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Revista
No. 268 / Abril - Junio de 2002
Cantando
bajo la lluvia
de Stanley Donen y Gene Kelly
Juan Carlos
González A.
Médico, especialista en epidemiología
y microbiología.
Crítico de cine en las revistas
Kinetoscopio, El Malpensante y Gatopardo.
El
cincuentenario del musical más famoso de la historia
de Hollywood es, a su vez, el motivo de una incursión
a las profundidades de la máquina de sueños de la
Metro
Goldwyn Mayer, un estudio que -además del león rugiente-
llegó a tener más estrellas que el cielo.
Tiempos
difíciles vivía Estados Unidos en la década
del cuarenta. Un país que en ese periodo estuvo intentando
no ver, preparándose, luchando y curándose de las
heridas de una guerra cuyo laborioso trámite y su abrupto
desenlace sembraron dolor y muerte a un nivel inimaginado, tenía
que buscar vías de escape a una realidad que se antojaba
una pesadilla de ojos abiertos. El cine se encargó de generar
esos espacios de ensueño e irrealidad, donde el humor, la
alabanza a unos maltrechos valores norteamericanos y la música
fueron los ingredientes principales.
El género del cine musical vivía en esa época
su "edad dorada" y cada estudio sacaba sus mejores cartas
a relucir, buscando responder a esas expectativas y así poder
seducir al espectador necesitado de diversión. Paramount
Pictures tenía en su nómina a Bing Crosby, quien realizó
en ese entonces filmes tan exitosos como Going my way (1944) y Bells
of St. Mary's (1945); tras la guerra, la Warner produjo una serie
de musicales protagonizados por Doris Day, mientras Universal contaba
entre sus filas con la joven y fugaz Deanna Durbin, en uso de buen
retiro al cumplir veintisiete años. Por otro lado, la 20th
Century Fox era el hogar de Betty Grable, quien protagonizó
Springtime in the rockies (1942) junto a Carmen Miranda; pero sin
duda fue la pareja de Dick Haymes y Vivian Blaine en State fair
(1945) la que logró uno de los mayores éxitos del
estudio, que, a su vez, fue el único musical en el que los
afamados compositores Richard Rodgers y Oscar Hammerstein escribieron
directamente para la pantalla. Sin embargo, y a pesar de las valiosas
obras mencionadas, ninguna se acercó a los niveles de excelencia
y perfección desarrollados por la prodigiosa unidad de musicales
de la Metro Goldwyn Mayer.
Es hora, entonces, de mencionar al genio creativo que consolidó
un estándar de calidad técnica, visual y musical que
puso al cine de Hollywood en la historia, y a la MGM como la principal
fábrica de estrellas del momento. Hablamos, sin más
preámbulos, de Arthur Freed. Natural de Charleston, Carolina
del sur, Freed nació en 1894 en medio de una familia de músicos
y compositores. Y fue en este último oficio con el que se
vinculó a la MGM en los albores del cine sonoro, buscando
dar otra perspectiva a una profesión que hasta ese momento
se limitaba a tener a alguien interpretando melodías en un
piano que acompañaba y ponía el tono a las películas
mudas. De esos inicios surgieron composiciones -muchas realizadas
junto a Nacio Herb Brown- como Would you?, The wedding of the painted
doll, You are my lucky star e -inesperadamente- Singin' in the rain,
escrita en 1927 para el Hollywood musix box revue.
Pero la ambición de Freed no se detendría, pues su
propósito era llegar a ser productor, en un momento en el
que ese cargo -ejemplificado por las figuras de Irving Thalberg,
Walter Wanger y David O. Selznick- representaba el poder corporativo
absoluto. Su insistencia ante el jefe del estudio, el mítico
Louis B. Mayer, lo llevaría a ser el productor asociado (no
acreditado) de El mago de Oz (The wizard of Oz, 1939), producido
por Mervyn LeRoy, a quien Mayer había traído de la
Warner Brothers tras la trágica muerte de Thalberg en 1936,
víctima de una neumonía.
Freed contrató a Roger Edens como arreglista vocal y vio
de inmediato las enormes posibilidades de la naciente carrera de
Judy Garland, quien a pesar de llevar ya cuatro años vinculada
al estudio, no había sido bien aprovechada. Tras el enorme
éxito de El mago de Oz, Mayer pidió a Freed producir
Babes in arms (1939), con Garland y Mickey Rooney, en el inicio
de una carrera astronómica tanto para el productor como para
la joven cantante y actriz. Freed supervisaría cuarenta musicales
durante los siguientes veinte años. Con Edens como productor
asociado, seleccionó una asombrosa nómina de talentos
que incluía a los bailarines Gene Kelly y Fred Astaire, el
director Stanley Donen y los escritores Betty Comden, Adolph Green
y Alan Jay Lerner. Pero el logro más grande de Freed fue
moldear la carrera de Judy Garland, quien a lo largo de la década
del cuarenta apareció en dieciséis musicales de la
MGM y en otros catorce filmes adicionales, haciendo parte de películas
como For me and my gal (1942), con el debutante Gene Kelly, Cita
en Saint Louis (Meet me in St. Louis, 1944) o Easter parade (1948).
En
los dominios del león
Freed
pretendía revolucionar el concepto del cine musical, cansado
de las adaptaciones teatrales que confinaban la acción y
limitaban las ideas puramente visuales, por su dependencia a escenografías
artificiales y a estudios cerrados. Su idea era liberar al cine
de la tiranía de las tablas y lucrarse de escenarios naturales,
la presencia de nuevas historias, y mayor riqueza melódica
y bailable. De visita a Nueva York, logró el concurso de
futuros directores como Charles -Chuck- Walters y Vincente Minnelli,
y de músicos tan talentosos como Kay Thompson, Hugh Martin
y Ralph Blane. A la brillante nómina de la unidad musical
también se integrarían intermitentemente el legendario
Cedric Gibbons -director artístico de la MGM desde 1924-;
los veteranos cinematografistas George Folsey, John Alton y Hal
Rosson; el inglés Adolph Deutsch; Johnny Green y Saul Chaplin
como arreglistas, compositores y directores musicales; y Michael
Kidd como coreógrafo, a partir de The band wagon (1953).
El cambio estilístico que Freed deseaba se desencadenó
a raíz de la frustrada labor del coreógrafo Busby
Berkeley como director de Girl crazy (1943). Con sus coreografías
recargadas, repletas de coristas en formaciones casi militares,
el estilo extravagante de Berkeley y su frenesí al filmar
eran absolutamente antagónicos con las ideas de Freed. El
director fue despedido y reemplazado por Norman Taurog, quien gracias
a la labor de Edens y del grupo traído de Nueva York convirtió
a Girl crazy en una de las mejores adaptaciones del legado artístico
de George Gershwin.
Llegaba el momento de enfrentarse a material original y adaptarlo
según las nuevas ideas. Cita en Saint Louis sería
la primera de las obras maestras de la unidad de Freed, de nuevo
protagonizada por Garland y con Minelli como director. Mezclando
las piezas musicales dentro del argumento, éstas servían
para hacer avanzar la trama y para mostrarnos el desarrollo de los
personajes que, por cierto, dejaban de lado el tinte fantasioso,
onírico e infantil tan en boga en el género, y devenían
en seres humanos reales, con experiencias ordinarias y cotidianas.
La película tuvo un enorme éxito, y a partir de ese
momento y hasta la década siguiente, la MGM estaría
en la absoluta cumbre del cine musical, en muy buena medida debido
al trabajo de la unidad de Freed, cuya impresionante eficacia permitió
incluso que la empresa fundara otra unidad musical, ahora a órdenes
de Joe Pasternak. Aunque ambas unidades hacían un tipo distinto
de cine (los filmes de Pasternak tenían argumentos menos
elaborados y un énfasis menor en la danza), la competencia
entre ellas generaba cada vez mejores obras. Los títulos
se sucedían: The harvey girls (1946), The pirate (1948),
The barkleys of Broadway (1949), On the town (1949), Take me out
to the ball game (1949).
Pero el final de este periodo de gloria estaba cerca, herido de
muerte por un competidor casero: la televisión. El público
prefirió la novedad del nuevo invento -que además
era gratis- y abandonó lentamente las salas de cine, para
desconcierto general de la industria. Se calcula que, a mediados
de los años cuarenta, noventa millones de personas iban a
cine cada semana en Estados Unidos, pero para fines de los años
cincuenta la cifra era apenas de dieciséis millones. Y al
insulto añadamos el peso de la ley: un edicto federal forzó
a los estudios a divulgar cuáles salas de cine eran de su
propiedad y los obligó a romper esa monopólica cadena
de exclusividad, dejándolos sin dónde exhibir sus
productos y obligando al cierre de muchas salas incapaces de sostenerse
solas. El viejo e inalterable studio system se tambaleaba tras más
de veinte años de gloria, y los musicales, con su enorme
presupuesto, fueron los primeros obligados a entrar en cintura.
Los estudios despidieron la mayoría de sus empleados de tiempo
completo y empezaron a contratar personal por proyectos o a dejar
los filmes en manos de productores independientes, y pasaron a convertirse
más bien en compañías distribuidoras que arrendaban
sus escenarios y equipos a aquellos interesados en realizar algún
filme bajo su propio riesgo.
Este estado de cosas impactó de manera frontal el cine musical,
pues el trabajo basado en unidades implicaba la presencia de equipos
creativos (directores, productores, escenografistas, músicos,
coreógrafos, actores) que trabajaban juntos a largo plazo.
Reunir un equipo como éstos para cada película era
muy difícil y costoso, y los directivos de los estudios dejaron
de pensar en términos de calidad y comenzaron a preocuparse
más por los márgenes de ganancia, optando por proyectos
baratos y fáciles de realizar, la mayoría adaptaciones
directas de Broadway. A esa nueva tendencia pertenecen musicales
como Top banana (1953), filmado directamente del teatro por ciento
cincuenta mil dólares, Brigadoon (1953) -realizada por completo
en estudio-, Damn yankees (1958) y Lil abner (1959). Los grandes
musicales tenían que dar un paso al costado.
El
show debe continuar
Sin
embargo, la despedida sería a la altura del espectáculo
que representaban: absolutamente luminosa. De esa época de
crisis surgieron los musicales animados de Walt Disney, Cenicienta
(Cinderella, 1950), Peter Pan (1953) y La bella durmiente (Sleeping
beauty, 1959); la 20th Century Fox filmó las producciones
teatrales de Rodgers y Hammerstein, Oklahoma (1955), Carousel (1956)
y Anna y el rey (The King and I, 1956); la Warner le seguía
apostando a Doris Day en filmes como On moonlight bay (1951), Calamity
Jane (1953) o Pajama game (1957), pero la obra maestra del estudio
fue A star is born (1954), dirigida por George Cukor y con Judy
Garland en su más soberbio rol; y la Paramount nos mostró
a Bing Crosby y a Danny Kaye en White Christmas (1954).
¿Y la MGM? Las circunstancias le obligaron a lanzar productos
menores y de presupuesto reducido, pero no por eso menos interesantes,
como Royal wedding (1951), recordada por tener a Fred Astaire bailando
en el techo; Kiss me Kate (1953), filmado en tercera dimensión,
o High Society (1956), con el trío de Bing Crosby, Grace
Kelly y Frank Sinatra. Pero cinco musicales de los años cincuenta
serían recordados como los más grandes jamás
producidos por este estudio: Sinfonía de París (An
American in Paris, 1951), con Gene Kelly, Leslie Caron y el pianista
Oscar Levant a las órdenes de Vincente Minnelli, y con guión
de Alan Jay Lerner que servía de excusa para el despliegue
de parte del repertorio musical de George e Ira Gershwin (este filme
ganaría seis premios Oscar, incluyendo el galardón
a la mejor película); The band wagon (1953), de nuevo con
el comando de Vincente Minnelli, para una historia de la trasescena
artística protagonizada por Fred Astaire, Cyd Charisse y
de nuevo Oscar Levant; Siete novias para siete hermanos (Seven brides
for seven brothers, 1957), dirigida por Stanley Donen y con banda
sonora completamente original, con composiciones de Johnny Mercer
y Gene de Paul; Gigi (1959), basada en un texto de Colette, la cual
marcó el fin de la época del musical clásico,
con una despedida que tuvo a Leslie Caron, Louis Jourdan y Maurice
Chevalier cantando en una París real (ésta película
obtuvo diez premios Oscar, incluyendo, de nuevo, el de la mejor
película). Pero nos falta un filme en esta lista, uno pasado
-literalmente- por agua.
Cantando bajo la lluvia (Singin' in the rain, 1952) surge del deseo
de Arthur Freed de utilizar un catálogo de canciones suyas
y de Nacio Herb Brown, escritas a finales de la década de
los veinte y que la MGM compró en marzo de 1949. La idea
inicial de Freed era hacer un musical remake de Excess baggage (1928),
un filme ambientado en la época del vaudeville. El estudio
contrató al año siguiente a los escritores Adolph
Green y Betty Comden para escribir un guión alrededor de
esas canciones ya clásicas (utilizadas incluso en otras películas)
y ambientado precisamente en esa época, durante la transición
del cine mudo al sonoro, alrededor de 1927. Al referirse a una época
ya ida fue fácil entonces que el filme adoptara un tono satírico,
de constante burla a la industria del cine. Inicialmente los escritores
pensaron también hacer un remake, pero de Bombshell (1933),
originalmente protagonizada por Jean Harlow, y como una manera de
llevar al estrellato a Howard Keel, uno de los mejores barítonos
del momento, en una estrategia promocional sugerida por las directivas
del estudio. La idea se abandonó, y el concepto general del
filme terminó por derivar en Once in a lifetime (1932), adaptación
de un drama de Moss Hart y George S. Kaufman, que también
se desarrolla durante el angustiante periodo en el que Hollywood
aprendió a hablar. La canción que da título
al filme y que inspiró el argumento había sido utilizada
ya en otro filme de la MGM, The Hollywood revue of 1929 (1929).
El guión estuvo listo en agosto de 1950.
El proyecto completo se encomendó a un dúo que trabajaba
al unísono desde hacía una década: Kelly y
Donen. Fue en 1942 cuando Eugene -Gene- Curran Kelly hizo su entrada
triunfal a la MGM acompañando a Judy Garland en For me and
my gal (1942). Había nacido en Pittsburgh treinta años
atrás y, a pesar de haber realizado estudios de economía,
la danza era su verdadera vocación. Corista y coreógrafo
en Broadway antes de llegar al cine, su estilo varonil al bailar
y su apariencia de hombre honesto y del común hicieron de
él una estrella instantánea: lo vimos actuar junto
a Frank Sinatra y bailar con el ratón Jerry en Leven anclas
(Anchors aweigh, 1945); estuvo con Rita Hayworth en Cover girl (1945)
e incluso en dúo con Fred Astaire en Ziegfeld follies (1946).
En 1949 protagonizó e hizo la coreografía de On the
town, la primera de las tres películas que codirigiría
con su amigo Stanley Donen, un antiguo bailarín y coreógrafo
de Broadway que mostraría un gran olfato para el cine musical.
Cantando bajo la lluvia sería la segunda de ellas.
¡All
singing, all talking, all dancing!
En
marzo de 1951 se dio inicio a la producción del filme, y
el rodaje empezó el 18 de junio de ese año. Kelly
hizo muchos cambios al guión original, para dar más
cabida a la danza antes que al canto y para permitir la inclusión
del bailarín Donald O'Connor como su socio en la pantalla.
La trama -que combina hábilmente sucesos históricos
y mera ficción- involucra a dos estrellas del cine mudo,
Don Lockwood (interpretado por Gene Kelly) y su pareja en la pantalla,
la platinada y torpe Lina Lamont (la actriz Jean Hagen), que acaban
de estrenar su última cinta, The royal rascal, y son presionados
por las directivas del estudio, ante el éxito de El cantante
de Jazz (The Jazz singer, 1927), para realizar también un
musical, The dancing cavalier. Desgraciadamente -y como ocurrió
en muchos casos de la vida real- la diva tiene una voz nasal acompañada
de un timbre insoportable, lo que hace casi imposible tolerarla
en un largometraje hablado. Un compañero de Don, el pianista
Cosmo Brown (Donald O'Connor), propone y consigue que una novata,
Kathy Selden (Debbie Reynolds), por la que Don se siente atraído,
doble la voz de Lina y a su vez exponga la real situación
de la actriz, en medio de una graciosa farsa.
Usualmente el elemento más débil de la mayoría
de los musicales es el argumento, a menudo una excusa barata y mal
estructurada para conectar diversos números musicales entre
sí. El guión de Cantando bajo la lluvia, con toda
probabilidad, fue hecho con esas mismas intenciones, pero el argumento
de la película funciona realmente aun sin esas escenas, lo
que convierte a esta cinta en una comedia entretenida, muy divertida
y satírica en muchas ocasiones, con unos diálogos
tan agudos que a veces es fácil dejar de captar la broma
implícita en ellos. La película cobra más sentido
para aquellos familiarizados con la historia del cine de Hollywood,
pues contiene muchas referencias a personalidades de la vida real
(el director Roscoe Dexter fue modelado según la figura de
Busby Berkeley, la cronista de chismes Dora Bailey representa a
la mordaz Louella Parsons, mientras el jefe del estudio, R. F. Simpson,
se asemeja mucho a Arthur Freed) y un retrato muy preciso de las
dificultades experimentadas por Hollywood durante el periodo en
el que la industria del cine tuvo que adaptarse, a las buenas o
a las malas, al uso del sonido. Casi todos los momentos de la película
que representan cine dentro del cine estuvieron basados en secuencias
reales de películas mudas. La escena en la cual Don Lockwood
improvisa su diálogo en una secuencia romántica repitiendo
sin cesar "Te amo" es una parodia del actor de cine mudo
John Gilbert, quien hizo lo mismo en una escena previa a su paso
-muy breve- al cine sonoro. Así mismo, los codirectores usaron
todos los decorados y equipos que encontraron en los depósitos
de la MGM. Por ejemplo, al momento de rescatar involuntariamente
a Kelly del ataque de una turba de sus admiradoras, Debbie Reynolds
conduce un viejo automóvil utilizado en la serie de películas
de Andy Hardy. La mansión en la que vive Kelly fue decorada
con mesas, sillas, alfombras y candelabros sobrantes de los sets
de un clásico del cine mudo protagonizado por John Gilbert
y Greta Garbo, Flesh and the Devil (1927). La película contiene,
además, algunas escenas que pueden ser vistas como una burla
que el propio Gene Kelly hizo de su rol en Los tres mosqueteros
(The three musketeers, 1948), clásico del dudoso género
de los espadachines. En últimas, todo en el filme evoca con
nostalgia y picardía el colorido pasado de Hollywood. Kelly
lo decía: "Casi todo en Cantando bajo la lluvia emana
de la realidad. Es un conglomerado de pedazos de saber fílmico".
Sin embargo, el elemento más reconocible de Cantando bajo
la lluvia son las secuencias musicales. Éste es un ejemplo
extraordinario del musical integrado y orgánico, típico
de la época cumbre de la MGM, en el cual los personajes de
la historia expresan con naturalidad sus emociones mediante el baile
y las canciones que, de manera característica, reemplazan
el diálogo, usualmente durante momentos de profunda emoción
o apasionado romance. La irrupción de estas rutinas no representa
un corte abrupto del flujo narrativo: los personajes no asumen otras
personalidades ni hay desplazamientos a planos oníricos.
Simplemente cambian los parlamentos por la danza en un flujo continuo
que no se ve artificial ni impostado.
Lo más curioso es que el tono relajado y casual de los números
musicales del filme no refleja las duras jornadas de rodaje. Debbie
Reynolds era, a sus diecinueve años y con la corona de Miss
Burbank en sus sienes como único haber, una absoluta novata
elegida a dedo por Louis Mayer. Tendría que pasar duras semanas
de ensayos con Gene Kelly para prepararse para este papel, y durante
uno de los números principales sufrió una lesión
en un pie, lo que la obligó a estar tres días en cama,
así como le ocurrió a Donald O'Connor tras completar
su exigente rutina en el solitario Make 'em laugh', hoy considerado
un número clásico dentro del mismo filme. El elaborado
número final incluye un ballet con Cyd Charisse, donde ella
luce una vaporosa túnica, tan larga que requirió usar
tres motores de aviones para hacerla mover de la manera correcta.
La secuencia completa tomó un mes de ensayos, dos semanas
de filmación y tuvo un costo de US $600.000.
La pieza que le da título al filme tampoco fue fácil
de realizar. Al inicio de la secuencia, Kelly deja a Reynolds en
su casa y -enamorado- decide irse caminando en plena lluvia. El
resultado es un festín optimista, una danza alegre en la
que Kelly baila tap en una calle anegada de lluvia y charcos, acompañado
solamente por su paraguas. Se sube y se baja del andén, se
trepa a un poste, juega en el agua, recibe la lluvia en la cara,
se mete a los charcos... La escena es indescriptible en su sencilla
belleza y en su aspecto, que trasluce una naturalidad y una improvisación
sin precedentes. Fue filmada en el lote de un estudio de grabación
sonora, cubierto de alquitrán para dar la impresión
de ser de noche, y lleno de rociadores que suministraban una lluvia
que era combinación de agua y leche, para buscar que fuera
más visible. Gene Kelly vestía un empapado traje de
lana -que debió cambiarse ocho veces, pues al parecer se
encogía- que le dificultaba los pasos, para los cuales debía
coordinar la dirección de los movimientos de su paraguas.
El resultado es inolvidable.
La actuación de todos en el filme estuvo opacada por el baile
y la danza, pero eso no quiere decir que no fuera también
memorable. Kelly y Donald O'Connor explotan su vena cómica,
mientras Debbie Reynolds trata de disimular su inexperiencia con
su naturalidad y juventud. Paradójicamente, fue ella misma
quien enfrentó el mismo destino de Lina Lamont en la pantalla;
debido a sus limitaciones vocales, la mayoría de las melodías
que interpretó fueron dobladas por Betty Royce (o Betty Noyes,
según otras fuentes). Y cuando su personaje interpreta Would
you? doblando a Lina, es la propia Jean Hagen -quien realmente tenía
una hermosa voz- la que canta. Tampoco al bailar lo hacía
muy bien, y algunos de los ruidos de sus pasos de tap fueron doblados
por Kelly.
La película estuvo lista el 21 de noviembre de 1951 y se
estrenó oficialmente el 10 de abril del año siguiente.
Para ser sinceros, tuvo poco impacto inicial por el debut casi simultáneo
de Sinfonía en París e, incluso, cuando ésta
obtuvo el Oscar, Cantando bajo la lluvia dejó de distribuirse
para favorecer a la ganadora. Y de manera sorpresiva, el filme fue
ignorado por los críticos de cine al momento de su estreno;
recibió sólo dos nominaciones a los premios Oscar,
a la mejor actriz de reparto (Jean Hagen) y a la mejor banda sonora
(Lennie Hayton fue el director musical), y no ganó ninguno.
La cinta tuvo un costo de US$2.540.800, de los cuales US$157.000
fueron para el fabuloso vestuario diseñado por Walter Plunkett,
mientras Kelly ganó US$2.500 a la semana y Reynolds US$300.
La cifra total excedió el presupuesto de preproducción
en US$665.000, pero la MGM ganó US$7.665.000 durante la temporada
inicial de estreno del filme, pues a pesar de la modesta acogida
de la crítica especializada, el público la convirtió
en una de sus favoritas, y terminó como la décima
película más taquillera de 1952.
Tras concluir el filme, Gene Kelly viajó a Europa y permaneció
allí durante los siguientes dieciocho meses, pues su nombre,
el de su esposa Betsy Blair y el de Betty Condem y Adolph Green
habían sido incluidos en la infame "lista negra"
del Comité de Actividades Antinorteamericanas del senado
de Estados Unidos, toda vez que el periodista J. B. "Doc"
Matthews, desde las páginas de la revista American Legion
Magazine, había atacado a Cantando bajo la lluvia, considerándola
una película pro comunista. Además, Kelly fue vicepresidente
del grupo Progressive citizens of America -que estuvo a favor de
la candidatura presidencial del polémico y liberal Henry
Wallace- y del Hollywood Democratic Committee, y había sido
ejecutivo del Screen Actors Guild durante la huelga de 1946. El
actor pudo regresar a Hollywood con su nombre limpio gracias a los
oficios del jefe sindical derechista Roy Brewer, líder de
la junta local del International Alliance of Theatrical Stage Employees.
Todavía
cantamos
En
la encuesta mundial que cada década -desde 1952- realiza
la revista británica Sight and Sound para elegir las diez
mejores películas de todos los tiempos, Cantando bajo la
lluvia apareció en 1982 en la tercera posición, empatada
con Los siete samurais (Shichinin no samurai, 1954) de Akira Kurosawa.
En 1988 el crítico de cine John Kobal la incluyó en
el quinto lugar de su libro Las cien mejores películas. Al
año siguiente fue una de las primeras veinticinco películas
seleccionadas por la biblioteca del Congreso para su registro nacional
de filmes (National Film Registry) de películas significativas.
Y cuando el American Film Institute eligió las cien películas
más grandes realizadas durante el siglo XX en Estados Unidos,
Cantando bajo la lluvia alcanzó la décima posición.
¿Cuál es el secreto de su éxito? ¿Qué
hizo que un musical absolutamente comercial, una pieza de entretenimiento
puro, haya sido considerado del mismo nivel de filmes como El ciudadano
Kane o Las reglas del juego? El azar o la suerte no son la respuesta.
La alquimia surtió efecto a partir de la combinación
del guión de Condem y Green, las coreografías de Kelly
y Donen, la puesta en escena de Cedric Gibbons y los valores de
producción de la compañía: un sistema que contaba
con miembros de tanto talento tenía que llegar a un punto
de eficacia tal, que no era imposible pensar que lograran conseguir
un musical excepcional. Además, Cantando bajo la lluvia tiene
algo de lo que carecían casi todos esos filmes: una historia
qué contar. Y si esa historia era sobre el cine -sobre el
mismo medio en el que se sustentaba-, y si además se utilizaba
el humor y la sátira para sazonar el tema, el natural encanto
de la propuesta narrativa tenía que multiplicarse.
Talento, talento a borbotones, hecho en un momento irrepetible en
el que Hollywood era capaz de producir piezas de arte con la suficiente
madurez como para burlarse de sí mismo sin remordimientos.
El musical, como lo hizo la Metro Goldwyn Mayer, no existe más,
y el cine tampoco es ya -tristemente- el mismo. Lo que nos queda
es un puñado de filmes que elevaron la música, la
danza y el canto a alturas inesperadas. De las mismas alturas de
las que sigue cayendo una lluvia interminable, una que el tiempo
no ha logrado detener. Y felices seguimos bajo ella, cantando, cantando.
Ficha
técnica
Cantando
bajo la lluvia (Singin' in the rain, 1952). Directores: Gene Kelly
y Stanley Donen. Productor: Arthur Freed. Intérpretes: Gene
Kelly, Debbie Reynolds, Donald O'Connor, Jean Hagen, Cyd Charisse.
Guionistas: Adolph Green y Betty Comden. Fotografía: Harold
Rosson. Editor: Adrienne Fazan. Compositores: Arthur Freed y Nacio
Herb Brown. Director musical: Lenni Hayton. Escenografistas: Cedric
Gibbons y Randall Duell. Diseñadores de interiores: Edwin
B. Willis y Jacques Mapes. Vestuario: Walter Plunkett.
EUA, 102'
Números musicales del filme
1.
Fit as a fiddle. Interpretado por Donald O'Connor y Gene Kelly.
2. All I do is dream of you. Cantado y bailado por Debbie Reynolds
y un grupo de coristas. La canción apareció inicialmente
en la película Sadie McKee (1934).
3. Make 'em laugh. Interpretado por Donald O'Connor.
4. Hollywood montage. Interpretado por Wilson Wood y coristas. Incluye
las canciones:
-I've got a feelin' you're foolin', que apareció en Broadway
melody of 1936 (1935).
-Should I?, utilizada inicialmente en Lord Byron Of Broadway (1930).
-Wedding of the painted doll, interpretada inicialmente en Broadway
melody (1929).
5. Beautiful girl. Cantado por Jimmy Thompson y un grupo de coristas;
fue interpretada por Bing Crosby en Going Hollywood (1933).
6. You were meant for me. Cantado por Gene Kelly; bailado por Kelly
y Debbie Reynolds. Hizo parte de la película Broadway melody
(1929).
7. Moses supposes. Cantado y bailado por Donald O'Connor y Gene
Kelly. La canción fue escrita por Betty Condem, Adolph Green
y Roger Edens, especialmente para la película.
8. Good morning. Interpretado por Gene Kelly, Debbie Reynolds y
Donald O'Connor.
9. Singin' in the rain Cantado y bailado por Gene Kelly, Donald
O'Connor y Debbie Reynolds en los créditos iniciales; la
secuencia completa la interpretó Gene Kelly. La canción
apareció primero en The Hollywood Revue of 1929 (1929).
10. Would you? Cantado por Debbie Reynolds. Hace parte de la banda
sonora de San Francisco (1936).
11. The Broadway melody ballet. Interpretado por Gene Kelly, Cyd
Charisse y un grupo de coristas; es de la película Broadway
melody (1929). Incluye la canción Broadway rhythm, que apareció
en la película Broadway melody of 1936 (1935).
12. You are my lucky star. Cantado por Gene Kelly y Debbie Reynolds.
Apareció en Broadway melody of 1936 (1935).
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