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  Editorial Universidad de Antioquia

Textos Compartidos - Publicación Especial

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Breve historia de Antioquia

Clemencia Gómez de Jaramillo —Dirección general—,
Patricia Londoño Vega —Dirección académica—

Coedición con la Fundación Ratón de Biblioteca

 

Capítulo 11. EDUCACION

A lo largo del XIX creció el interés por la educación en los países occidentales. En Colombia, fue una de las preocupaciones una vez lograda la Independencia, aunque, debido a la pobreza de la joven república, los propósitos superaron con creces los logros. Hubo que esperar a la segunda mitad del siglo XIX para ver adelantos significativos en este terreno.

En tiempos coloniales, la instrucción pública estuvo bastante atrasada en Antioquia. Las mejoras en este rubro datan del decenio de 1830, pero sobre todo fué en el período entre 1864 y 1876, cuando la región se colocó a la cabeza en el país en materia educativa, posición que mantuvo hasta el primer tercio del XX.


Una época de oro

Las guerras civiles que hubo entre 1860 y 1864 afectaron el funcionamiento de las escuelas en Antioquia. Una vez restablecida la paz, Pedro Justo Berrío, presidente conservador del Estado de Antioquia, a pesar de gobernar en un país dominado por los liberales, aprovechó el progreso económico para darle un impulso notable a la instrucción pública. Este esfuerzo fue continuado por su sucesor hasta 1876, logrando aumentar el número de alumnos de primaria y mejorar la capacitación técnica, sobre todo en cerrajería, carpintería, herrería y telegrafía.

En 1870, el Decreto Orgánico de Instrucción Pública expedido por los liberales radicales, que declaró laica, gratuita y obligatoria la primaria y ordenó crear Escuelas Normales para formar maestros, abrió una era de avance educativo sin precedentes en Colombia.

La reforma educativa produjo algunos de los mejores resultados en Antioquia, estado que ya venía impulsando mejoras en este campo. Allí se respetó la orientación religiosa de la instrucción, con lo que se pudieron evitar los ataques de la Iglesia y de los conservadores, quienes alegaban que la falta de contenido confesional de la educación pública perjudicaría la religión, y por ende, la sociedad. En otros estados como el del Cauca, la oposición desatada impidió que la reforma diera frutos.


"Si quiere ser alguien, estudie mijo"

Entre finales del XIX y comienzos del XX, para los antioqueños, sin importar su origen social, la educación llegó a ser considerada un logro importante en la vida. Autoridades y parientes asistían a los solemnes exámenes de fin de año. La prensa oficial publicaba las calificaciones y las faltas de asistencia de los alumnos del Colegio del Estado -hoy Universidad de Antioquia-. Los informes de inspectores y de algunos visitantes, revelan que la instrucción pública recibió aumentos en el presupuesto oficial.

Durante los primeros veinte años del siglo, en Antioquia estudiaba una proporción mayor de personas en edad escolar que en el resto del país. Algunos indicadores estadísticos en este ramo se igualaban a los de Argentina y Chile, en ese entonces los más desarrollados de América Latina.

No obstante, las escuelas, ubicadas en los principales pueblos, apenas beneficiaban a una pequeña parte de la población. Miles de antioqueños, incluso algunas personas adineradas, eran analfabetos. Cuando a Pepe Sierra, un arriero que llegó a ser millonario, le corrigieron la ortografía con la que escribió la palabra hacienda, contestó:"...tengo setenta aciendas sin hache, ¿usted cuántas tiene con hache?"

En el Medellín del decenio de 1920, nueve de cada diez carpinteros, sastres, plateros, barberos, fundidores y zapateros sabían leer y escribir, una alta proporción si se considera que en esa época el promedio de alfabetismo en Colombia era de tres de cada diez personas.


Logros en la educación femenina

En la Antioquia colonial, sólo las jovencitas adineradas aprendían a leer y escribir. En el siglo XIX esto cambió.

Hasta muy entrado el siglo XX la educación se impartía por separado para ambos sexos. Por lo regular las escuelas de niños eran sostenidas por el gobierno, y las de niñas por los padres de familia. En 1835, Antioquia tenía 65 escuelas para varones y apenas 14 para niñas. Diez años más tarde aumentaron a 90 para varones y 48 para niñas, gracias al apoyo del Ministro del Interior, Mariano Ospina Rodríguez.

Según el anuario estadístico de 1888, Antioquia atendía "...con más celo la educación de la mujer": ese año las escuelas de varones sumaban 124 y las de niñas, 132. A ellos los ponían a trabajar a temprana edad. Los diarios y memorias personales muestran que, aun en el campo, las madres acostumbraban leer a sus hijos, enseñarles las primeras letras y los rudimentos de la doctrina cristiana.


Educación a cargo de religiosos

Gran parte del avance educativo estuvo en manos de las comunidades religiosas, tanto masculinas como femeninas, muchas de origen europeo, establecidas en Colombia después del Concordato firmado en 1887 entre el gobierno y la Santa Sede.

Las monjas enseñaron en colegios de Medellín y otras veinticinco poblaciones antioqueñas. Las de la comunidad francesa de La Presentación trabajaron por lo menos en dieciséis de estos planteles. La mitad del presupuesto de 1914 para secundaria en Antioquia se asignó a colegio religiosos, muchos de los cuales tenían internado y escuela gratuita para pobres.


Enseñanza técnica

La enseñanza técnica fue otro rasgo de la educación de los antioqueños, interesados desde tiempo atrás en minas, comercio, finanzas públicas, ingeniería y medicina.

Desde la segunda mitad del XIX, sobre todo bajo el gobierno de Berrío, se fundaron escuelas para enseñar artes y oficios. Varias fueron dirigidas por entidades de beneficencia como la Sociedad San Vicente de Paúl. En 1887 se creó la Escuela de Minas, que impulsó la construcción de carreteras, ferrocarriles, puentes y acueductos.

En Medellín, en los albores del siglo XX surgieron algunas de las primeras escuelas de comercio, dactilografía y taquigrafía de Colombia.


El oficio de enseñar

En 1870 se abrió en Medellín la Escuela Normal, primer establecimiento que hubo en Antioquia para formar maestros, y en 1872 se fundó la Escuela Normal de Institutoras. Diez años más tarde, Antioquia tenía 121 maestros y 127 maestras, y al iniciar el siglo XX,
las maestras triplicaban el número de maestros.


Adelanto cultural

Entre 1850 y 1930 surgieron en Medellín, y en otros 85 pueblos antioqueños, cerca de 500 entidades y grupos interesados en el progreso cultural. Entre estos se contaban tertulias literarias, academias y bandas musicales, asociaciones cívicas, temperantes, clubes sociales, y una serie de bibliotecas públicas -fue famosa la Biblioteca del Tercer Piso fundada en 1893 por un grupo de jóvenes de Santo Domingo, entre ellos Tomás Carrasquilla.


23 x 31 cm. 120 pp. / Rústica / ISBN: 958-655-503-8
$40.000 - US$23


 

 
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