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La bicicleta, mi cámara y yo

Horacio Gil Ochoa
Coedición con la Biblioteca Pública Piloto y bajo el auspicio de Indeportes Antioquia y Coldeportes Nacional


LA SALIDA

No tengo ninguna duda para afirmar que el ciclismo es el deporte más difícil, más arriesgado, más exigente. Correr 200 kilómetros hoy, 260 mañana, 180 al otro día y así, durante 15, 18, 20 o más días. Descender a 70 y 80 kilómetros por hora en los 2 centímetros de ancho de la circunferencia de un tubular. Afrontar el viento, el sol, la lluvia y ... los rivales. Las subidas, las bajadas y los infinitos llanos, son obstáculos que sólo podrán vencer verdaderos varones, preparados física y espiritualmente para aceptar ese reto de cada día. Ningún deportista más valiente y más sufrido que el ciclista rutero.

Por eso me enorgullezco de haberlos seguido por kilómetros y kilómetros. Ir tras ellos durante días, semanas y meses y años. Constante como el más fiel de los amantes. Por ellos mis cámaras vibraron en mis manos con sus barriguitas llenas de película para hacer perdurar a esos hombres, esas situaciones, esos acontecimientos y paisajes y, en fin, imágenes que pasaron primero por el filtro de mi emoción, por mi ojo a través del visor para, finalmente, apretar el botón obturador que iba a permitir el registro de ese instante inesperado, impensado, sorprendente y ... mágico.

Mi admiración por los ciclistas me hizo pensar muchas veces que me hubiera gustado ser como ellos. Como Ramón Hoyos o Cochise, como Parra o Herrera, como Mercks o Hinault o Gimondi o Coppi o Lemmond. ¡Oh! Todos ellos pasaron por mis cámaras y mi emoción y mi admiración. Todos quedaron guardados para el recuerdo y, en su momento, para la noticia maravillosa de sus hazañas.

Llegamos al punto de partida, a la salida, a ese primer pedalazo que es el último eslabón de una cadena, de esa cadena de preparación que exigió grandes sacrificios para poder estar aquí en LA SALIDA de esta carrera de bicicletas.

Con estas fotografías de la salida inicio mi testimonio, a mucha honra, de todos los acontecimientos de esta carrera [...]

Espero la salida con temores, con esperanzas y con dudas, pero sin miedo porque todo va a salirme bien. Y es que cuando bajan la bandera, o suena el pitazo, o el disparo para la partida, el que corre pasa, como por arte de magia, de lo imaginado a la realidad y adiós miedos y dudas —¡a ver quién sos!— vamos a verlo al final de estos kilómetros. Siempre es igual. Si lo sabré yo que estuve en tantas salidas y llegadas en mi vida de ciclista y de fotógrafo.

Y lo mejor de todo, este problema de las carreras de bicicletas y de la misma lucha por la vida, lo expresan sabiamente las palabras del barón francés Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos de la era moderna:
“Lo importante en la vida no es la victoria sino el esfuerzo. Lo esencial no es haber vencido sino haber luchado bien”.

Ese es el Credo del fotógrafo que se atreve a cometer este libro.


LA LLEGADA

Un día, al final de una etapa, estaba yo apurado por pasar los ciclistas y don Luis de Zulueta, un inolvidable español vinculado a la publicidad, me dijo: —¿a qué tienes que ir a las llegadas, si todas son iguales?, yo le respondí que las llegadas eran el momento cumbre de una carrera o de una etapa y que, como los ríos, todos eran parecidos pero no iguales. No es sino ver y pensar en las manos del ciclista que se levantan sobre su cabeza como queriendo tocar el cielo. Así es su alegría, celestial. En los sitios de meta también se destaca el pódium, donde estarán los tres primeros, como máxima distinción. Y hasta preguntas se responden: —¿Podré seguir en el liderato? ¿Mejoré en la clasificación? ¿Cuántos puestos gané? ¿Cuántos perdí?

Los fotógrafos buscamos la mejor posición y según la distancia de la línea de meta ponemos el lente necesario: un tele corto y, a veces, hasta un normal. Y luego de todo el maremágnum de la llegada, los ciclistas al baño, a la comida y al descanso. Y los fotógrafos a hacer llegar el trabajo del día hasta el periódico, esa es la meta nuestra.

El periódico casi siempre publica la foto del ganador, mejor si es en la mismísima línea de meta y así el aficionado se entera cabalmente de quien ganó. Las manos del ganador se dirigen al cielo, y las de los otros ciclistas a los frenos. Todo ha terminado por hoy, mañana será otro día.


23 x 31 cm. 178 pp. / Rústica / ISBN: 958-9075-81-9
$38.000 - US$21


 

 
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