|
|
Revista
No. 265 / Julio - Septiembre
de
2001
En
cuerpo extraño: Cuerpo Vs. Tecnología
en el territorio del arte
Luz
Mercedes Arango
Aberturas
vulgares del cuerpo
Huesos
Sensaciones en la panza,
que viene siendo la piel del alma.
Acidez
Soledad, estómago vacío,
acusaciones,
negro oscuro, solo, en el estómago.
El cuerpo escrito es mi cuerpo
desnudo,
ahí marco mi tiempo
con morados, con rayas,
con desiertos, con humedad,
con surcos.
Nada que añadir a mi cuerpo
desnudo,
él sólo es un grito, un aullido
de odio, de dolor,
un registro del tiempo.
Como
si fuera un texto de Sade, o un capítulo de Las lágrimas
de Eros de Georges Bataille, el arte, la plástica específicamente,
se ha incrustado en los últimos años entre el músculo
y la piel humanas (pellejo y carne); o como Santo Tomás mete
los dedos en la llaga de cualquier cuerpo vivo o muerto y en el
acto, entre siniestro y obsceno, lo consagra, lo transforma, lo
purifica o lo pudre, pero en todo caso lo carga de sentido.
Desde
Witkins, con sus fotografías de monstruos humanos, hasta
Cyndy Sherman; desde Greenaway planteando el canibalismo como agresión
absoluta, la piel como pergamino, hasta Paloma Navares con fragmentos
de cuerpos envasados; y Ana Mendieta que con su Cuerpo-Atracción-Pavimento
habla de cómo la muerte es seducida por la representación,
por la obra, por el arte. Habría que referirse también
a las fotografías en la morgue de Serrano. Es innegable que
el cuerpo humano ha jugado en el arte de fin de milenio, por un
lado, a ser soporte a través del que se dirime una serie
de problemáticas actuales y, por el otro, es preocupación
en sí mismo, es interrogante. Me doy en lo sucesivo a la
tarea de tratar de entender las razones que inducen a los artistas
de fin de milenio a volverse al cuerpo, a desglosarlo, a deshuesarlo
en una búsqueda que está, a mi parecer, determinada
por la influencia de las nuevas tecnologías y de la imagen
contemporánea en la disolución de la identidad y de
la realidad.
Debo
señalar que no es nuevo el tratamiento de la identidad a
partir del cuerpo. Aquí podría hacer referencia al
autorretrato, que durante buena parte de la historia del arte, ha
establecido con la identidad una relación del estilo el
espacio entre los dedos de Dios y el hombre en el fresco de Miguel
Ángel de la Capilla Sixtina, en el sentido de que aspiran
a tocarse pero sólo existen como ambición de contacto.
Por
otro lado, en la literatura tenemos a Kafka. En la Metamorfosis
el cuerpo mutado, y en el proceso de hacerlo, es una exteriorización
de la individualidad en oposición monstruosa con el mundo.
A través de un cuerpo que se vuelve insecto, a través
de una piel trasmutada en cascarón, de una sangre humana
que se vuelve densa, adiposa, líquido inmundo, Kafka hace
referencia al yo exteriorizándose, a un cuerpo poseído
por sí mismo.
En
la plástica específicamente, desde los años
sesenta, se ha utilizado el cuerpo humano como soporte, haciendo
las veces de tela, de materia significante, de lugar donde
acontece la obra de arte. Me refiero específicamente al accionismo
del grupo Gutai en Japón, al fluxus, al accionismo de Joseph
Beuys, al happening de Allan Kaprau y particularmente al accionismo
vienés de Otto Muhl, Gunter Brus, Herman Nitsch y Rudolf
Shwarzkogler.
Para
citar ejemplos recientes, tenemos la obra presentada este año
en la Bienal de Cuba por Teresa Margoles Sierra: un niño
resanando una pared con grasa humana, punto. En esta, una acción
juguetona, lenta, un proceso insignificante y calmo es acosado
por lo siniestro. Es resanar como reparar, tejer y destejer, contar
para significar la trivialización de la existencia humana
a través de un ritual circular y mítico. Lo religioso
se asoma como confirmación de intrascendencia. Sacrificio,
teatro del horror, paredes destinadas al arte, alter ego de la cultura,
participan simultáneamente de la connotación del espacio
de la tortura.
Por
otro lado está Cuerpo extraño de la artista libanesa
Mona Hatoum, expuesto en 1994 en el Museo Georges Pompidou. Espacio
uterino, cilíndrico, cavidades donde se proyectan, sobre
el piso, primeros planos de la piel y del interior del cuerpo humano.
Imágenes, registro, obtenidas por una minicámara fija
a un endoscopio que es introducido por los orificios del cuerpo
de la artista. Intimidad vulnerada, exhibida, desnudez literal del
artista como individuo a través de la obra, público
voyeur, caníbal. El cuerpo violentado, violado; el arte como
exhibición de la intimidad del artista.
Rebasando
lo pornográfico el cuerpo es percibido como territorio inexplorado,
salvaje, virgen. La medicina, sin embargo (tecnología)
tiene acceso a imágenes íntimas, tiene licencia para
sobrepasar los límites de la piel, transgresión, fisura,
bisturí, penetración.
La
medicina y el cuerpo confluyen también en la obra de Orlan,
como confrontación de los cánones estéticos
en la historia del arte. El cuerpo de Orlan muta, se transforma
radicalmente al someterse a constantes cirugías estéticas,
en donde su pretensión rebasa la ambición de volverse
un objeto bello, para referirse específicamente
al espectáculo del quirófano, la estrechez de los
cánones de belleza, su rigidez, en cuanto a corsé
de yeso, de hierro inamovible; el cuerpo de la mujer adaptándose
a una forma predeterminada, encajando en un molde establecido, para
lo que debe recortarlo o rellenarlo. En este trabajo el registro
es, además del vídeo de la cirugía, la carne
y la grasa sobrante (carne extraída que fuera del cuerpo
aún conserva su carácter humano. ¿Qué
hacer con ella, enterrarla, botarla...?), pero fundamentalmente
es ella misma, Orlan cuerpo-obra de arte, contundencia, realidad
incuestionable.
Probablemente
no haya algo tan real como la experiencia observable en el cuerpo
humano, escrita en él.
Este
aspecto radical, objetivación de lo real a través
del cuerpo humano, algunas veces el del artista específicamente
es, al margen de los diferentes planteamientos de cada obra, la
base sobre la que se sustenta este escrito.
Acerca
de la problemática del cuerpo humano en el arte, Iván
de la Nuez, crítico y columnista de la revista Lápiz,
señala que el próximo milenio apunta en buena parte
a ser poscorporal. Rosa Olivares se refiere a la reproducción
sin sexo, más higiénica, con menos esfuerzo, como
síntoma de una búsqueda tecnológica de eliminar
los límites que imprime a la existencia humana lo corporal.
Ambos son constancia o denuncia del enfrentamiento naturaleza y
cultura que tiene lugar en el cuerpo del artista o en el cuerpo
humano acosado por el arte, como territorio en donde se posibilita
el instante límite en que dos fuerzas opuestas se penetran
mutuamente, instante-lugar, donde suceden ambas como inminentes
y contrarias.
El
planteamiento es entonces el cuerpo-individuo-alimento, en el proceso
ritual, de fermentación o de crudeza, que son las nuevas
tecnologías como soporte de las artes plásticas.
La
problemática a la que hago referencia sobre la influencia
de la técnica y la tecnología en la disolución
de la identidad, y del concepto de realidad, tiene que ver con la
globalización, por un lado, y por el otro, con la mitosis
constante de la idea de realidad a partir de los avances en el campo
de la imagen contemporánea.
Las
nuevas tecnologías soportes de un mundo virtual que nos supera
en peso y en extensión, son causantes del desdibujamiento
de los límites del individuo y del desbordamiento de este
por una serie de mundos construidos, y retroalimenticios.
Para hacer referencia a esto cito a Blade Runner: en esta película,
al margen de ser ficción, se puede ver de manera muy clara
como el objeto creado, ficticio, la réplica, tiende
a ser tan real como su creador, y más perfecta aun. Tenemos
entonces que la imagen (ya no sólo visual, sino olfativa,
gustativa, táctil, inteligente) como producto de la tecnología
y no muy distante de lo que sucede actualmente, se devuelve a la
realidad y la transforma.
Esta
es una de las razones por la que podemos percibirla igualmente real
que el original.
El
concepto de realidad viene transformándose en el sentido
al que hago referencia, desde la aparición de la fotografía;
esta última fue considerada en sus inicios un pedazo de la
realidad debido a su reproducción fotomecánica. Desde
ahí empieza a regirnos una moral tecnológica, es decir,
tiene más valor jurídico una fotografía que
la versión de un testigo presencial. Para hablar de la contemporaneidad
sólo basta con referirse a las pruebas de ADN, a la máquina
de la verdad, a los registros en vídeo. A la pregunta ¿qué
es lo real, qué pasó, quién es el culpable?,
la respuesta definitiva la tienen los medios tecnológicos
(tanto científicos, de laboratorio, como audiovisuales).
En
los últimos años la fotografía ha perdido su
aura debido a que es susceptible de ser modificada en ordenador.
Ahora una foto no necesariamente indica que la imagen capturada
existió en un espacio-tiempo. Lo que nos lleva a que en este
proceso hemos asistido al menos a dos muertes de la realidad. De
la primera daba fe el discurso; de la segunda, la fotografía.
En
resumidas cuentas, hablar de realidad en la actualidad es sumamente
confuso. La realidad es múltiple, al mirarla, los ojos se
nos convierten en ojos de mosco. Además es ambigua, está
revestida de la idea del simulacro, de la trampa, de la posibilidad
de no ser verdad, de ser producto de un ordenador.
En
cuanto al conflicto tecnología-identidad, Iván de
la Nuez señala cómo en finales del milenio,
las identidades de pertenencia prefijada, (es decir, los rasgos
constitutivos y distintivos del individuo determinados hace unos
años por el azar, o las coincidencias genéticas) están
dando paso a identidades auto construidas. Acá basta
con mencionar el descubrimiento del genoma humano, la clonación,
la transexualidad, la anorexia. Lo cierto es que vislumbrar la posibilidad
de decidir sobre características y particularidades (que
al ser optativas dejan de ser particulares) de cada persona, nos
enfrenta al problema de que va a establecer la diferencia, es decir,
que va a distinguir a un individuo de los demás. De esto
da cuenta la obra de Andy Warhol. En sus Marilyn, en sus Elvis,
en sus Giocondas, Warhol se refiere a la pérdida del valor
del original, más aun, da cuenta del asunto de la mitosis
del sujeto a partir de la reproducción tecnológica
de su imagen. Al respecto Warhol parece decir: ni la Marylin
vale nada, si es accesible a todo el mundo.
Cuando
relaciono como antagónicos cuerpo y tecnología, estoy
haciendo referencia a que, como un Fausto robándole territorio
al mar, esta última destina buena parte de sus esfuerzos
a construirle barricadas a procesos naturales, como la vejez, la
enfermedad, la muerte y el dolor (esto en el campo de la tecnología
médica).
Las
piezas que usan el cuerpo como soporte, hacen el proceso inverso:
ensañarse en el cuerpo como límite, en su vulnerabilidad.
Para ello se basa en dos experiencias absolutamente individuales,
en tanto incomunicables: la muerte y el dolor.
En
cuanto a la muerte Estrella de Diego señala que la
modernidad clásica exige al artista ser idéntico a
sí mismo, lo que equivale a ser diferente de todos los demás,
a ser único, unicidad, originalidad, radicalidad. Buscar
la muerte es un modo inefable de ser real y sobre todo, de esconderse.
Nada qué agregar.
Ahora,
para hablar sobre el papel que juega el dolor en torno a la percepción
de la realidad voy a referirme a la reflexión que
hace Elaine Scarry acerca de la relación cuerpo-mundo-realidad,
dilucidada a partir del análisis de La estructura de
la tortura: La conversión del dolor real en ficción
de poder. En este texto, Scarry señala cómo
el dolor comienza por no ser uno mismo y termina por
la eliminación de todo lo que no es el mismo.
Cito:
Al
principio ocurre solo como un hecho atroz, aunque limitado, pero
acaba ocupando la totalidad del cuerpo y desbordándose en
los dominios extra corpóreos, tomando posesión de
todo lo que se encuentra en el interior y en el exterior, convirtiendo
a estos en obcecadamente indiferenciables al tiempo que destruye
sistemáticamente todo lenguaje, o extensión del
mundo ajena a sí mismo, y que representa una amenaza para
sus exigencias. Aunque pavoroso en su estrechez, agota y desplaza
todo lo demás hasta alcanzar la apariencia del simple y omnipotente
hecho de nuestra existencia.
Este
es tan sólo uno de los muchos aspectos del dolor en relación
con el replegamiento del mundo y de la realidad del que lo sufre.
El dolor elimina los contenidos de la conciencia, destruye el lenguaje,
y con él toda posibilidad de autoextensión.
El dolor, a no ser que esté acompañado de daño
físico visible, o de la etiqueta de una enfermedad, resulta
irreal para los demás. Es una experiencia tan íntima,
porque no tiene equivalente en el lenguaje, se resiste a materializarse.
El
dolor y la muerte como experiencias incomunicables y reales y la
tecnología como multiplicación de la realidad y desdibujamiento
de la individualidad son incompatibles al extremo, por lo que no
se la pinta a la realidad, estén tratando de replegar el
mundo sobre sí o marcándole las fronteras.
El
cuerpo es, entonces, el parapeto en el que se apoya el artista para
referirse a la problemática de la identidad como pérdida,
como ausencia, a la inabordabilidad de las realidades múltiples
que dejan en el aire al individuo y vuelven la realidad
un asunto intangible.
El
arte rompe el cuerpo para salir de dentro, el arte que pudre, que
confirma la muerte, la señala, la mira, la desnuda; lo usa
para constatar la realidad, nada tan cierto como la experiencia
inscrita en el cuerpo. Es probable que lo que ocurra es que al estar
estas propuestas sustentadas en fragmentos del cuerpo del artista
se vuelvan, como ya señalé, realidades incuestionables.
Al
respecto Iván de la Nuez señala: también
podría decirse que estos y otros artistas se ocupan, al fin
del milenio, de reafirmar su individualidad bajo pistas y signos
de identidad en los que esta no puede ser ocultada, como el semen,
el grupo sanguíneo, su esqueleto o la propia muerte, un acto
individual como pocos.
¿Los
intestinos lamiendo la cámara y/o el arte y lo médico
succionando imágenes íntimas del cuerpo?.
En
cuanto al público tengo que decir que estas obras lo vuelven
voyeur, torturador, caníbal.
No
hay impunidad; todos salen con sus ropas salpicadas de sangre, de
grasa humana, de secreciones corporales. Saturación y cansancio
necesarios si se parte de la idea de que arte en un punto instante,
milésima de segundo o eternidad anticipa el pensamiento de
su tiempo. El espectador se ve obligado a ejercer un papel agresivo,
o por lo menos es un observador pasivo de una agresión, por
lo que se ve involucrado tácitamente.
¿Arte
carnada?... de no ser así al menos se presta como cuerpo
para que se encarnen como lágrimas negras sobre
la piel pergaminos humanos, una serie de contradicciones actuales.
Por
otro lado, el público identificado por analogía cuerpo
artista-cuerpo humano, mi cuerpo participa como ofrenda, como posibilidad
de desgarramiento, de mutilación; supura miedo, hastío,
dolor, contradicción.
El
arte como espejo nos devuelve la imagen simultáneamente clara
y oscura del ser humanos, susceptibles de ser víctimas
o victimarios, dientes o alimento.
En
conclusión y en el marco de una mirada más receptiva
entre público y obra, es interesante detenerse en dilucidar
una serie de relaciones un poco más profundas (que sobrepasen
la epidermis de la obra de arte). El asunto del cuerpo como soporte
en la plástica actual es una forma de delimitación
del territorio del individuo: el cuerpo es el límite posible,
determinante del yo, es barrera de contención en el proceso
de emancipación de las realidades. Esta es una de las razones
para que el cuerpo, como lugar en el que acontecen la bulimia, la
anorexia, la muerte, el dolor, el transformismo, sea un fenómeno
en la producción artística no solamente en cuanto
al número de obras que lo utilizan, sino a su contundencia,
porque son actos de transgresión que rompen y generan controversia,
y es ahí donde el arte, ejerciendo de rayos X de la sociedad
actual, permite dilucidar los puntos coyunturales entre naturaleza
y cultura.
Según
esto sería muy aventurado decir, pero cabe como posibilidad,
que la plástica esté refiriéndose al cuerpo
en tanto inminencia de la naturaleza, como talón de Aquiles
en el movimiento de globalización y desarrollo propuesto
por los avances tecnológicos. Lo cierto es que el cuerpo
es límite, pero siendo como es el lugar en donde se inscribe
la experiencia humana, es parte sin la cual es imposible imaginar
cultura alguna.
|