Heim, suizo, publicó en 1892 las experiencias subjetivas de treinta personas que sobrevivieron a caídas en los Alpes. Expresaron que: "No había ansiedad alguna, ni huella de desesperación, ni tampoco dolor; más bien una calma grave, una profunda aceptación, una agilidad mental dominante y un sentimiento de seguridad... No había confusión de ninguna clase. El tiempo se distendía enormemente. En muchos casos se seguía una revisión repentina de todo el pasado...".8

En Rusia, Negovsky reanimó a muchos soldados heridos en la Segunda guerra mundial -que estuvieron cerca de la muerte debido a la injurias propias de la guerra o a la hipotermia- y les preguntó por el trance sufrido. Encontró que la mayoría la percibieron como un profundo sueño sin sueños aunque algunos describieron escenas gloriosas en la otra vida. Para el ruso, estas experiencias eran debidas "a la percepción distorsionada de un cerebro que funciona mal".9

Años más tarde, en 1976, el siquiatra Noyes estudió a 205 individuos que estuvieron en situaciones amenazantes de la vida pero no perdieron la conciencia. De ellos entrevistó a 76, que describieron su experiencia como si el tiempo transcurriera más lento, estuvieran en estado de permanente calma, con pensamientos vívidos y rápidos, experiencias de déjà vu, sensación de separarse del cuerpo, memoria panorámica y los efectos de la experiencia mística, caracterizados por sentimientos de armonía o unidad, sensación de gran comprensión, emoción positiva intensa y sentimiento de estar controlados por una fuerza exterior. El autor explica estos hallazgos como fenómenos de despersonalización, que desde el punto de vista psicológico constituyen una defensa contra la amenaza de la muerte. En relación con la experiencia mística dice que no puede interpretarse en términos psicológicos, por aquello de tener significado, existencia o realidad espiritual. Es en la conciencia mística donde cabe lo transitorio, lo pasivo y cierta cualidad noética, es decir, la sensación de verdad que acompaña la experiencia. O como diría W. James: "Son estados de contemplación de las profundidades de la verdad que el intelecto discursivo no puede sondear. Son iluminaciones, revelaciones, llenas de sentido y trascendencia".10

La secta religiosa de los mormones acumula numerosas historias sobre estas experiencias esenciales desde comienzos del siglo XIX, cuando Joseph Smith tuvo "La primera visión", en la que describe elementos comunes a las experiencias cercanas a la muerte, como aquellas del vacío u oscuridad inicial, la entrada a una luz brillante, el encuentro con seres luminosos, la revisión de la vida, el perdón, la respuesta a inquietudes, la visión profética, la re-entrada al cuerpo, la incapacidad de describir la experiencia y el rechazo de comentarla a otros.11

Vida después de la vida
La temática de las experiencias cercanas a la muerte saltó de lleno a la plaza pública en 1975, cuando el siquiatra Raymond A. Moody Jr. publicó Vida después de la vida, un best-seller que revolucionó este campo al sacarlo de la clandestinidad, pues pocos se atrevían a hablar y menos a publicar estas experiencias, salvo en dudosas revistas de parapsicología, relatos folclóricos, periódicos o libros de poca venta y escaso reconocimiento. Como dice la cubierta, es un libro que: "ofrece la experiencia de aquellos que han sido declarados clínicamente muertos... descripciones tan similares, tan vívidas, tan positivas que pueden cambiar la visión que tiene el hombre de la vida, la muerte y la eterna vivencia espiritual". Fue Moody quien acuñó el nombre de experiencia cercana a la muerte. En su texto habla de los elementos que componen dicha experiencia como: la visión del conocimiento, las ciudades de luz, la esfera de los espíritus, los rescates sobrenaturales por la intervención de algo o alguien espiritual, y el juicio o perdón por los pecados. El doctor Moody, con otros colegas como Audette, Ring, Greyson (psiquiatra) y Sabom (cardiólogo), fundaron la International Association of Near Death Studies -IANDS- que investiga y aconseja a las personas que han tenido esta experiencias. Más tarde, desarrollaron una agenda política y espiritual llamada New Age (Nueva Era).
12

Como se dijo, el boom sobre esta temática floreció con Moody, pero algunos autores serios se habían referido a ella en la década del cincuenta, como el admirante Francis Beaufort, el escritor Ernest Hemigway, el sacerdote Luis Tucker, el explorador Richard Byrd, el piloto Edward Rickenbacker y el psicólogo Carl Jung. Para el psiquiatra Oskar Pfister se trata de fantasías reactivas ante el miedo de una muerte inminente. Para el antropólogo Irving Hallowell, quien estudió estas experiencias en los indios saulteaux, se deben a la creencia que el agonizante tiene, en forma de vívida sensación, de estar fuera del cuerpo, lo cual le permite reunirse con familiares muertos, y esto posibilita que la transición a la otra vida sea placentera.13

Estas experiencias hacen parte del proceso de aprender a morir, común a todas las culturas, que busca la iluminación espiritual y el acercamiento a las visiones beatíficas o al "tumulto del ser" como decía Tomás de Aquino. La muerte simbólica prepara al ser humano para la experiencia real. Según Grof, la práctica experimental de la muerte, o "morir antes de morir", libera al individuo del miedo a la muerte, modifica su actitud hacia el morir y le permite entender la vida. Además de servir de preparación para el final, estas prácticas espirituales conducen a la iluminación.14

En los últimos años ha aumentado el interés por los estados alterados de conciencia, las experiencias fuera del cuerpo y las experiencias cuasi-muerte, aunque el psicoanálisis dijera que había develado sus misterios y que todo eran vergonzosos sueños infantiles y una imaginaria satisfacción del deseo. Quizá se debe a la física y a las matemáticas este interés por las formas místicas del conocimiento. Se habla de nuevas perspectivas al afirmar que este universo visible es sólo una convención basada en nuestra percepción y que los mundos maravillosos e inimaginados están ocultos en partículas minúsculas y tal vez en el espacio conocido mismo que nos rodea. En todo este tema es necesario efectuar una mirada a la cuarta dimensión como hicieron Hinton, Gurdieff, Ovpensky, Huxley, Borges, quienes hablan del misticismo como la observación mental de una realidad de grado superior. Borges, con sus figuras literarias, se acerca a ese momento del correr de las cortinas, cuando se encuentra el yo trascendente y el sentido existencial, a ese momento o punto donde convergen los demás. Así se lee, en El Aleph, que es uno de los puntos del espacio que contiene todos los otros puntos y que es visible debajo de cierto escalón de las escaleras del sótano de la casa de un amigo que le revela el interior de todas las cosas y también su exterior. "Vi la circulación de mi propia, oscura sangre [...] vi el Aleph desde todos los puntos y todos los ángulos, y en el Aleph vi la tierra y en la tierra El Aleph y en El Aleph la tierra; vi mi propio rostro y mis intestinos; vi tu rostro".

El argumento principal de las experiencias cercanas a la muerte incluye zumbidos, ruidos de campanas, movimiento veloz a través de un túnel, el encuentro con parientes y amigos muertos, y una especie de juicio impartido por un ser luminoso que revela, a los cuasimuertos, una visión panorámica de sus vidas.

Dado todo esto es comprensible que la primera dimensión desconocida y por lo tanto mítica con la que se enfrentó la humanidad, antes de la era de la aviación y de la exploración espacial, fuera, de hecho, la tercera dimensión. Las esferas celestiales y los mundos interiores no sólo pertenecen a las confusas fantasías de los pueblos precientíficos. La experiencia y la ciencia retiraron tales lugares de la tercera dimensión, pero no los suplantaron. En cierto sentido siempre habrá una dimensión que lleve a lo desconocido, sea la cuarta o la enésima. Porque el horizonte de lo desconocido se mueve juntamente con el horizonte de la ciencia y ésta nunca llega a hacerlo desaparecer. Todo esto da fe "de la sutileza del Señor", como diría Einstein.

Huxley, el visionario
En la década del setenta se mencionó la posibilidad de que el organismo del agonizante liberara sustancias que aliviaran el dolor y el sufrimiento y posibilitaran la muerte, idealizada con visiones beatíficas, a través de mecanismos psicodislépticos o magnificadores de la mente. Y que las explicaciones no fueran simplemente religiosas o fisio-patológicas por carencia de oxígeno, retención de anhídrido carbónico, metabolitos tóxicos, medicamentos, compromiso cerebral por tumoración, epilepsia del lóbulo temporal o por trastornos psicológicos, todo lo cual obligó a nuevos planteamientos y estudios sobre los procesos fisiológicos, psicológicos y espirituales del agonizante. Uno de los autores que inició las terapias psicodélicas para comprender el proceso de la agonía fue Aldous Huxley. Él encontró que eran similares a los relatos de las experiencias cercanas a la muerte, los viajes postmortem, los ritos iniciáticos, los misterios, los rituales de muerte y renacimiento, el reencuentro consigo mismo, el atisbo a la experiencia mística y la liminalidad. Limen significa puerta o umbral y marca el límite de la existencia humana y la entrada a otro mundo. En la liminalidad la persona entra, en determinado momento, en comunión con lo trascendente, a través, según Maslow, de la Experiencia y la Actualización, ese momento cuando cada persona logra el sentido auténtico de la vida y quizá la ecuanimidad para morir.
15

Huxley habla del mundo de la Experiencia Visionaria, mediante la acción de drogas psicodislépticas como la mezcalina, el yagé y el ácido lisérgico; o mediante la hipnosis, la restricción ambiental, la meditación, la iniciación mistérica y la agonía, todas ellas experiencias liminales. También en los estados cercanos a la muerte y en las experiencias extracorpóreas. La descripción de estas experiencias visionarias, inducidas o espontáneas, son similares a los paraísos y regiones fantásticas descritas en diferentes culturas y religiones, como el Jardín de las Hespérides, los Campos Elíseos, la Isla de los Bienaventurados, el Jardín del Edén, donde son comunes las flores y las piedras preciosas. En las visiones se logra "que la percepción sea la Revelación, la Realidad brille en toda apariencia y lo Uno esté total e infinitamente presente en todas las particularidades" (Huxley).

La experiencia visionaria no siempre es bienaventurada. Es a veces terrible pues se intensifica la individualización y el cuerpo experimenta sensaciones similares a las descripciones clásicas de los castigos infernales de presión, constricción y encogimiento. Las emociones negativas como el miedo, el odio, la ira o la malicia conducen a experiencias visionarias negativas. También la llamada "teología del terror" que predica castigos infernales.16

Para algunos una prueba de la supervivencia del alma después de la muerte física son las experiencias cercanas a la muerte. En condiciones extremas, cuando parece inminente la muerte, algunas personas sufren experiencias internas que incluyen la reviviscencia de recuerdos o memoria panorámica y los efectos típicos de la conciencia mística o realidad espiritual, como son el sentimiento de armonía o unidad, la sensación de una gran comprensión, la emoción positiva intensa y el sentimiento de estar controlados por una fuerza exterior. Es una especie de despersonalización que imita el estado de la muerte.17

Huxley, un hombre extraño que medía casi dos metros, pesaba sesenta kilos y utilizaba, para ver, un arsenal de cristalería óptica, además de literato, sociólogo, místico, ensayista y estudioso de la filosofía hindú, fue un explorador de la mente humana mediante la introspección, la experimentación, el análisis histórico y el uso de sustancias alucinógenas, entre ellas el ácido lisérgico -LSD-. Experiencias que luego volcaría en, Las puertas de la percepción y Cielo e infierno (1954). Allí explica como se incrementan las percepciones sensoriales y la euforia mística con el uso de las drogas psicodislépticas.18

Las terapias psicodélicas en el moribundo
Según Grof,
19 la primera sugerencia de que las drogas psicodélicas podrían ser usadas en la terapia de los moribundos para calmarles el dolor, proviene de la pediatra Valentina Pavlovna Wasson, una estudiosa de los hongos alucinógenos sagrados de México quien, en 1957, logró que los laboratorios Sandoz aislara la Psilocybe mexicana. Otro estímulo para el uso de psicodélicos en la agonía proviene del mencionado Huxley. Este filósofo, interesado en los fenómenos de la agonía y la experiencia mística inducidos por drogas psicodélicas, asistió en 1955 a su primera esposa, durante la fase terminal de un cáncer. Le administró LSD "para hacer de la agonía un estado más espiritual que fisiológico". El mismo Huxley antes de morir en 1963 tomó 100 microgramos de LSD para facilitar la experiencia visionaria antes de morir.

Eric Kast (1960) estudió el LSD por sus propiedades analgésicas, comparándolo con la dihidromorfinona y la meperidina. También observó los cambios emocionales, los patrones de sueño, las actitudes hacia el sentimiento de estar enfermo o en proceso de muerte, así como la influencia de esta sustancia en las ideas y en las experiencias filosóficas y religiosas de las personas. Concluyó que el LSD mejoraba el proceso de la agonía, tornaba a la persona más responsable respecto a su ambiente familiar y permitía apreciar los matices y las sutilezas de la vida diaria. Un colega, Sidney Cohen (1965) sugirió que "la muerte viene a ser una experiencia más humana al preservar la dignidad del moribundo".

Pero quizá los estudios más profundos provienen del Instituto de Investigación psiquiátrica de Praga dirigido por Stanislav Grof, y continuados por este en el Grove State Hospital en Baltimore en 1967. Grof se interesó primero por los aspectos teóricos y prácticos del psicoanálisis, pero, más tarde, sus observaciones se dedicaron a los dominios explorados por las varias escuelas de la tradición mística, los templos del misterio y los ritos de pasaje de las culturas antiguas y las pretecnológicas. Los más comunes de esos fenómenos fueron las experiencias de muerte y renacimiento seguidos de sentimientos de unidad cósmica; "este profundo encuentro con la transitoriedad y la mortalidad son experiencias muy complejas y tienen dimensiones biológicas, emocionales, intelectuales, filosóficas y metafísicas". En compañía de Sidney Wolf, atendió a una compañera de su equipo de trabajo que sufría de un cáncer inoperable de seno. Después de aceptar la terapia psicodélica se le administró, en varias ocasiones, LSD. En su relato posterior dijo "... principalmente recuerdo que estaba sola en un mundo sin tiempo y sin límites[...] lloré por los años malgastados, la búsqueda de mi identidad por lugares falsos, las oportunidades desperdiciadas, la energía emocional perdida en cosas insignificantes".

Más tarde, Walter N. Pahnke, en 1967, y John Halifax, en 1972, continuaron las experiencias hasta mitad de los setentas, cuando estas investigaciones se fueron a pique por falta de fondos, así como por el rechazo de los proyectos presentados, la mala publicidad que se dio por el uso clandestino de las drogas psicodislépticas y quizá problemas bioéticos.19

Descripciones
Casi todas las experiencias cercanas a la muerte son similares. Moody las describió muy bien. Primero el individuo experimenta la muerte clínica, definida como la falta de oxígeno al cerebro y el compromiso de la función de la corteza. Luego escucha las voces de los médicos y los familiares, oye zumbidos o sones de campanas y se mueve a lo largo de un túnel que tiene, al final, una especie de luz brillante. Luego el individuo siente que está fuera del cuerpo y observa lo que se hace con su cuerpo, por ejemplo las medidas de reanimación o la cirugía. A veces siente una sensación de elevamiento o éxtasis y experimenta fenómenos telepáticos, visualiza espíritus de familiares muertos que actúan como guías, alcanza la unión con la luz que los creyentes cristianos o budistas asimilan con un ser superior. Algunos visualizan experiencias de la vida, o la barrera que separa la vida de la muerte, y saben el momento de retornar a la vida con alegría, amor y paz. Finalmente la persona re-entra a su cuerpo y recupera la conciencia.

La mayoría de las experiencias son descritas como positivas pues los sobrevivientes se tornan espirituales, un aspecto difícil de definir en términos fisiológicos. Se interesan por los otros seres, aprecian intensamente la vida, disminuyen su temor a la muerte, son menos materialistas y menos competitivos.20 Pero, por otro lado, pueden presentarse efectos negativos, sobre todo cuando los familiares y amigos no creen en la experiencia que han tenido ni en el cambio de conducta que muestran. Algunos están deprimidos por el retorno a la vida, por la limitación de las relaciones personales después de haber vivido la experiencia del amor incondicional de Dios o de haber estado en la Luz. Estas experiencias pueden ser invertidas cuando la persona lo percibe en términos negativos y no hay, por ejemplo, felicidad sino miedo, angustia o terror de perder el ego. También pueden ser infernales, con demonios incluidos, o vacías e insignificantes, cuando son objeto de burlas o son considerados como trastornos sicológicos o productos de alucinaciones. Para algunos esto es intolerable y tratan de probar que su historia y cambio de conducta tienen mucho significado. Hoy se sabe, como recuerda Morse,13 que estas experiencias hacen parte de la psicología del moribundo y no deben considerarse como alucinaciones o producto de procesos patológicos. Se presentan en personas con el ego intacto y un normal funcionamiento sicológico. Según el psiquiatra M. Schroeter, las experiencias cercanas a la muerte pueden distinguirse de las alucinaciones debidas a la esquizofrenia o a la disfunción orgánica cerebral. En general, las primeras son positivas, sin ideación paranoide ni distorsión de la realidad, sin imaginería negativa y sin elementos olfativos, agresivos y hostiles como los que se ven en las alucinaciones inducidas por drogas o en las psicosis. Las primeras representan un conocimiento de la realidad, las otras la niegan. Las primeras ocurren en personas normales que tienen fantasías, pero también ansiedades como cualquier individuo.

Investigaciones
Varios investigadores médicos, de diferentes especialidades, se han acercado a esta temática, como los cardiólogos Michael Sabom, F. Shoonmaker, M. Rawlings, Schnaperl y Oakes, entre otros, que realizaron sus trabajos en pacientes que tuvieron paro cardíaco. También los psiquiatras Owen y Roberts, quienes en 1988 concluyeron que las experiencias cercanas a la muerte constituyen un fenómeno alucinatorio complejo que se presenta en personas que perciben una muerte inminente y que están asociadas con la psicología del moribundo.21 Para Kastenbaum, un crítico de ciertas posturas científicas: "los estudios de las experiencias cercanas a la muerte han traicionado su promesa inicial y permanecen en el nivel de historias que se inician alrededor del fuego de los campamentos....no importa que vengan de los psiquiatras freudianos, los psicológos de la Nueva Era, los cardiólogos materialistas, las enfermeras, los pediatras, los geólogos, los ingenieros de minas y aún los radiólogos, quienes reportan los casos bajo grandes titulares de prensa".
22,23

Para la doctora S. Blackmore,24 en el momento de la muerte se pierde el impulso sensitivo normal y se activa el lóbulo temporal, que produce imágenes de personas, música celestial y reunión con seres y animales queridos, que, al no tener un punto de referencia con la realidad exterior, reconstruye una realidad interna pero alterada. Según R. Siegel, los túneles, las luces, las figuras religiosas, la música celestial y en general todo lo que constituye la experiencia cercana a la muerte, son estados alucinatorios en un cerebro estresado, influido por el contexto cultural. Otros hablan de problemas en el lóbulo temporal derecho y las estructuras relacionadas. Freud explicó tales experiencias como si fueran una regresión a la infancia, donde el ser de luz representa el amor incondicional recibido. Para algunos siquiatras estas experiencias se explican por eventos neurobiológicos en el lóbulo temporal. La cesación del impulso externo a medida que el cerebro muere hace que predominen las memorias internas, las emociones, los sentimientos y otras imágenes como aquellas de los guías espirituales, las memorias maternas o las ideas preconcebidas de Dios o los ángeles.

Para el neurólogo Mandell, el reino celestial está en el cerebro. Agrega que las convulsiones del lóbulo temporal producen estas experiencias así como los estados místicos que llevan a conversiones religiosas y estados beatíficos. Lanza la hipótesis de que al hipocampo llegan las sensaciones del mundo exterior y también los recuerdos y las emociones del mundo interno y que, durante las convulsiones del lóbulo temporal, que comprometen el hipocampo y la sincronía de estas sensaciones, se produce la predominancia de lo interno. La cesación del impulso externo a medida que el cerebro muere hace que predomine la memoria interna, como las emociones, los sentimientos y el tipo de imágenes descrito anteriormente. Muchos presumen que las experiencias cercanas a la muerte reflejan los últimos minutos de las conciencia humana.25

Otros puntos de vista
Para Morse,
13 la incidencia de tales experiencias y la precisa fenomenología que las acompaña se integran a la psicología de la agonía y no deben ser consideradas alucinaciones o procesos patológicos. Este mismo autor ha investigado numerosas experiencias de este tipo en niños, que apenas tienen un concepto de la muerte y no han experimentado la diferenciación del ego. Ellos también ven túneles y luces brillantes. "Yo entré en una habitación donde estaba una hermosa persona que se sentó junto a mí. Me preguntó si quería quedarme con él o regresar". Éstas y otras historias similares, según Vernon Neppe, director de Neuropsiquiatría de la Universidad de Washington, deben analizarse como "experiencias subjetivas paranormales", denominación que permite a los clínicos estudiar las experiencias visionarias o experiencias paranormales, sin tener en cuenta la postura filosófica o la objetividad real de ellas".26

Para otros, estas experiencias son similares a la llamada despersonalización transitoria y a la sicosis de la unidad de cuidado intensivo. La primera consiste en un estado disociativo pasajero que se presenta en algunos individuos antes de una muerte accidental o en momentos de intensa concentración. Se manifiesta por una inusual claridad de pensamiento, así como la sensación de que el tiempo transcurre lentamente y hay paz y calma. Algunos lo llaman "entrar en la zona"; por ejemplo, cuando es tan intensa la concentración que los bateadores no oyen los aplausos de la multitud y tienen tiempo de ver la bola que rota hacia ellos, tan lentamente que pueden observar las costuras. La psicosis que se presenta en las unidades de cuidado intensivo, se ve en pacientes semiconscientes que describen elementos e interpretaciones de sus ilusiones y sufrimientos, propios de una amnesia selectiva, o como la que se observa en casos de intoxicación narcótica.

Autores como D. Carr proponen que estas experiencias son similares a las complejas alucinaciones asociadas con la disfunción del lóbulo límbico relacionadas posiblemente con la secreción de péptidos opioides endógenos -endorfinas- que podrían explicar la placidez y la ausencia de dolor.27 Este mismo autor se queja de que los estudiosos de este tema sean vistos con escépticismo, se les considere poco creíbles y en contracorriente de la ciencia, igual a como miraron a aquellos que se dedicaron a estudiar la complejidad, la resonancia magnética, las endorfinas, la ansiedad....No obstante, esas personas continuaron con sus investigaciones hasta que captaron la atención de sus críticos. "No estoy seguro que la investigación sobre las bases biológicas de las experiencias cercanas a la muerte madure tanto como otras áreas, puesto que en este caso son fenómenos imposibles de estudiar o bordean los límites de lo ético. Tampoco es claro qué beneficios podría lograrse de conocer las bases biológicas, independiente del beneficio a la sabiduría colectiva de la cultura, entre otras cosas porque también es casi imposible definir la filogenia y la ontogenia de la misma conciencia".28 Más recientemente, el doctor D. Carr ha propuesto que estas experiencias son ilusiones perceptuales, es decir, que lo que se aprehende por sensación no corresponde con lo que las cosas son realmente.29 Vale la pena recordar la anécdota, contada por S.J. Gould en The Flamingo's Smile, cuando una asociación de ciegos le propuso al director del museo donde está el aeroplano original de Charles Limbergh, que les permitiera "ver" a su manera el aparato volador. El director aceptó la petición y propuso construirles un verdadero hangar con techo alto y una réplica del famoso avión. Así los ciegos podrían subirse, recorrerlo, tocarlo, olerlo e interpretarlo. Los invidentes aceptaron la oferta siempre y cuando la réplica estuviera debajo del original. ¿Ilusión perceptual?

Medicamentos como la ketamina reproducen estas experiencias al bloquear los receptores cerebrales llamados N-metil-aspartato -o NMDA-, e impedir que el neurotransmisor glutamato se una a dicho receptor. Es un aminoácido excitatorio que desempeña su papel en el hipocampo y los lóbulos temporal y frontal, y juega un rol importante en todos los procesos cognitivos que comprometen el cortex cerebral, incluyendo el pensamiento, la memoria y la percepción. En algunos casos de estrés -debidos por ejemplo a la hipoxia, la isquemia, la hipoglicemia, la epilepsia del lóbulo temporal-, el organismo libera gran cantidad de glutamato que incrementa la actividad de los receptores NMDA y causan el proceso denominado neuro o excito-toxicidad, que puede matar a las neuronas. La ketamina previene este estado. Según K. Jansen, hay sustancias en el cerebro, las endopsicosinas, que se unen al mismo receptor, como la ketamina. Se considera que las situaciones que disparan la producción de glutamato en gran cantidad pueden también disparar, al mismo tiempo, otras sustancias neuro-protectoras que se unen a los receptores NMDA con el fin de proteger las células, llevando a un estado alterado de la conciencia similar al que produce la ketamina. Ésta es una droga empleada en anestesia. Es de corta acción, es alucinógena y produce la llamada, anestesia disociativa, donde el paciente" está disociado" y salido de su cuerpo. Es además analgésica pero con acción diferente. Cuando se usa como anestésico debe combinarse con ansiolíticos para evitar la presentación de experiencias cercanas a la muerte. El estado de conciencia alterada por la ketamina es diferente de los producidos por el LSD y la DMT (dimetiltriptamina).30

Para Jansen, las experiencias cercanas a la muerte son un fenómeno de importancia en medicina, neurociencias, neurología, siquiatría, filosofía y religión y no son evidencia de una vida posterior a la muerte, por la sencilla razón lógica que la muerte es el fin, el fin irreversible, y aquellos que retornan, por definición, no murieron, aunque su cuerpo, cerebro y mente hubieran experimentado un estado inusual.30

Entre los eventos y fenómenos que pueden llevar a estas experiencias cercanas se mencionan: la agonía, la estimulación cerebral, el coma, el orgasmo, la gravedad, los trastornos psiquiátricos, los accidentes, los sueños, la cirugía, la meditación, el estrés, las convulsiones, los movimientos oculares, las drogas psicodislépticas, la relajación, el espejo...

Importancia y efectos a largo plazo
Los estudios sobre las experiencias cercanas a la muerte dan una idea de lo que pasa en el agonizante. De las vivencias espirituales y emocionales y de los cambios actitudinales positivos. Si, como dice Morse,
13 se acepta que, a menudo, la agonía es una experiencia ecuánime, serena y espiritual, no se utilizaría la técnica irracional y deshumanizante, se dejaría morir con más frecuencia y en paz a los que no tienen posibilidad de continuar con la existencia, abaratando los costos del morir y la muerte. Estos estudios evidencian, o por lo menos se aproximan, a lo que es el proceso de morir, donde tienen cabida la visiones de la muerte, con sus premoniciones y visitas postmorten. Según Carl Sagan: "esas visiones y encuentros se originan en nuestra cultura sicológica y no son propiamente conocimientos originados en otro mundo sino que constituyen una reflexión sobre las propias y profundas fuerzas psíquicas". A lo mejor para el personal de la salud estas experiencias son absurdas e irracionales, pero éste olvida que para quien las sufre tienen un hondo significado espiritual.

Son eventos que transcurren en tiempo real -y no son fantasías reactivas-, que llevan a cambios permanentes, y positivos, en el modo de ser de las personas que no mueren. Sufren menos cuadros de ansiedad y depresión, menos incidencia de drogadicción, dedican más tiempo a la meditación y al ejercicio, y hay menor incidencia de estrés postraumático. Y si la persona tiene esta experiencia cuando la muerte está cerca, le facilitará el proceso de la aflicción. Ellas confirman la dimensión espiritual que a veces se reducen a un abrazo, una mirada, una leve sonrisa o un breve comentario como "luz, más luz". Las premoniciones, que también hacen parte de las experiencias cercanas a la muerte, son a menudo vagas percepciones o sentimientos que ayudan al restablecimiento de la fe en el orden del universo y dan sentido a la muerte. Las visitas postmorten a veces son diálogos con el ser que ha partido, que, no importando su contexto, facilitan la aflicción, permiten la aceptación de la pérdida, disminuyen los sentimientos de culpabilidad y resentimiento y canalizan la energía emocional de los sobrevivientes. Esto da significado al proceso de la muerte debido a su rol místico dentro de la sociedad. También ayudan a prevenir o aliviar el síndrome de agotamiento -burnout- de quienes cuidan, pues los separa un poco de su mirada científica, les dice que los milagros existen cuando hay aprojimación y ternura, les cohibe de tratamientos que solo prolongan la innecesaria agonía, les humanizan -ablandan el corazón- en la atención del moribundo y les iluminan en el afrontamiento de la muerte propia. Enseñan que la agonía puede ser un proceso dichoso y espiritual, que las experiencias cercanas no son alucinaciones patológicas -y, si lo fueran serían universales- ni fantasías psiquiátricas y que la muerte no debe ser temida (Morse).13,31

Implicaciones personales
Estas experiencias representan una dimensión espiritual de la agonía. Estimulan el estudio de los efectos espirituales en el proceso de morir y de la aflicción. Ayudan en el contexto terapéutico, sin entrar en profundos debates filosóficos y técnicos que pueden llevar al encarnizamiento terapéutico. Es bueno que se escuchen y validen esas experiencias. Y se las comparta con respeto y dignidad sin entrar en explicaciones demasiado técnicas, tratando de controlar e interpretar las vivencias de los pacientes. El simple proceso de escucharlos, calmarlos, dedicarles tiempo, mirarlos, estrecharles la mano, responder con sencillez a sus preguntas, decirles que son experiencias frecuentes y que no son dolorosas, produce gran sensación de alivio. Esto permite que el proceso de morir sea menos impersonal, así como más espiritual y humanizada la asistencia médica. De lo contrario, los agonizantes se resienten en su dignidad y autoestima y se consideran poco creíbles, inútiles y estorbosos, Si todos supieran que muchos pacientes comatosos y agonizantes son conscientes de lo que les pasa y de lo que ocurre en el contexto cercano y que son capaces de procesar la información emocional, los médicos, los familiares y los amigos gastarían más tiempo al lado de la cama y habría campo para la aflicción anticipatoria y para compartir experiencias. Tambien se ayudaría al que muere a que el proceso de ensimismamiento, revisión y representación social y sicológica, comunes al final de la vida, sea positivo en la búsqueda de significado y sentido existencial, en el diálogo consigo mismo y en la percepción de la espiritualidad, que lo acercarían a la ecuanimidad, la imperturbabilidad, la serenidad, propias de la experiencia mística. Esas experiencias y acercamientos le dicen al paciente que es y seguirá siendo importante para aquellos que lo quieren y aprecian -otra manera de la inmortalidad, pues como diría el poeta, "los seres queridos no mueren, quedan encantados"-. Y si los que agonizan son niños, ¡cuánto confort hallarán los padres al saber que los hijos escucharon sus palabras de despedida, que sintieron los llantos y los abrazos, y las oraciones y las promesas de encuentros cercanos!. Es que los niños también quieren saber qué les va a pasar y cómo se sentirán sus seres queridos. Es bueno explicarles, por lo tanto, que el proceso de la agonía no es doloroso, horrible ni temible. Que a menudo, cuando hay dolor intenso por cualquier causa, uno se sale del cuerpo en el momento del dolor. Que uno puede escuchar y ver a los padres, familiares y amigos (y eso conforta al niño). Por eso es aconsejable hablarles muy quedo al oido, bendecirlos, tocarlos, explicarles y asegurarles que nunca serán olvidados. Y si no mueren, y se recuperan, animarlos a que expresen sus miedos, ansiedades y preguntas. No juzgarlos y menos tratarlos como si padeciesen trastornos mentales. Todas esas experiencias cercanas a la muerte tienen sentido y significado para las personas que las experimentan.
13,31

¿Cómo ayudar a las personas?
Es importante mermar los temores del paciente dándole un entorno de confianza para que se exprese y se adapte. Estas experiencias, como explica Corcoran,32 pueden desencadenar estados de emergencia espiritual. Quienes las experimentan no saben qué les ha ocurrido. A veces es terrible cuando no se les interpreta adecuadamente. El vacío, espacio u oscuridad puede interpretarse como algo negativo. De allí que el personal de la salud deba estar alerta a los signos de experiencias cercanas a la muerte en los pacientes. Algunos lo comentarán directamente. Otros hablarán de "sueños extraños". O estarán enfadados, introvertidos, tranquilos o silenciosos al despertar. O manifestarán cambios en el modo de ser. Es bueno abordarlos sutilmente y decirles, por ejemplo, que la gente que pasa por una crisis similar a la suya tiene muchas experiencias diferentes. ¿Hay algo sobre lo que el paciente desea hablar?

Hay que explorar las propias actitudes sobre estas experiencias. Es posible que muchas personas no crean en ellas pero, no obstante, se debe apoyar al paciente en los aspectos emocionales y espirituales. Escúchelo sin cambiar de tema. Evite formular juicios y céntrese en el impacto que la experiencia ha tenido para el paciente. Permita que exprese las emociones según su propio ritmo y no se sorprenda de lo que diga. Obtenga una relación de mutua confianza. Escúchelo con atención, y corrobórelo con gestos faciales y lenguaje corporal. Que repita lo que no ha quedado claro. No haga preguntas para que el paciente diga sí o no, sino preguntas abiertas; por ejemplo, ¿como se sintió al regresar de la experiencia? No apremiarlo si no quiere hablar. No le explique la situación en términos filosóficos, psicológicos ni técnicos, ni que todo se debió a un medicamento, a una reacción al estrés o al temor a la muerte. No lo considere como si sufriera un trastorno mental. No dé la impresión de abandonar al paciente. Son vulnerables. Quizá sientan el rechazo porque regresaron. A veces temen narrar su experiencia. Contáctelo -¡tóquelo!- durante y después de la inconsciencia. Oriéntele respeto a su nombre, lugar y tiempo presente. Dígale qué se hace en con cuerpo; por ejemplo si tiene un tubo en la tráquea y está conectado a un ventilador. Tóquelo con frecuencia. Recuerde que los comatosos y los agonizantes pueden escuchar y ver a través de procesos fisiológicos no muy conocidos. Facilítele información sobre lo que se sabe de las experiencias cercanas a la muerte. Tranquilícelo. Dígale que muchas otras personas han tenido la misma experiencia. Que lea algunos libros o que se comunique con IANDS -Asociación Internacional para el Estudio de las Experiencias Cercanas a la Muerte- Y si es necesario, envíelo a un profesional adecuado que comprenda este fenómeno. Recuerde que la mayoría de estos "experienciadores" no necesitan ayuda especializada

Finalmente recuerde, lo dice Corcoran, que "el paciente necesita que usted lo escuche, no que lo analice. Su empatía y aceptación le ayudan a transformar su experiencia cercana a la muerte en otra que enriquezca su vida...y quizá también la de usted".32,33

Colofón
Es tan misterioso, y sapiente el cerebro humano, que se crea sus propios cielos e infiernos. Y aun la eternidad en el momento de la muerte (con la que muere)

 

Bibliografía

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30 JANSEN Karl L.R. "The ketamina model of the near death experience: A central role for the NMDA receptor".(http://leda.lycaeum.org/?D=9264.
31 DOWLING SING Kathleen. "The Grace in Dying. How we are transformed spiritually as we die. An interview by Gilles Bedard". http://pages.globetrotter.net/inerson/ondeath/singh,html
32 CORCORAN Diane K. "Experiencias cercanas a la muerte". Nursing 1989; 7:8-15.33

ÁLVAREZ ECHEVERRI T. "El umbral de la muerte". Revista Universidad de Antioquia. 1999, 258: 41-49.


20.5 x 27 cm. 140 pp. / ISSN: 0120-2367
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