Este
artículo trata, merodeando a Sullivan, de viajes breves
y exóticos. Cruzará puentes, dimensiones, laberintos
y ríos del más allá. Vislumbrará edenes,
infiernos, lugares de espera, terceros cielos, mundos intermedios,
reinos interiores y experiencias extáticas. Habrá
ruidos y músicas celestes y también olores en su
gama. Es un viaje a través de la literatura, la filosofía,
la religión, la tanatología y la escatología.
Comprende las experiencias de quienes se acercan, en agonía,
a los misterios de la muerte. Pues, como diría Berkeley:
"Para la mente, algunas de estas verdades son tan cercanas
y tan obvias que un hombre sólo necesita abrir los ojos
para verlas". Acá lo que está en juego es la
naturaleza de la imaginación, el carácter de las
imágenes y la función de los símbolos en
la formulación de la realidad (Sullivan).1
Desde que el hombre se dio cuenta que era un ser finito ha tenido
experiencias cercanas a la muerte o, visiones espirituales, que
le permiten descifrar, un poco, ese mysterium tremendans et fascinans.
La descripción de esas visiones cambia poco con el correr
de los tiempos. Diferentes relatos literarios lo atestiguan. De
Sumeria provienen los primeros informes escritos sobre el temor
a la muerte, los viajes a otros mundos y la búsqueda de
la inmortalidad. Tal es el caso de Gilgamesh, rey histórico
de Uruk hacia 2.600 a.C., cuyas hazañas están contenidas
en doce tablillas, que cuentan la búsqueda religiosa, auténtica,
y emprendida más allá de los límites y del
alcance de un culto oficial. Gilgamesh tiene una experiencia cercana
a la muerte al ser arrastrado, a través de un túnel,
para entrar luego al maravilloso jardín de la otra vida,
rodeado de una brillante luz.2
Platón, en La República, describe, de manera metafórica
y poética, la historia de Er, un soldado que regresó
a la vida cuando ya estaba en la pira fúnebre por creérsele
muerto. Según su relato posterior, vio muchas cosas en
el más allá pero debió regresar a la vida
para decir cómo era la muerte. Relata el viaje que lo lleva
de la oscuridad a la luz, acompañado de espíritus
guías; también relata el juicio de su vida pasada
para alcanzar luego una sensación de paz, acompañada
de visiones de increíble felicidad. Antes de regresar,
vio almas que se preparaban para nacer a la vida: "Viajaban
todas a la Llanura del Olvido, con un calor terrible y sofocante,
pues no había árboles ni plantas, y allá
acamparon junto al Río del Olvido, cuyas aguas ningún
vaso puede contener... Er dijo que no le permitieron beber el
agua y que, sin embargo, ignoraba cómo y en qué forma regresó al
cuerpo, pero que recuperó la vista repentinamente y se vio a sí
mismo, al amanecer, en la pira fúnebre".3
En la versión cristiana, estos viajes al otro mundo, se
inician con la visión que narra san Pablo, en Corintos
2; 12:2-4, "Pues vendré a las visiones y revelaciones
del Señor. Se de un hombre en Cristo, el cual hace catorce
años -si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé,
Dios lo sabe- fue arrebatado hasta el tercer cielo (es decir hasta
lo más alto de los cielos) Y sé que este hombre
-en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe-
fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables
que el hombre no puede pronunciar". Pablo fue uno de los
extáticos más famosos. Su Apocalipsis, escrito primero
en griego en el siglo III, fue traducido a muchos idiomas. A través
de copias sobreviven al menos dos traducciones primitivas del
latín. En el Apocalipsis, Dios elige a Pablo, como portavoz,
con el fin de recobrar a los humanos que viven en pecado, pues
es sabido que el sol, la luna y el mar se quejan de la iniquidad
humana. Un ángel se aparece a Pablo y le revela una visión
del infierno. Luego lo conduce al primer cielo donde están
situados unos ángeles, malvados y horrorosos, responsables
del mal que sobreviene a la humanidad. También observa
las torturas del infierno. "Estaba el olvido que engaña
y atrae a los corazones humanos hacia sí y el espíritu
de la calumnia, y el espíritu de la fornicación
y el espíritu de la Ira, y el espíritu de la Insolencia
y estaba el príncipe de la Maldad."
El Apocalipsis de Pablo, según Couliano,4 es más
bien un Libro de los Muertos Cristiano, poco sofisticado. Su propósito
no es descubrir el carácter ilusorio del "estado intermedio"
sino crear la ilusión de la existencia de un justo castigo
póstumo a las acciones cometidas durante la vida de cada
uno. Cuando el alma del difunto atraviesa las regiones inferiores
del cielo, los ángeles malvados comprueban si existe algún
rastro de sus propios vicios. Si este no es el caso, el alma puede
pasar y es recibida por los ángeles bondadosos y conducido
a presencia del Señor. El guía angélico conduce
a Pablo más allá, hasta el tercer cielo, a la Morada
de los Justos, en donde se encuentra con Enoc y Elías,
luego pasa a la Nueva Jerusalén donde ve al rey David tocando
el arpa y cantando el aleluya, después visita el Gran Infierno,
más allá del Gran Océano que rodea el mundo.
Finalmente le revelan el paraíso, donde es recibido por
la Virgen María. Junto con, la Ascensión de Isaías,
el Apocalipsis de Pablo representa la más importante de
las revelaciones cristianas primitivas que incluyen viajes ultramundanos.
En los primeros siglos la noción cristiana del cielo oscilaba
entre las ideas de san Ireneo, siglo II, obispo de Lyon, que imaginaba
el cielo como una especie de mundo material glorificado y las
ideas de san Agustín de Hipona (354-430), que describe
el cielo como un reino platónico espiritualizado "carente
de interacción humana y de preocupación por la familia".
Más tarde esto se modificó convirtiéndose
en un cielo semiespiritual en el que los santos mantienen relaciones
sociales y en el que incluso hay un lugar para la admiración
no lasciva de la belleza de los cuerpos femeninos.4 Las experiencias
de Pablo introducen el concepto del juicio por la mala vida pasada,
el arrepentimiento y el justo castigo.
Las experiencias en los primeros siglos
El papa Gregorio I, El grande (540-604) el mismo del canto gregoriano
y de la nominación de las notas musicales, escribió
un texto interesante para el estudio de la alta Edad Media, Diálogos
sobre la vida y milagros de los padres italianos, donde menciona
tres experiencias de cuasi-muerte, relatos que utiliza para revelar
que, no todas la personas a las que les es revelado el más
allá en una visión, toman con seriedad la amenaza
del infierno, ni se arrepienten de la mala vida pasada, con el
fin de mejorar su destino póstumo. En una esas experiencias
un soldado informó que, en el infierno, vio un puente sobre
"un río humeante...que despedía un olor sucio
e insoportable". El puente llevaba a unos agradables "prados
de color verde, llenos de dulces flores" que "despedían
un aroma tan delicado que el fragante perfume otorgaba un maravilloso
placer a todos los que habitaban y caminaban en aquel lugar".
Como en otros escasos textos, el antagonismo principal entre el
bien y el mal, el Paraíso y el infierno, es marcadamente
olfativo y se expresa mediante el contraste sensual entre lo oloroso
y lo maloliente. El puente se ensancha para dejar pasar a los
justos y se hace más angosto para arrojar a los malvados
al río infernal. Esto del tema angosto aparece antes de
577, como se lee en la Historia de los francos escrito por Gregorio
de Tours. El viaje de san Brendán -al igual que La odisea-
puede interpretarse como un viaje ultramundano y probablemente
se basa en una estructura narrativa celta de un viaje por mar
(imrama), aunque en el siglo X, cuando se originó la leyenda,
también eran posibles otros medios de navegación.4,5
Viraz es un hombre probo de Irán, que según la influyente
escuela alemana de historia de las religiones -y lo sabemos por
Couliano, que además no acepta este aserto- es la tierra
natal de los viajes a otros mundos. Allí, los guerreros
extáticos prezoroástricos, practicaban éxtasis
chamánicos y viajes ultramundanos a un lugar celestial.
Cantaban ritualmente bajo el influjo de drogas (tal vez un hongo,
así como el beleño y la cannabis) que los tornaba
en furiosos asesinos o los acercaba a la experiencia extática
donde se unían de manera visionaria con los inmortales
benéficos y podían vislumbrar la vida posterior
mientras estuvieran vivos. La descripción de estas visiones
es frecuente hasta el siglo X, entre ellas la del sacerdote Kirdir,
quien, al considerarse justo, hace un viaje ultramundano por medio
de su doble, o alma ósea, acompañado de una mujer
muy hermosa, ya que puede proyectarse fuera de su cuerpo, para
llegar al paraíso donde come pan y carne y se encuentra
con un trono de oro, un infierno lleno de sabandijas, y un puente
"más ancho que largo".
Pero volviendo a Viraz, mediante una poción de mang, beleño
y vino, se prepara para partir durante siete días al más
allá pero piensa que no regresará, como les dice
a sus siete hermanas esposas. Hace testamento y ejecuta los ritos
funerarios para sí mismo. Se perfuma, se viste con ropas
nuevas, bebe tres copas de mang y duerme sobre un canapé
donde es observado por los sacerdotes mazdeístas y las
siete hermanas-esposas. Al séptimo día despierta
feliz y jubiloso, lleva los saludos de Ormuz, de los arcángeles
y de Zaratustra y luego dicta, a un escriba, el informe de su
viaje ultramundano, conocido como El libro de Arda Viraz. Allí
relata que Srosh y Adur reciben su alma apenas ha dejado el cuerpo
y, juntos, suben tres escalones que corresponden al humat (buenos
pensamientos), al huxt (buenas palabras) y al huwarsht (buenas
acciones). Después recorren el purgatorio, el paraíso
y el infierno. Según esta religión mazdeísta,
no es bueno derramar lágrimas por los difuntos porque contribuyen
a la creación de un gran río en la vida posterior
que impiden que las almas de los muertos lo atraviesen (Couliano).4
Del medioevo al mundo moderno
Durante la Edad Media se recogieron numerosos testimonios de experiencias
cercanas a la muerte que fueron luego estudiadas, analizadas y
publicadas por varios autores, entre ellos Carol Zaleski, especialista
en el tema de las religiones. El estudio comienza con una mirada
al otro mundo, desde la tradición del cristianismo occidental
entre los siglos VI al XIII, y cuyos frutos -los de la Edad Media-
se vieron al final de ese período, cuando se presenció
el auge del culto a la Virgen, la construcción de las catedrales
góticas, la aparición de las universidades a partir
de las escuelas catedralicias, el triunfo de la filosofía
aristotélica, la fundación de las nuevas órdenes
religiosas, el inicio de las herejías y del catarismo -herejía
de la Edad Media cuya doctrina se fundaba en una pureza absoluta
de las costumbres y el repudio a los sacramentos, al culto a las
imágenes y a la jerarquía eclesiástica-,
el amor en las cortes, el ciclo artúrico y el nacimiento
del purgatorio. A estos hechos se sumó el renovado interés
por las revelaciones y los viajes a otros mundos que culminó
Dante, en La divina comedia.
Estas experiencias del medioevo fueron testimonios reales de primera
mano, distintos a las visiones posteriores que tuvieron un toque
de literaria construcción. El análisis de Zaleski
no cae en el entusiasmo de la "Nueva era", ni tampoco
en el campo reduccionista que sólo tiene en cuenta las
condiciones fisiológicas, psicológicas y culturales
tal como lo predica Susan Blackmore, al decir que son "artefactos
de la imaginación". La doctora Zaleski demuestra que
la estructura narrativa relacionada con la revisión de
la vida y de la conversión, es básicamente la misma
de las narraciones contemporáneas, con algunas diferencias
en la manera de ver la muerte, teniendo en cuenta los procesos
jerárquicos, feudales y cosmológicos -así
como los elementos de un juicio y conversión posterior
que llevan a una rehabilitación moral como lo dictaba el
rigor monástico- propios del medioevo y el cambio, en los
tiempos recientes, hacia un vocabulario de la civilización
moderna con referentes a las teorías de la evolución,
la relatividad y la mecánica cuántica.6
Según R. Sennet, en relación con los elementos de
juicio y conversión, al iniciarse la Edad Media la confesión
era relativamente rutinaria, pero a partir del siglo XII cobró
el carácter de una relación más personal
entre dos individuos, con una mayor carga emocional, a causa de
la corriente de renovación religiosa. El sacerdote dialogaba
con el penitente para determinar, mediante preguntas y respuestas,
la gravedad relativa de la falta y el rigor apropiado de la penitencia.
El sacerdote debía mostrar compasión hacia los pecados
del feligrés en el momento en que el relato comenzara a
cobrar sentido. "El acto de la confesión era melancólico,
en el sentido medieval del término: exigía transparencia
entre el confesor y el penitente, así como introspección,
cuando el que se confesaba buscaba encontrar un sentido a sus
pecados". La melancolía era el más introvertido
de los cuatro temperamentos. Bajo su influjo la persona trataba
de sondear un secreto del alma que parecía oculto en su
interior y no tanto los problemas del mundo exterior, tal como
lo hacía el temperamento flemático que era más
científico. "La melancolía provocó la
meditación sobre los males que hacían que la gente
sufriera y sobre los secretos de la gracia de Dios". Y, ¿cuáles
eran los espacios para la melancolía? Los claustros, las
celdas, los jardines cercados y la habitación del moribundo,
para quien estas líneas escribe, pues es cuando se encuentra
sentido a toda la existencia, a veces con la ayuda de las experiencias
cercanas a la muerte; el discurrir a través de las buenas
acciones, las buenas palabras y las buenas acciones como enseña
el Arda Viraz. O a través de la introspección y
la visión panorámica de la existencia.7
La era moderna
En el siglo XVIII el ingeniero de minas, científico, filósofo
místico y clarividente, Emanuel Swedenborg (1688-1732),
coleccionó, escribió y popularizó numerosas
experiencias cercanas a la muerte y la comunicación con
los muertos. En uno de sus artículos, publicado años
más tarde en Lancet -en 1866 para ser precisos-, describe
el caso de una arzobispo, declarado erróneamente muerto,
quien luego dio cuenta de las conversaciones tejidas a su alrededor.
El escalador y geólogo Albert Heim, suizo, publicó
en 1892 las experiencias subjetivas de treinta personas que sobrevivieron
a caídas en los Alpes. Expresaron que: "No había ansiedad
alguna, ni huella de desesperación, ni tampoco dolor; más bien una
calma grave, una profunda aceptación, una agilidad mental
dominante y un sentimiento de seguridad... No había confusión de
ninguna clase. El tiempo se distendía enormemente. En muchos casos
se seguía una revisión repentina de todo el pasado...".8
En Rusia, Negovsky
reanimó a muchos soldados heridos en la Segunda guerra mundial
-que estuvieron cerca de la muerte debido a la injurias propias de
la guerra o a la hipotermia- y les preguntó por el trance sufrido.
Encontró que la mayoría la percibieron como un profundo sueño sin
sueños aunque algunos describieron escenas gloriosas en la otra
vida. Para el ruso, estas experiencias eran debidas "a la
percepción distorsionada de un cerebro que funciona mal".9
Años más tarde, en 1976, el siquiatra Noyes estudió
a 205 individuos que estuvieron en situaciones amenazantes de
la vida pero no perdieron la conciencia. De ellos entrevistó
a 76, que describieron su experiencia como si el tiempo transcurriera
más lento, estuvieran en estado de permanente calma, con
pensamientos vívidos y rápidos, experiencias de
déjà vu, sensación de separarse del cuerpo,
memoria panorámica y los efectos de la experiencia mística,
caracterizados por sentimientos de armonía o unidad, sensación
de gran comprensión, emoción positiva intensa y
sentimiento de estar controlados por una fuerza exterior. El autor
explica estos hallazgos como fenómenos de despersonalización,
que desde el punto de vista psicológico constituyen una
defensa contra la amenaza de la muerte. En relación con
la experiencia mística dice que no puede interpretarse
en términos psicológicos, por aquello de tener significado,
existencia o realidad espiritual. Es en la conciencia mística
donde cabe lo transitorio, lo pasivo y cierta cualidad noética,
es decir, la sensación de verdad que acompaña la
experiencia. O como diría W. James: "Son estados de
contemplación de las profundidades de la verdad que el
intelecto discursivo no puede sondear. Son iluminaciones, revelaciones,
llenas de sentido y trascendencia".10
La secta religiosa de los mormones acumula numerosas historias
sobre estas experiencias esenciales desde comienzos del siglo
XIX, cuando Joseph Smith tuvo "La primera visión", en la que
describe elementos comunes a las experiencias cercanas a la
muerte, como aquellas del vacío u oscuridad inicial, la entrada a
una luz brillante, el encuentro con seres luminosos, la revisión
de la vida, el perdón, la respuesta a inquietudes, la visión
profética, la re-entrada al cuerpo, la incapacidad de describir la
experiencia y el rechazo de comentarla a otros.11
Vida después de la vida
La temática de las experiencias cercanas a la muerte saltó
de lleno a la plaza pública en 1975, cuando el siquiatra
Raymond A. Moody Jr. publicó Vida después de la
vida, un best-seller que revolucionó este campo al sacarlo
de la clandestinidad, pues pocos se atrevían a hablar y
menos a publicar estas experiencias, salvo en dudosas revistas
de parapsicología, relatos folclóricos, periódicos
o libros de poca venta y escaso reconocimiento. Como dice la cubierta,
es un libro que: "ofrece la experiencia de aquellos que han
sido declarados clínicamente muertos... descripciones tan
similares, tan vívidas, tan positivas que pueden cambiar
la visión que tiene el hombre de la vida, la muerte y la
eterna vivencia espiritual". Fue Moody quien acuñó
el nombre de experiencia cercana a la muerte. En su texto habla
de los elementos que componen dicha experiencia como: la visión
del conocimiento, las ciudades de luz, la esfera de los espíritus,
los rescates sobrenaturales por la intervención de algo
o alguien espiritual, y el juicio o perdón por los pecados.
El doctor Moody, con otros colegas como Audette, Ring, Greyson
(psiquiatra) y Sabom (cardiólogo), fundaron la International
Association of Near Death Studies -IANDS- que investiga y aconseja
a las personas que han tenido esta experiencias. Más tarde,
desarrollaron una agenda política y espiritual llamada
New Age (Nueva Era).12
Como se dijo, el boom sobre esta temática floreció
con Moody, pero algunos autores serios se habían referido
a ella en la década del cincuenta, como el admirante Francis
Beaufort, el escritor Ernest Hemigway, el sacerdote Luis Tucker,
el explorador Richard Byrd, el piloto Edward Rickenbacker y el
psicólogo Carl Jung. Para el psiquiatra Oskar Pfister se
trata de fantasías reactivas ante el miedo de una muerte
inminente. Para el antropólogo Irving Hallowell, quien
estudió estas experiencias en los indios saulteaux, se
deben a la creencia que el agonizante tiene, en forma de vívida
sensación, de estar fuera del cuerpo, lo cual le permite
reunirse con familiares muertos, y esto posibilita que la transición
a la otra vida sea placentera.13
Estas experiencias hacen parte del proceso de aprender a morir,
común a todas las culturas, que busca la iluminación
espiritual y el acercamiento a las visiones beatíficas
o al "tumulto del ser" como decía Tomás
de Aquino. La muerte simbólica prepara al ser humano para
la experiencia real. Según Grof, la práctica experimental
de la muerte, o "morir antes de morir", libera al individuo del
miedo a la muerte, modifica su actitud hacia el morir y le permite
entender la vida. Además de servir de preparación para el final,
estas prácticas espirituales conducen a la iluminación.14
En los últimos años ha aumentado el interés
por los estados alterados de conciencia, las experiencias fuera
del cuerpo y las experiencias cuasi-muerte, aunque el psicoanálisis
dijera que había develado sus misterios y que todo eran
vergonzosos sueños infantiles y una imaginaria satisfacción
del deseo. Quizá se debe a la física y a las matemáticas
este interés por las formas místicas del conocimiento.
Se habla de nuevas perspectivas al afirmar que este universo visible
es sólo una convención basada en nuestra percepción
y que los mundos maravillosos e inimaginados están ocultos
en partículas minúsculas y tal vez en el espacio
conocido mismo que nos rodea. En todo este tema es necesario efectuar
una mirada a la cuarta dimensión como hicieron Hinton,
Gurdieff, Ovpensky, Huxley, Borges, quienes hablan del misticismo
como la observación mental de una realidad de grado superior.
Borges, con sus figuras literarias, se acerca a ese momento del
correr de las cortinas, cuando se encuentra el yo trascendente
y el sentido existencial, a ese momento o punto donde convergen
los demás. Así se lee, en El Aleph, que es uno de
los puntos del espacio que contiene todos los otros puntos y que
es visible debajo de cierto escalón de las escaleras del
sótano de la casa de un amigo que le revela el interior
de todas las cosas y también su exterior. "Vi la circulación
de mi propia, oscura sangre [...] vi el Aleph desde todos los
puntos y todos los ángulos, y en el Aleph vi la tierra
y en la tierra El Aleph y en El Aleph la tierra; vi mi propio
rostro y mis intestinos; vi tu rostro".
El argumento principal de las experiencias cercanas a la muerte
incluye zumbidos, ruidos de campanas, movimiento veloz a través
de un túnel, el encuentro con parientes y amigos muertos,
y una especie de juicio impartido por un ser luminoso que revela,
a los cuasimuertos, una visión panorámica de sus
vidas.
Dado todo esto es comprensible que la primera dimensión
desconocida y por lo tanto mítica con la que se enfrentó
la humanidad, antes de la era de la aviación y de la exploración
espacial, fuera, de hecho, la tercera dimensión. Las esferas
celestiales y los mundos interiores no sólo pertenecen
a las confusas fantasías de los pueblos precientíficos.
La experiencia y la ciencia retiraron tales lugares de la tercera
dimensión, pero no los suplantaron. En cierto sentido siempre
habrá una dimensión que lleve a lo desconocido,
sea la cuarta o la enésima. Porque el horizonte de lo desconocido
se mueve juntamente con el horizonte de la ciencia y ésta
nunca llega a hacerlo desaparecer. Todo esto da fe "de la
sutileza del Señor", como diría Einstein.
Huxley, el visionario
En la década del setenta se mencionó la posibilidad
de que el organismo del agonizante liberara sustancias que aliviaran
el dolor y el sufrimiento y posibilitaran la muerte, idealizada
con visiones beatíficas, a través de mecanismos
psicodislépticos o magnificadores de la mente. Y que las
explicaciones no fueran simplemente religiosas o fisio-patológicas
por carencia de oxígeno, retención de anhídrido
carbónico, metabolitos tóxicos, medicamentos, compromiso
cerebral por tumoración, epilepsia del lóbulo temporal
o por trastornos psicológicos, todo lo cual obligó
a nuevos planteamientos y estudios sobre los procesos fisiológicos,
psicológicos y espirituales del agonizante. Uno de los
autores que inició las terapias psicodélicas para
comprender el proceso de la agonía fue Aldous Huxley. Él
encontró que eran similares a los relatos de las experiencias
cercanas a la muerte, los viajes postmortem, los ritos iniciáticos,
los misterios, los rituales de muerte y renacimiento, el reencuentro
consigo mismo, el atisbo a la experiencia mística y la
liminalidad. Limen significa puerta o umbral y marca el límite
de la existencia humana y la entrada a otro mundo. En la liminalidad
la persona entra, en determinado momento, en comunión con
lo trascendente, a través, según Maslow, de la Experiencia
y la Actualización, ese momento cuando cada persona logra
el sentido auténtico de la vida y quizá la ecuanimidad
para morir.15
Huxley habla del mundo de la Experiencia Visionaria, mediante
la acción de drogas psicodislépticas como la mezcalina,
el yagé y el ácido lisérgico; o mediante
la hipnosis, la restricción ambiental, la meditación,
la iniciación mistérica y la agonía, todas
ellas experiencias liminales. También en los estados cercanos
a la muerte y en las experiencias extracorpóreas. La descripción
de estas experiencias visionarias, inducidas o espontáneas,
son similares a los paraísos y regiones fantásticas
descritas en diferentes culturas y religiones, como el Jardín
de las Hespérides, los Campos Elíseos, la Isla de
los Bienaventurados, el Jardín del Edén, donde son
comunes las flores y las piedras preciosas. En las visiones se
logra "que la percepción sea la Revelación,
la Realidad brille en toda apariencia y lo Uno esté total
e infinitamente presente en todas las particularidades" (Huxley).
La experiencia visionaria no siempre es bienaventurada. Es a veces
terrible pues se intensifica la individualización y el
cuerpo experimenta sensaciones similares a las descripciones clásicas
de los castigos infernales de presión, constricción
y encogimiento. Las emociones negativas como el miedo, el odio,
la ira o la malicia conducen a experiencias visionarias negativas.
También la llamada "teología del terror"
que predica castigos infernales.16
Para algunos
una prueba de la supervivencia del alma después de la muerte
física son las experiencias cercanas a la muerte. En condiciones
extremas, cuando parece inminente la muerte, algunas personas
sufren experiencias internas que incluyen la reviviscencia de
recuerdos o memoria panorámica y los efectos típicos de la
conciencia mística o realidad espiritual, como son el sentimiento
de armonía o unidad, la sensación de una gran comprensión, la
emoción positiva intensa y el sentimiento de estar controlados por
una fuerza exterior. Es una especie de despersonalización que
imita el estado de la muerte.17
Huxley, un hombre extraño que medía casi dos metros,
pesaba sesenta kilos y utilizaba, para ver, un arsenal de cristalería
óptica, además de literato, sociólogo, místico,
ensayista y estudioso de la filosofía hindú, fue
un explorador de la mente humana mediante la introspección,
la experimentación, el análisis histórico
y el uso de sustancias alucinógenas, entre ellas el ácido
lisérgico -LSD-. Experiencias que luego volcaría
en, Las puertas de la percepción y Cielo e infierno (1954).
Allí explica como se incrementan las percepciones sensoriales
y la euforia mística con el uso de las drogas psicodislépticas.18
Las terapias psicodélicas en el moribundo
Según Grof,19
la primera sugerencia de que las drogas psicodélicas
podrían ser usadas en la terapia de los moribundos para
calmarles el dolor, proviene de la pediatra Valentina Pavlovna
Wasson, una estudiosa de los hongos alucinógenos sagrados
de México quien, en 1957, logró que los laboratorios
Sandoz aislara la Psilocybe mexicana. Otro estímulo para
el uso de psicodélicos en la agonía proviene del
mencionado Huxley. Este filósofo, interesado en los fenómenos
de la agonía y la experiencia mística inducidos
por drogas psicodélicas, asistió en 1955 a su primera
esposa, durante la fase terminal de un cáncer. Le administró
LSD "para hacer de la agonía un estado más
espiritual que fisiológico". El mismo Huxley antes
de morir en 1963 tomó 100 microgramos de LSD para facilitar
la experiencia visionaria antes de morir.
Eric Kast (1960) estudió el LSD por sus propiedades analgésicas,
comparándolo con la dihidromorfinona y la meperidina. También
observó los cambios emocionales, los patrones de sueño,
las actitudes hacia el sentimiento de estar enfermo o en proceso
de muerte, así como la influencia de esta sustancia en
las ideas y en las experiencias filosóficas y religiosas
de las personas. Concluyó que el LSD mejoraba el proceso
de la agonía, tornaba a la persona más responsable
respecto a su ambiente familiar y permitía apreciar los
matices y las sutilezas de la vida diaria. Un colega, Sidney Cohen
(1965) sugirió que "la muerte viene a ser una experiencia
más humana al preservar la dignidad del moribundo".
Pero quizá los estudios más profundos provienen
del Instituto de Investigación psiquiátrica de Praga
dirigido por Stanislav Grof, y continuados por este en el Grove
State Hospital en Baltimore en 1967. Grof se interesó primero
por los aspectos teóricos y prácticos del psicoanálisis,
pero, más tarde, sus observaciones se dedicaron a los dominios
explorados por las varias escuelas de la tradición mística,
los templos del misterio y los ritos de pasaje de las culturas
antiguas y las pretecnológicas. Los más comunes
de esos fenómenos fueron las experiencias de muerte y renacimiento
seguidos de sentimientos de unidad cósmica; "este
profundo encuentro con la transitoriedad y la mortalidad son experiencias
muy complejas y tienen dimensiones biológicas, emocionales,
intelectuales, filosóficas y metafísicas".
En compañía de Sidney Wolf, atendió a una
compañera de su equipo de trabajo que sufría de
un cáncer inoperable de seno. Después de aceptar
la terapia psicodélica se le administró, en varias
ocasiones, LSD. En su relato posterior dijo "... principalmente
recuerdo que estaba sola en un mundo sin tiempo y sin límites[...]
lloré por los años malgastados, la búsqueda
de mi identidad por lugares falsos, las oportunidades desperdiciadas,
la energía emocional perdida en cosas insignificantes".
Más tarde, Walter N. Pahnke, en 1967, y John Halifax, en
1972, continuaron las experiencias hasta mitad de los setentas,
cuando estas investigaciones se fueron a pique por falta de fondos,
así como por el rechazo de los proyectos presentados, la
mala publicidad que se dio por el uso clandestino de las drogas
psicodislépticas y quizá problemas bioéticos.19
Descripciones
Casi todas las experiencias cercanas a la muerte son similares.
Moody las describió muy bien. Primero el individuo experimenta
la muerte clínica, definida como la falta de oxígeno
al cerebro y el compromiso de la función de la corteza.
Luego escucha las voces de los médicos y los familiares,
oye zumbidos o sones de campanas y se mueve a lo largo de un túnel
que tiene, al final, una especie de luz brillante. Luego el individuo
siente que está fuera del cuerpo y observa lo que se hace
con su cuerpo, por ejemplo las medidas de reanimación o
la cirugía. A veces siente una sensación de elevamiento
o éxtasis y experimenta fenómenos telepáticos,
visualiza espíritus de familiares muertos que actúan
como guías, alcanza la unión con la luz que los
creyentes cristianos o budistas asimilan con un ser superior.
Algunos visualizan experiencias de la vida, o la barrera que separa
la vida de la muerte, y saben el momento de retornar a la vida
con alegría, amor y paz. Finalmente la persona re-entra
a su cuerpo y recupera la conciencia.
La mayoría de las experiencias son descritas como positivas
pues los sobrevivientes se tornan espirituales, un aspecto difícil
de definir en términos fisiológicos. Se interesan
por los otros seres, aprecian intensamente la vida, disminuyen
su temor a la muerte, son menos materialistas y menos competitivos.20
Pero, por otro lado, pueden presentarse efectos negativos, sobre
todo cuando los familiares y amigos no creen en la experiencia
que han tenido ni en el cambio de conducta que muestran. Algunos
están deprimidos por el retorno a la vida, por la limitación
de las relaciones personales después de haber vivido la
experiencia del amor incondicional de Dios o de haber estado en
la Luz. Estas experiencias pueden ser invertidas cuando la persona
lo percibe en términos negativos y no hay, por ejemplo,
felicidad sino miedo, angustia o terror de perder el ego. También
pueden ser infernales, con demonios incluidos, o vacías
e insignificantes, cuando son objeto de burlas o son considerados
como trastornos sicológicos o productos de alucinaciones.
Para algunos esto es intolerable y tratan de probar que su historia
y cambio de conducta tienen mucho significado. Hoy se sabe, como
recuerda Morse,13 que estas experiencias hacen parte de la psicología
del moribundo y no deben considerarse como alucinaciones o producto
de procesos patológicos. Se presentan en personas con el
ego intacto y un normal funcionamiento sicológico. Según
el psiquiatra M. Schroeter, las experiencias cercanas a la muerte
pueden distinguirse de las alucinaciones debidas a la esquizofrenia
o a la disfunción orgánica cerebral. En general,
las primeras son positivas, sin ideación paranoide ni distorsión
de la realidad, sin imaginería negativa y sin elementos
olfativos, agresivos y hostiles como los que se ven en las alucinaciones
inducidas por drogas o en las psicosis. Las primeras representan
un conocimiento de la realidad, las otras la niegan. Las primeras
ocurren en personas normales que tienen fantasías, pero
también ansiedades como cualquier individuo.
Investigaciones
Varios investigadores médicos, de diferentes especialidades,
se han acercado a esta temática, como los cardiólogos
Michael Sabom, F. Shoonmaker, M. Rawlings, Schnaperl y Oakes,
entre otros, que realizaron sus trabajos en pacientes que tuvieron
paro cardíaco. También los psiquiatras Owen y Roberts,
quienes en 1988 concluyeron que las experiencias cercanas a la
muerte constituyen un fenómeno alucinatorio complejo que
se presenta en personas que perciben una muerte inminente y que
están asociadas con la psicología del moribundo.21
Para Kastenbaum, un crítico de ciertas posturas científicas:
"los estudios de las experiencias cercanas a la muerte han
traicionado su promesa inicial y permanecen en el nivel de historias
que se inician alrededor del fuego de los campamentos....no importa
que vengan de los psiquiatras freudianos, los psicológos
de la Nueva Era, los cardiólogos materialistas, las enfermeras,
los pediatras, los geólogos, los ingenieros de minas y
aún los radiólogos, quienes reportan los casos bajo
grandes titulares de prensa".22,23
Para la doctora S. Blackmore,24 en el momento de la muerte se
pierde el impulso sensitivo normal y se activa el lóbulo
temporal, que produce imágenes de personas, música
celestial y reunión con seres y animales queridos, que,
al no tener un punto de referencia con la realidad exterior, reconstruye
una realidad interna pero alterada. Según R. Siegel, los
túneles, las luces, las figuras religiosas, la música
celestial y en general todo lo que constituye la experiencia cercana
a la muerte, son estados alucinatorios en un cerebro estresado,
influido por el contexto cultural. Otros hablan de problemas en
el lóbulo temporal derecho y las estructuras relacionadas.
Freud explicó tales experiencias como si fueran una regresión
a la infancia, donde el ser de luz representa el amor incondicional
recibido. Para algunos siquiatras estas experiencias se explican
por eventos neurobiológicos en el lóbulo temporal.
La cesación del impulso externo a medida que el cerebro
muere hace que predominen las memorias internas, las emociones,
los sentimientos y otras imágenes como aquellas de los
guías espirituales, las memorias maternas o las ideas preconcebidas
de Dios o los ángeles.
Para el neurólogo Mandell, el reino celestial está
en el cerebro. Agrega que las convulsiones del lóbulo temporal
producen estas experiencias así como los estados místicos
que llevan a conversiones religiosas y estados beatíficos.
Lanza la hipótesis de que al hipocampo llegan las sensaciones
del mundo exterior y también los recuerdos y las emociones
del mundo interno y que, durante las convulsiones del lóbulo
temporal, que comprometen el hipocampo y la sincronía de
estas sensaciones, se produce la predominancia de lo interno.
La cesación del impulso externo a medida que el cerebro
muere hace que predomine la memoria interna, como las emociones,
los sentimientos y el tipo de imágenes descrito anteriormente.
Muchos presumen que las experiencias cercanas a la muerte reflejan
los últimos minutos de las conciencia humana.25
Otros puntos de vista
Para Morse,13
la incidencia de tales experiencias y la precisa
fenomenología que las acompaña se integran a la
psicología de la agonía y no deben ser consideradas
alucinaciones o procesos patológicos. Este mismo autor
ha investigado numerosas experiencias de este tipo en niños,
que apenas tienen un concepto de la muerte y no han experimentado
la diferenciación del ego. Ellos también ven túneles
y luces brillantes. "Yo entré en una habitación
donde estaba una hermosa persona que se sentó junto a mí.
Me preguntó si quería quedarme con él o regresar".
Éstas y otras historias similares, según Vernon Neppe, director de Neuropsiquiatría de la Universidad de
Washington, deben analizarse como "experiencias subjetivas
paranormales", denominación que permite a los clínicos
estudiar las experiencias visionarias o experiencias paranormales,
sin tener en cuenta la postura filosófica o la objetividad
real de ellas".26
Para otros, estas experiencias son similares a la llamada despersonalización
transitoria y a la sicosis de la unidad de cuidado intensivo.
La primera consiste en un estado disociativo pasajero que se presenta
en algunos individuos antes de una muerte accidental o en momentos
de intensa concentración. Se manifiesta por una inusual
claridad de pensamiento, así como la sensación de
que el tiempo transcurre lentamente y hay paz y calma. Algunos
lo llaman "entrar en la zona"; por ejemplo, cuando es
tan intensa la concentración que los bateadores no oyen
los aplausos de la multitud y tienen tiempo de ver la bola que
rota hacia ellos, tan lentamente que pueden observar las costuras.
La psicosis que se presenta en las unidades de cuidado intensivo,
se ve en pacientes semiconscientes que describen elementos e interpretaciones
de sus ilusiones y sufrimientos, propios de una amnesia selectiva,
o como la que se observa en casos de intoxicación narcótica.
Autores como D. Carr proponen que estas experiencias son similares
a las complejas alucinaciones asociadas con la disfunción
del lóbulo límbico relacionadas posiblemente con
la secreción de péptidos opioides endógenos
-endorfinas- que podrían explicar la placidez y la ausencia
de dolor.27 Este mismo autor se queja de que los estudiosos de
este tema sean vistos con escépticismo, se les considere
poco creíbles y en contracorriente de la ciencia, igual
a como miraron a aquellos que se dedicaron a estudiar la complejidad,
la resonancia magnética, las endorfinas, la ansiedad....No
obstante, esas personas continuaron con sus investigaciones hasta
que captaron la atención de sus críticos. "No
estoy seguro que la investigación sobre las bases biológicas
de las experiencias cercanas a la muerte madure tanto como otras
áreas, puesto que en este caso son fenómenos imposibles
de estudiar o bordean los límites de lo ético. Tampoco
es claro qué beneficios podría lograrse de conocer
las bases biológicas, independiente del beneficio a la
sabiduría colectiva de la cultura, entre otras cosas porque
también es casi imposible definir la filogenia y la ontogenia
de la misma conciencia".28 Más recientemente, el doctor
D. Carr ha propuesto que estas experiencias son ilusiones perceptuales,
es decir, que lo que se aprehende por sensación no corresponde
con lo que las cosas son realmente.29 Vale la pena recordar la
anécdota, contada por S.J. Gould en The Flamingo's Smile,
cuando una asociación de ciegos le propuso al director
del museo donde está el aeroplano original de Charles Limbergh,
que les permitiera "ver" a su manera el aparato volador.
El director aceptó la petición y propuso construirles
un verdadero hangar con techo alto y una réplica del famoso
avión. Así los ciegos podrían subirse, recorrerlo,
tocarlo, olerlo e interpretarlo. Los invidentes aceptaron la oferta
siempre y cuando la réplica estuviera debajo del original.
¿Ilusión perceptual?
Medicamentos como la ketamina reproducen estas experiencias al
bloquear los receptores cerebrales llamados N-metil-aspartato
-o NMDA-, e impedir que el neurotransmisor glutamato se una a
dicho receptor. Es un aminoácido excitatorio que desempeña
su papel en el hipocampo y los lóbulos temporal y frontal,
y juega un rol importante en todos los procesos cognitivos que
comprometen el cortex cerebral, incluyendo el pensamiento, la
memoria y la percepción. En algunos casos de estrés
-debidos por ejemplo a la hipoxia, la isquemia, la hipoglicemia,
la epilepsia del lóbulo temporal-, el organismo libera
gran cantidad de glutamato que incrementa la actividad de los
receptores NMDA y causan el proceso denominado neuro o excito-toxicidad,
que puede matar a las neuronas. La ketamina previene este estado.
Según K. Jansen, hay sustancias en el cerebro, las endopsicosinas,
que se unen al mismo receptor, como la ketamina. Se considera
que las situaciones que disparan la producción de glutamato
en gran cantidad pueden también disparar, al mismo tiempo,
otras sustancias neuro-protectoras que se unen a los receptores
NMDA con el fin de proteger las células, llevando a un
estado alterado de la conciencia similar al que produce la ketamina.
Ésta es una droga empleada en anestesia. Es de corta acción,
es alucinógena y produce la llamada, anestesia disociativa,
donde el paciente" está disociado" y salido de
su cuerpo. Es además analgésica pero con acción
diferente. Cuando se usa como anestésico debe combinarse
con ansiolíticos para evitar la presentación de
experiencias cercanas a la muerte. El estado de conciencia alterada
por la ketamina es diferente de los producidos por el LSD y la
DMT (dimetiltriptamina).30
Para Jansen, las experiencias cercanas a la muerte son un fenómeno
de importancia en medicina, neurociencias, neurología,
siquiatría, filosofía y religión y no son evidencia de
una vida posterior a la muerte, por la sencilla razón lógica que
la muerte es el fin, el fin irreversible, y aquellos que retornan,
por definición, no murieron, aunque su cuerpo, cerebro y mente
hubieran experimentado un estado inusual.30
Entre los eventos y fenómenos que pueden llevar a estas
experiencias cercanas se mencionan: la agonía, la estimulación
cerebral, el coma, el orgasmo, la gravedad, los trastornos psiquiátricos,
los accidentes, los sueños, la cirugía, la meditación,
el estrés, las convulsiones, los movimientos oculares,
las drogas psicodislépticas, la relajación, el espejo...
Importancia y efectos a largo plazo
Los estudios sobre las experiencias cercanas a la muerte dan una
idea de lo que pasa en el agonizante. De las vivencias espirituales
y emocionales y de los cambios actitudinales positivos. Si, como
dice Morse,13 se acepta que, a menudo, la agonía es una
experiencia ecuánime, serena y espiritual, no se utilizaría
la técnica irracional y deshumanizante, se dejaría
morir con más frecuencia y en paz a los que no tienen posibilidad
de continuar con la existencia, abaratando los costos del morir
y la muerte. Estos estudios evidencian, o por lo menos se aproximan,
a lo que es el proceso de morir, donde tienen cabida la visiones
de la muerte, con sus premoniciones y visitas postmorten. Según
Carl Sagan: "esas visiones y encuentros se originan en nuestra
cultura sicológica y no son propiamente conocimientos originados
en otro mundo sino que constituyen una reflexión sobre
las propias y profundas fuerzas psíquicas". A lo mejor
para el personal de la salud estas experiencias son absurdas e
irracionales, pero éste olvida que para quien las sufre
tienen un hondo significado espiritual.
Son eventos que transcurren en tiempo real -y no son fantasías
reactivas-, que llevan a cambios permanentes, y positivos, en
el modo de ser de las personas que no mueren. Sufren menos cuadros
de ansiedad y depresión, menos incidencia de drogadicción,
dedican más tiempo a la meditación y al ejercicio,
y hay menor incidencia de estrés postraumático.
Y si la persona tiene esta experiencia cuando la muerte está
cerca, le facilitará el proceso de la aflicción.
Ellas confirman la dimensión espiritual que a veces se
reducen a un abrazo, una mirada, una leve sonrisa o un breve comentario
como "luz, más luz". Las premoniciones, que también
hacen parte de las experiencias cercanas a la muerte, son a menudo
vagas percepciones o sentimientos que ayudan al restablecimiento
de la fe en el orden del universo y dan sentido a la muerte. Las
visitas postmorten a veces son diálogos con el ser que
ha partido, que, no importando su contexto, facilitan la aflicción,
permiten la aceptación de la pérdida, disminuyen
los sentimientos de culpabilidad y resentimiento y canalizan la
energía emocional de los sobrevivientes. Esto da significado
al proceso de la muerte debido a su rol místico dentro
de la sociedad. También ayudan a prevenir o aliviar el
síndrome de agotamiento -burnout- de quienes cuidan, pues
los separa un poco de su mirada científica, les dice que
los milagros existen cuando hay aprojimación y ternura,
les cohibe de tratamientos que solo prolongan la innecesaria agonía,
les humanizan -ablandan el corazón- en la atención
del moribundo y les iluminan en el afrontamiento de la muerte
propia. Enseñan que la agonía puede ser un proceso
dichoso y espiritual, que las experiencias cercanas no son alucinaciones
patológicas -y, si lo fueran serían universales-
ni fantasías psiquiátricas y que la muerte no debe
ser temida (Morse).13,31
Implicaciones personales
Estas experiencias representan una dimensión espiritual
de la agonía. Estimulan el estudio de los efectos espirituales
en el proceso de morir y de la aflicción. Ayudan en el
contexto terapéutico, sin entrar en profundos debates filosóficos
y técnicos que pueden llevar al encarnizamiento terapéutico.
Es bueno que se escuchen y validen esas experiencias. Y se las
comparta con respeto y dignidad sin entrar en explicaciones demasiado
técnicas, tratando de controlar e interpretar las vivencias
de los pacientes. El simple proceso de escucharlos, calmarlos,
dedicarles tiempo, mirarlos, estrecharles la mano, responder con
sencillez a sus preguntas, decirles que son experiencias frecuentes
y que no son dolorosas, produce gran sensación de alivio.
Esto permite que el proceso de morir sea menos impersonal, así
como más espiritual y humanizada la asistencia médica.
De lo contrario, los agonizantes se resienten en su dignidad y
autoestima y se consideran poco creíbles, inútiles
y estorbosos, Si todos supieran que muchos pacientes comatosos
y agonizantes son conscientes de lo que les pasa y de lo que ocurre
en el contexto cercano y que son capaces de procesar la información
emocional, los médicos, los familiares y los amigos gastarían
más tiempo al lado de la cama y habría campo para
la aflicción anticipatoria y para compartir experiencias.
Tambien se ayudaría al que muere a que el proceso de ensimismamiento,
revisión y representación social y sicológica,
comunes al final de la vida, sea positivo en la búsqueda
de significado y sentido existencial, en el diálogo consigo
mismo y en la percepción de la espiritualidad, que lo acercarían
a la ecuanimidad, la imperturbabilidad, la serenidad, propias
de la experiencia mística. Esas experiencias y acercamientos
le dicen al paciente que es y seguirá siendo importante
para aquellos que lo quieren y aprecian -otra manera de la inmortalidad,
pues como diría el poeta, "los seres queridos no mueren,
quedan encantados"-. Y si los que agonizan son niños,
¡cuánto confort hallarán los padres al saber
que los hijos escucharon sus palabras de despedida, que sintieron
los llantos y los abrazos, y las oraciones y las promesas de encuentros
cercanos!. Es que los niños también quieren saber
qué les va a pasar y cómo se sentirán sus
seres queridos. Es bueno explicarles, por lo tanto, que el proceso
de la agonía no es doloroso, horrible ni temible. Que a
menudo, cuando hay dolor intenso por cualquier causa, uno se sale
del cuerpo en el momento del dolor. Que uno puede escuchar y ver
a los padres, familiares y amigos (y eso conforta al niño).
Por eso es aconsejable hablarles muy quedo al oido, bendecirlos,
tocarlos, explicarles y asegurarles que nunca serán olvidados. Y
si no mueren, y se recuperan, animarlos a que expresen sus miedos,
ansiedades y preguntas. No juzgarlos y menos tratarlos como si
padeciesen trastornos mentales. Todas esas experiencias cercanas a
la muerte tienen sentido y significado para las personas que las
experimentan.13,31
¿Cómo ayudar a las personas?
Es importante mermar los temores del paciente dándole un
entorno de confianza para que se exprese y se adapte. Estas experiencias,
como explica Corcoran,32 pueden desencadenar estados de emergencia
espiritual. Quienes las experimentan no saben qué les ha
ocurrido. A veces es terrible cuando no se les interpreta adecuadamente.
El vacío, espacio u oscuridad puede interpretarse como
algo negativo. De allí que el personal de la salud deba
estar alerta a los signos de experiencias cercanas a la muerte
en los pacientes. Algunos lo comentarán directamente. Otros
hablarán de "sueños extraños".
O estarán enfadados, introvertidos, tranquilos o silenciosos
al despertar. O manifestarán cambios en el modo de ser.
Es bueno abordarlos sutilmente y decirles, por ejemplo, que la
gente que pasa por una crisis similar a la suya tiene muchas experiencias
diferentes. ¿Hay algo sobre lo que el paciente desea hablar?
Hay que explorar las propias actitudes sobre estas experiencias.
Es posible que muchas personas no crean en ellas pero, no obstante,
se debe apoyar al paciente en los aspectos emocionales y espirituales.
Escúchelo sin cambiar de tema. Evite formular juicios y
céntrese en el impacto que la experiencia ha tenido para
el paciente. Permita que exprese las emociones según su
propio ritmo y no se sorprenda de lo que diga. Obtenga una relación
de mutua confianza. Escúchelo con atención, y corrobórelo
con gestos faciales y lenguaje corporal. Que repita lo que no
ha quedado claro. No haga preguntas para que el paciente diga
sí o no, sino preguntas abiertas; por ejemplo, ¿como
se sintió al regresar de la experiencia? No apremiarlo
si no quiere hablar. No le explique la situación en términos
filosóficos, psicológicos ni técnicos, ni
que todo se debió a un medicamento, a una reacción
al estrés o al temor a la muerte. No lo considere como
si sufriera un trastorno mental. No dé la impresión
de abandonar al paciente. Son vulnerables. Quizá sientan
el rechazo porque regresaron. A veces temen narrar su experiencia.
Contáctelo -¡tóquelo!- durante y después
de la inconsciencia. Oriéntele respeto a su nombre, lugar
y tiempo presente. Dígale qué se hace en con cuerpo;
por ejemplo si tiene un tubo en la tráquea y está
conectado a un ventilador. Tóquelo con frecuencia. Recuerde
que los comatosos y los agonizantes pueden escuchar y ver a través
de procesos fisiológicos no muy conocidos. Facilítele
información sobre lo que se sabe de las experiencias cercanas
a la muerte. Tranquilícelo. Dígale que muchas otras
personas han tenido la misma experiencia. Que lea algunos libros
o que se comunique con IANDS -Asociación Internacional
para el Estudio de las Experiencias Cercanas a la Muerte- Y si
es necesario, envíelo a un profesional adecuado que comprenda
este fenómeno. Recuerde que la mayoría de estos
"experienciadores" no necesitan ayuda especializada
Finalmente
recuerde, lo dice Corcoran, que "el paciente necesita que
usted lo escuche, no que lo analice. Su empatía y aceptación
le ayudan a transformar su experiencia cercana a la muerte en
otra que enriquezca su vida...y quizá también la
de usted".32,33
Colofón
Es tan misterioso, y sapiente el cerebro humano, que se crea sus
propios cielos e infiernos. Y aun la eternidad en el momento de
la muerte (con la que muere)
Bibliografía
1 SULLIVAN
Lawrence E. Director del Centro para el Estudio de las Religiones
Universales, Universidad de Harvard. Prólogo, al libro
de COULIANO Joan P. Más allá de este mundo. Paraísos,
purgatorios e infiernos. Un viaje a través de las culturas
religiosas. Barcelona: Paidos Orientalia. 1993.
2 CROCKER John. The Epic of Gilgamesh. 1998.
3 MOODY R. "Ciudades luminosas". En: La muerte y el
morir. Desafío y Cambio. Editores Fulton R, Markusen E.,
Owen Greg, Scheiber J. Puerto Rico: Fondo Educativo Interamericano,
1981:126-32.
4 COULIANO Joan P. Más allá de este mundo. Paraísos,
purgatorios e infiernos. Un viaje a través de las culturas
religiosas. Barcelona: Paidos Orientalia. 1993.
5 ZALESKI C. Otherworld journeys. New York: Oxford University
Press. 1987.
6 LODER James E. "Book review to Otherworld Journeys. Accounts
of near- death-experiences by Carol Zaleski". Princeton Theological
Seminary, New Jersey.
7 SENNET R. Carne y piedra. Madrid: Alianza Editorial, 1997.
8 HEIM A., "Remarks on fatal falls", en Yearbook of
the Swiss Alpine Club, 1892. Citado por Noyes.
9 NEGOVSKY VA. "Reanimatology Today". Crit Care Med
1982; 10:130-3.
10 Noyes R. "Near death experiences: their interpretation
and significance". En: Kastenbaum R. Between life and death.
New York: Springer Publishing, 1979:73-88.
11 FILLERUP Robert. "Early Mormon Visions and Near Death
Experiences". Sunstone Symposim 90, august 22, 1990. Last
modified, november 27, 1996.
12 MOODY R.A. Vida después de la Vida. Edaf: Madrid, 1980
13 MORSE Melvin L. "Near Death Experiences and Death-Related
visions in children: Implications for the Clinician". Curr
Prob Pediatr 1994. 24,55-63.
14 GROF S, Los Libros de los Muertos. Madrid: Debate; 1994.
15 MASLOW AH Religions, Values and Peak-Experiences. Columbus:
Ohio State University Press 1964.
16 NOYES Jr. R. "Experiencias de muerte cercana. Su interpretación
y significado". En: Kastenbaum R (editor) Entre la Vida y
la Muerte. Barcelona: Herder, 1984.
17 ANDREWS C. The Ancient Egyptian Book of the Dead. New York:
Macmillan Publishing Company, 1985.
18 MARTÍ IBÁÑEZ Félix. "Buscador
del sendero". Revista MD. En Español. Febrero 1966:92-98.
19 GROF Stanislaw, HALIFAX Joan. "The history of psychedelic
therapy with dying". En: The human encounter with death,
editors Grof & Halifax. New York: E.P. Dutton 1977, Chapter
2.
20 GREYSON B., BUSH NE. "Near Death Experiences. Psychiatry"
1992; 55:95-110.
21 ROBERTS G, Owen J. "The near death experience". Br.
J Psychiatry 1988; 153:607-17.
22 KASTENBAUM Robert. ¿Hay vida después de la muerte?
Bogotá, Círculo de Lectores, 1988.
23 KASTENBAUM Robert. Entre la vida y la muerte. Barcelona: Editorial
Herder, 1984.
24 BLAKEMORE Susan. "Near-Death Experiences": "Out
of the body. Skeptical Inquirer1991, 16, 34-45.También:
http://www.susanblackmore.co.uk/si91nde.html
25 MANDELL A. "Toward a psychology of transcendence: god
in the brain". En Davidson, Davidson (eds). The psychobiology
of consciousness. New York: Plenum Press. 1980:54-86. Citado por
Morse M..
26 NEPPE VM "Temporal lobe symptomatology in subjetive paranormal
experiences". J Am Soc Psychical Res 1983; 77:1-29. Citado
por Morse.
27 CARR D. "Pathophysiology of stress-induced limbic lobe
disfunction: a hypothesis for NDS". Anabiosis: The Journal
of Near-Death Studies. 1982; 2:75-89).
28 CARR D. "On the evolving neurobiology of the near-death
experience". Journal of Near-Death Studies 1989; 7:251-54.
29 CARR D. Información personal, junio de 2004.
30 JANSEN Karl L.R. "The ketamina model of the near death
experience: A central role for the NMDA receptor".(http://leda.lycaeum.org/?D=9264.
31 DOWLING SING Kathleen. "The Grace in Dying. How we are
transformed spiritually as we die. An interview by Gilles Bedard".
http://pages.globetrotter.net/inerson/ondeath/singh,html
32 CORCORAN Diane K. "Experiencias cercanas a la muerte".
Nursing 1989; 7:8-15.33
ÁLVAREZ
ECHEVERRI T. "El umbral de la muerte". Revista Universidad
de Antioquia. 1999, 258: 41-49.