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Revista
No. 276 / Abril - Junio
Entrevista a Jaime Jaramillo Escobar
Luis Fernando
Macías Zuluaga
LFM:
Jaime, vos naciste en
JJE: Pueblorrico.
LFM:
Y, ¿cuál es la fecha exacta?
JJE: Mayo 25 de 1932.
LFM:
¿Mayo?, o sea que no te tocó Tauro.
JJE: Géminis. Yo soy del 25.
LFM:
¿En tu casa, cuántos hermanos eran?
JJE: Seis.
LFM:
Y vos, eras
JJE: El primero, el mayor.
[Ante la mención de su familia, fue hasta el fondo de la
biblioteca y regresó con un portarretratos en la mano, en
cuya fotografía aparecía la sagrada familia, los padres
atrás, de pie, los hijos adelante].
LFM:
¿Ésta es tu hermana?
JJE: Sí. Ahora vive en Medellín, se llama Lucina,
es la madre de los sobrinos míos que conociste en la época
del taller.
LFM:
Después sigue...
JJE: Jairo, que vive en Bogotá.
LFM:
Y ella, ¿quién es?
JJE: Mi abuela materna, se llamaba Vitelia. La que sigue es mi mamá,
Amalia, que ya murió. El papá se llamaba Enrique,
ambos de Urrao.
LFM:
En esta foto, ¿cuántos años tenías?
JJE: No tengo la fecha exacta. Probablemente es del 49. Yo podría
tener 17 años.
LFM:
¿Esta foto, es de Andes?
JJE: No, de Altamira. De Pueblorrico nos fuimos a vivir a Urrao,
y poco después a Altamira. Cuando yo estudiaba en Andes,
la familia vivía en Altamira.
LFM:
Y, ¿en qué año se fueron a vivir allá?
JJE: En el 36.
LFM:
O sea que tenías 4 años. Y, cuando estudiabas en Andes,
¿ibas a la casa todas las semanas?
JJE: No, una o dos veces al año, porque en esa época
era muy lejos, se iba a caballo al río Cauca, después
en un tren, que ya no existe, hasta Bolombolo, y luego en bus de
escalera para llegar a Andes. En ese entonces el viaje podía
durar dos días.
LFM:
Y entonces allá, ¿dónde vivías?
JJE: Era interno. En las vacaciones de medio año no podía
ir a la casa, me quedaba en el colegio. El rector me había
dado permiso de quedarme el tiempo de las vacaciones; me quedaba
solo, pero tenía la llave de la biblioteca. Era el tiempo
más querido del año, porque tenía la biblioteca
para mí solo. Lo que no recuerdo es dónde comía,
si el colegio estaba cerrado.
LFM:
Entonces eras vos solo, ¿no había nadie?
JJE: Un celador.
LFM:
¿Vos llegaste allá a primero de primaria?
JJE: Yo hice la primaria en Altamira. Y también un preparatorio.
En ese tiempo había un año que se llamaba preparatorio.
Luego, en el 46, fui a Andes para el bachillerato. Regresaba a la
casa sólo en las vacaciones de fin de año, porque
el viaje era largo y complicado.
LFM:
Y allá estudiaste, ¿hasta qué año?
JJE: En Andes hice todos los años, con Gonzalo Arango. Allá
fue donde me encontré con él.
LFM:
¿O sea que te encontraste con Gonzalo en el bachillerato?
JJE: En el 46, yo estaba en primero de bachillerato. Gonzalo estaba
en segundo. Él me llevaba un año. Nació en
el 31.
LFM:
Y, ¿por qué se hicieron amigos?
JJE: Por afinidad con la literatura. Gonzalo hizo allá hasta
quinto y se vino a terminar en el Liceo Antioqueño. Eso le
facilitaba el ingreso a la Universidad. Yo permanecí allá.
Después, al final (en ese tiempo la nomenclatura era distinta
a la actual), me expulsaron. Todavía no tengo claro por qué.
LFM:
Y, ¿por qué?
JJE: En esa época era así: al estudiante podían
cancelarle la matrícula sin decirle por qué. Y enviaban
un comunicado a la Secretaría de Educación para que
el muchacho no pudiera entrar a ningún otro Colegio. El Secretario
de Educación departamental era el doctor Joaquín Pérez
Villa. Fui a hablar con él. Y ese señor tan gordo
en ese palacio de la Gobernación entreabrió la puerta
y me dijo que volviera al otro día. No volví. La cosa
quedó así.
LFM:
¿Y así de autónomo era el rector? ¿Él
es el del poema a Guillermo Valencia?
JJE: No. El del poema es don Gabriel Carro Urrego. Vive en Medellín.
Tiene 86 años. Voy algunas veces a visitarlo en su apartamento
de las torres de Bomboná.
LFM:
¿Te acordás cómo fue el primer encuentro con
Gonzalo?
JJE: En el río San Juan, nadando, comiendo guayabas, pajareando.
Desde que yo estaba en primero de bachillerato tenía un periódico
que circulaba en el colegio y también en el pueblo. Con motivo
del IV Centenario de Cervantes, le pedí a Gonzalo que escribiera
un artículo, y él escribió su primer artículo
con ese motivo.
LFM:
¿Él no había escrito antes?
JJE: Se publicó el artículo y él siguió
escribiendo. Entonces nos hicimos más amigos. Yo iba a su
casa a leer, a estudiar y a conversar.
LFM:
¿O sea que no terminaste el bachillerato?
JJE: Me echaron al terminar el año, en octubre, no faltaban
sino los exámenes. Entonces volví a Altamira por pocos
meses. En enero siguiente la guerrilla asaltó el pueblo.
Yo estaba trabajando como Secretario de la Inspección de
Policía. La guerrilla fue a la casa, a quemarla.
LFM:
La primera guerrilla, ¿era qué?
JJE: Era liberal. Fueron a quemar la casa y efectivamente le prendieron
fuego, pero empezó a llover en ese momento.
LFM:
¿Y seguiste trabajando en la Inspección?
JJE: No. Me vine para Medellín. Poco después la familia
también salió de allá. Nosotros somos desplazados
de la primera violencia. Hubo que dejar todo.
LFM:
¿Y en qué año te fuiste para Bogotá?
JJE: Eso fue en el 53. Ya que no había seguido estudiando,
buscaba un acercamiento a la cultura.
LFM:
¿Escribías poemas desde el bachillerato?
JJE: No, desde la escuela primaria.
LFM:
¿Y tenés algo de esa época?
JJE: No; solamente recuerdo dos fragmentos. Cuando terminé
la escuela primaria había leído toda la poesía
que se podía conocer en Colombia. Yo me las ingeniaba. Cuando
viajaba alguna persona a Medellín le encargaba libros, que
se conseguían desde cinco centavos en adelante.
LFM:
En esa época cinco centavos era mucha plata.
JJE: Mi papá era maestro y la escuela tenía una biblioteca
muy buena, aunque nadie leía... Cuando fui a hacer el bachillerato,
ya conocía toda la poesía colombiana y la del Brasil,
traducida. Yo sabía muchas cosas, porque en mi casa había
libros de poesía que eran de mi mamá, y otros que
eran de mi papá.
LFM:
Estabas hablando del poema que decía...
JJE: Aún arden racimos picoteados de pájaros,
de cuando me pasaba crepúsculos enteros
al borde del camino contemplando los árboles
y mirando en el aire la curva de los cerros.
Y
había otro que decía:
El
mar yo no conozco. Cuando sus olas vea,
mi espíritu sediento sobre ellas rodará.
El piélago infinito mi sepultura sea.
Sólo su agua anchurosa mi ambición colmará.
Eso
era lo que escribía. Yo estaba en la escuela primaria. Desde
entonces entendí que era lo que más fácil me
resultaba escribir. En esa época las revistas y periódicos
publicaban poesía. De la buena. De los mejores poetas. Altamira
era una aldea, no tenía carretera, el transporte era en mula.
La prensa y el correo llegaban los miércoles y los sábados.
LFM:
Volviendo un poco adonde íbamos, nos dijiste que habías
estado aquí desde el 51 hasta el 53 y que en el 53 te fuiste
para Bogotá.
JJE: Sí; en el 53 me fui para Bogotá y allá
trabajé con el Distrito, en la Alcaldía, en el departamento
de sistemas, con computadoras eléctricas de la primera generación.
LFM:
Y allá trabajaste, ¿hasta qué año?
JJE: En Bogotá, hasta el 57. Luego viajé a Cali, y
allí apareció Gonzalo Arango con el Nadaísmo.
LFM:
¿Estabas en Cali en el 57?
JJE: Trabajaba en la Alcaldía, también con computadoras.
Me fui para Cali por curiosidad, porque a mí siempre me había
atraído Cali. El destino preferido de los antioqueños
era el Valle del Cauca. Todo el mundo se iba para Cali, porque allá
dizque vivía el diablo. Era bueno ir a conocerlo, ¿no?
En el 62 retorné a Bogotá, y desde el 66 hasta el
69 viví en Barranquilla. Allá trabajé con Plinio
Apuleyo Mendoza en su agencia de Publicidad. Yo tenía experiencia,
pues había trabajado antes en Bogotá con Propaganda
Sancho.
LFM:
¿Y entonces, en el 70, qué?
JJE: Primero, inicié con Gonzalo Arango la revista Nadaísmo,
de la cual salieron ocho números, y establecí con
mi amigo Gabriel Urrea Gómez una agencia de publicidad que
se llamó O. P. Institucional Ltda. Tuvimos esa agencia mucho
tiempo, hasta diciembre del 82.
LFM:
¿Quiere eso decir que en el 83 escribiste Sombrero de ahogado
y Poemas de tierra caliente, y ganaste los premios?
JJE: Sí. Volví a Cali en diciembre del 82, y estuve
solamente hasta febrero del 85. Allá escribí el libro
que originalmente era uno solo y lo partí en dos porque las
bases de los concursos decían máximo tantas páginas...
LFM:
Pero dejaste la agencia, y ¿de qué viviste en Cali
esos tres años?
JJE: Me habían quedado unos trabajos de tipo editorial que
podía atender particularmente, sin necesidad de tener la
agencia. Me quedaba la mayor parte del tiempo disponible. Quería
dedicarme un poquito a lo mío.
LFM:
Volvamos al comienzo. ¿Cuándo empezaste Los poemas
de la ofensa?
JJE: Ese libro lo escribí en Cali. Lo mismo los dos siguientes,
Sombrero de ahogado y Poemas de tierra caliente. Estos últimos
en los primeros tres meses de 1983.
LFM:
¿Y por qué te viniste para Medellín?
JJE: Porque me había encontrado con Darío Jaramillo
en Cali y me propuso la idea de un taller de poesía y creación
literaria.
LFM:
¿Darío Jaramillo fue jurado en el concurso "Cote
Lamus" con María Mercedes Carranza?
JJE: No. Fue David Bonells Rovira. No recuerdo el tercero. En ese
mismo año, en el concurso de la Universidad de Antioquia,
los jurados fueron Eugenio Montejo, María Mercedes Carranza
y un tercero a quien tampoco recuerdo. Yo no le pongo cuidado a
eso. Ellos hicieron su trabajo y yo hice el mío.
LFM:
Si uno en Los poemas de la ofensa encuentra una poesía que
se puede llamar lírica, ¿por qué ese cambio
a la poesía épica de Sombrero de ahogado y Poemas
de tierra caliente? ¿Le tenías un nombre al otro libro?
JJE: Es una épica lírica. Hasta ese momento eran poemas
sueltos.
LFM:
¿Sin un título, sin una idea de libro?
JJE: No, yo no pensaba en libro. Cada poema debe ser totalmente
independiente. No se escriben libros de poemas. El libro resulta
de una compilación posterior. Escribir libros de poemas es
un crimen. Por eso salen siempre tan malos.
LFM:
Es muy distinta la poética de Los poemas de la ofensa a los
sonetos del Sombrero de ahogado, por ejemplo. Uno advierte en los
poemas un estilo al que se le puede llamar "el enigma",
donde todo es enigmático, desde el nombre del autor: "X-504",
que es un enigma para resolver, hasta cualquiera de los poemas,
en cualquiera de las secciones del libro, como los poemas de la
soledad y los que tratan del encuentro con el otro; incluso hay
unos que son otra cosa distinta de lo que uno conoce, los que se
refieren a Altamira. Se puede decir que todo está escrito
con la intención de crear el mito, por ejemplo "Problemas
de la estética contemporánea" es un poema de
principio a fin enigmático, y termina casi con una moraleja,
pero no es moraleja sino la reproducción del mito.
JJE: Yo había vivido la mayor parte de mi vida en pueblos
pequeños y tenía la forma de pensar de los campesinos.
Luego todo cambia, cuando me relaciono con un mundo diferente.
LFM:
De lo individual pasás a la protesta social. En el primer
libro vos asumís la vocería de la muerte: "Vengo
de parte de la muerte para comunicaros
" En el segundo
asumís la voz del pueblo, y los procedimientos son distintos.
Como la parodia del curandero, hay distintas parodias y juegos,
inclusive la poesía que vos decís, pero al mismo tiempo
tiene una intención muy clara de protesta social, y asumís
la voz del pueblo, la parodia del Evangelio, la voz de la empleada
del servicio, la voz de... Bueno, es otro proceso, es una estética
muy diferente. Pasa de ser el verso a ser el versículo, pasa
de ser lírico a ser épico, a ser narrativo, el poema
que cuenta una historia y el poema razona, de ser mítico
pasa a ser lógico, con una secuencia racional; pasa a ser
muy lúdico, con una idea poética muy clara. El poema
debe ser flexible, y debe ser ritmo y sustancia, una mezcla de esas
dos cosas, como cortar y empezar de nuevo, y pasa de ser X-504 a
ser Jaime Jaramillo Escobar. Eso aparentemente no importa, pero
significa mucho.
JJE: Cuando escribí el primer libro, esos poemas, yo era
inconsciente. Después, la reflexión cambió.
Ya no escribía como niño, pensaba más seriamente.
Y vi que la poesía que está en la historia, la poesía
que perdura, es la que tiene claridad y no se aparta de lo popular,
puesto que, al fin y al cabo, lo popular es la fuente de todas las
artes. Pensé que esta forma era mejor que escribir enigmas
para unos pocos chiflados. Sin embargo, la claridad no es total.
Siempre habrá algo escondido, que posiblemente no sea tan
fácil de entender para todos.
LFM:
Bueno, y en Poesía revelada, ¿por qué hay otra
cosa? ¿Cómo es una revelación? ¿Se vuelve
a dejar ahí lo popular?
JJE: Cuando uno escribe, no sabe nada. Eso lo vienen a saber después
otras personas. Yo mismo, cuando por algún motivo tengo que
releer un poema, quedo asombrado, no me parece que sea mío,
y por lo general no lo entiendo. Es raro, como si uno no hubiera
hecho ese poema.
LFM:
Vos siempre has dicho que no sabés nada, y todo lo sabés
muy bien. Sabés hasta dónde está el último
papelito que tenés aquí.
JJE: Será el inconsciente. Así lo haya pensado, calculado,
y hasta investigado, porque viajes he hecho para escribir o preparar
un poema. Pero la esencia de la cosa es un enigma para mí.
LFM:
¿Por qué esa recurrencia tuya a la palabra poesía
o poema en los títulos: Poemas de tierra caliente, Poesía
revelada, Poemas de la ofensa, etc.?
JJE: Los he llamado "Poemas" para que quede claro el género.
Poesía revelada es una parte del libro Permiso voy a cantar.
LFM: ¿Alguien te ha dicho alguna vez que tu poesía
pasa de la Afrenta de la muerte a la Carta de aceptación?
El tema de la muerte es muy propio de la literatura en todas partes,
especialmente en la literatura antioqueña. En Barba "la
muerte viene y todo será polvo": es la bohemia. Para
León de Greiff es "la señora muerte que se va
llevando todo lo bueno que en nosotros topa". Si viene la muerte,
la vida no es nada: "todo no vale nada si el resto vale menos";
nada importa: "Juego mi vida,/ cambio mi vida,/ de todos modos/
la llevo perdida". Para León de Greiff la muerte todo
lo mata, todo; para Manuel Mejía la verdadera muerte es el
olvido. Él nos decía que escribía para que
después de muerto lo recordaran, para no morirse nunca, para
luchar contra la muerte. Fernando González decía:
"Cuando uno está muriendo, está viviendo"...
y cuando cadáver, está viviendo como cadáver...
Fuera de la vida no lo sacan. ¿Para dónde lo sacan?...
Son modos de ver la muerte que determinan la obra.
JJE: No se ha dicho, pero así es. Muy perspicaz la observación.
Los jóvenes poetas suelen ocuparse de la muerte. Después,
la muerte se ocupa de los jóvenes.
LFM:
Respecto a tu relación con el Nadaísmo, ¿nunca
tuviste más que la amistad con Gonzalo?
JJE: Y con los otros nadaístas, después, con los que
estaban en Cali cuando viví allá: Jotamario Arbeláez,
Elmo Valencia, Diego León Giraldo, Alfredo Sánchez,
Dukardo Hinestroza, Armando Romero y los demás.
LFM:
¿Y con Amílcar?
JJE: Sí, con Amílcar sí. Él trabajó
conmigo en la agencia de publicidad en Bogotá. No vivió
en Cali. Era del grupo de Medellín.
LFM:
A propósito, ese poema titulado "Usito", ¿en
qué año lo escribiste?
JJE: No acostumbro fechar los poemas, pero pudo haber sido hacia
1962 aproximadamente.
LFM:
Vos leés ese poema y es como premonitorio, como muy cercano
a la muerte de Amílcar.
JJE: No había pensado en eso. Tanto Gonzalo, como otros nadaístas,
volvieron a relacionarse con la Iglesia en los años setenta.
En el hippismo había mucho de religioso y un cierto misticismo.
El humo de la marihuana es un incienso. Se compran en cualquier
tienda las barritas de incienso de marihuana. El incienso es grato
a los dioses. El sueño también. Todos los dioses tienen
largos párpados y están dormidos. Que no despierten.
En el sueño he visto muchas cosas. Pero no todo se puede
contar.
LFM:
¿Entonces, cómo se relacionaba la obra tuya con la
de Gonzalo?
JJE: No se relacionaba. No hay identidad alguna en las obras del
Nadaísmo. Cada autor es diferente. Nada en Amílcar
se relaciona con Gonzalo, o con otros, por ejemplo. Amílcar
es muy elegante, simbolista, aspirando a lo clásico. Gonzalo
es un desesperado, con una ambición que sabe que no se cumplirá.
Eduardo Escobar, filósofo, pero no de Otraparte. Jotamario,
tan poeta que ni siquiera sabe dónde está parado.
20.5
x 27 cm. 144 pp. / ISSN: 0120-2367
$9.000 - US$20

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